Fernando Mora R.
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NAVARQUÍA
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Santa Bárbara

 Sonido MIDI de la canción ‘El festín de las ranas

El vuelo

de una

guitarra

eléctrica

     De Fernando Mora Rodríguez

Para los amantes de la música, Aura Guitar Music es un canal que ofrece música grabada en casa por un apasionado al arte. Tal como lo dice su ideología, amor al arte.

     Eso es lo que plasma en su expresión musical. Este músico que comparte su talento al mundo es compositor. Invito a la audiencia del Muelle Caribe a curiosear su canal. Es verdaderamente sorprendente.

     Su nombre es Marc Aura, tal como aparece en uno de sus videos titulado Summer Song. Canción de Verano (https://www.youtube.com/watch?v=sy5zbztR9Wc)

     Música y video hecho por Marc, con una guitarra eléctrica muy expresiva, transportándonos a aventurar en uno de las playas de Barcelona, España, llamada Badalona. Tiene un sabor fantástico, los harmónicos artificiales que saca este tío como dicen en España. La saca del estadio. Y si seguimos hablando del tema musical, podemos dejar volar la imaginación en esta aventura que mencioné antes. Podemos convertir su guitarra eléctrica en un medio de transporte y hacer deportes acuáticos mientras el agua recrea nuestros sentidos. Podemos hacer que ya cansados de hacer deporte, su guitarra vuele alto, dando vueltas por toda Barcelona. Un pájaro guitarra ambientando el verano, mientras el brillo del mar se convierte en estrellas y aplausos. Los turistas 

de la playa, los pasajeros de tren y los ciclistas disfrutan con encanto, las emociones que despierta la música. Comparto, entonces, la ideología de que hagamos lo que hagamos en el arte, el ingrediente fundamental es el amor.

Por Guillermo Romero Salamanca

     —Aló, Jerónimo, ¿dónde andas?

     “Locooo. ¿Cómo estás? Estoy en Pergamino, Argentina y esta noche tendré concierto, luego en Buenos Aires e iré a Colombia, a Medellín el 20 de octubre y pasaré después a Ibagué”.

     Con la misma efusividad de siempre, Alberto González, o mejor: Jerónimo, habla de sus momentos musicales, de su enorme capacidad para componer y de su trayectoria musical. Vive en Junín, provincia de Buenos Aires, pero va de tarima en tarima por el mundo, cantando, siendo feliz.

     Es el cantante del inolvidable tema ‘No te vayas nunca’. Tiene más de 15 versiones de videos en YouTube con más de un millón de visitas.

     Hace 40 años era la canción de moda en las estaciones radiales románticas. Jairo Ossa, q.e.p.d., lo tenía en la programación de Cerros Estéreo, Manuel Gámez en Todelar y Manuel ‘El negro’ Hoyos en Radio Tequendama. Laboraba en Colprensa, en la sección de Espectáculos. Al maestro Orlando Cadavid Correa, director de la agencia, el promotor de Philips le llevó un disco del argentino español y me indicó: “Póngale atención a este artista, canta baladas, pero le gusta el tango”.

     Eran los años dorados de la balada. Y la canción era entonada por decenas de jóvenes del momento: “Te estoy queriendo tanto/ que eres dueña de mi tiempo/ en lo cotidiano habitas/ en mi espera y mi ansiedad…”.

     ¡Mucho tema!, decíamos quienes no éramos duchos en rancheras, boleros o tangos.

     Una tarde sonó el teléfono de Colprensa, el 2454545. Aurita, la secretaria de redacción, me llamó y me dijo que me necesitaba Alberto Pedro González. Pasé y me dijo: “Hablas con Jerónimo”.

     —¿Quién? —le pregunté.

     “Jerónimo, el cantante, quiero tomar un café contigo”.

     No lo podía creer. Era el hombre de ‘No te vayas nunca’.

     Fueron necesarios varios tintos para escuchar toda una historia de este cantante y compositor. Era la primera vez que venía a Colombia. Cargaba un cuadro con las fotos de sus padres, don Pedro y doña Mercedes, el cual besaba constantemente, le encantaban las mujeres como Amparo Grisales y era un excelente conversador.

     Llegó a Colombia desde España, venía de ganar el Festival de Benidorm y le habían impedido representar a España —teniendo esa ciudadanía— al Festival de Eurovisión. Fuimos con Germán Tobón, que en paz descanse, y William Vinasco, al extinto Hipódromo de los Andes, al norte de Bogotá. Don Germán era amante de los caballos y Jerónimo contaba que había sido jinete en 14 carreras. No ganó ninguna, pero llegaba de segundo o tercero. Fue una tarde sensacional, acompañados por la reina del turismo de Girardot.

     Lo había contratado Armín Torres para

presentaciones en Medellín, Cali, Bogotá, Manizales y Bucaramanga.

     Hablamos de canciones y en especial de ‘No te vayas nunca’. “En la fábula perdida/ de aquel grillo solitario/ y en la antigua moraleja/ que hoy descubro fue verdad”, como dice una de sus estrofas.

     Nació una gran amistad. La primera entrevista se publicó en Colprensa. Luego se hizo otra para Viernes Cultural.

     En 1988 nos encontramos en Miami y comenzamos a hablar por la playa de Miami Beach. Nos acompañaba el inolvidable Fernando Plaza Cayón. Después de revelar sus sueños, de cómo serían sus conciertos en España, Colombia, Perú, Venezuela, México, Estados Unidos y Argentina y de cómo su única ambición era recibir aplausos. Recorrimos desde la 50 hasta la primera por la arena, la madera y el cemento. Al final nos dijo: “Paren, paren, tengo los pies ampollados”. Le contestamos: “Loco, pero si eres quien ha hablado todo el trayecto”.

     Faltarían páginas en revistas o periódicos, horas de radio para contar un resumen de 40 años de canciones, escenarios y de lágrimas. Cuando falleció su hija Andrea sólo pude enviarle un lacónico mensaje. Sabía cómo estaba el amigo y era mejor que estuviera en esos días más unido a Dios.

     “No te vayas, no te vayas nunca, guárdame el secreto de este gran amor… No te vayas, no te vayas nunca, quédate conmigo para andar los dos”, quizá eran las palabras más precisas para ese momento.

     Jerónimo es un romántico pleno. De muchos sentimientos, de grandes alegrías y de enormes tristezas. Le encanta ser el dueño del escenario y cantar con emoción gaucha sus temas. Desde su primera cita me contó que en realidad el tema había sido compuesto por Rafael Eduardo Paz.

     Fue en Cali donde nos vimos con Eduardo. Otro gran personaje que deambulaba con un cuaderno con decenas de canciones. Las escribía con bolígrafo azul y las guardaba en una mochila guajira. Leía como preso. Le encantaba hablar de la historia del boxeo y del cine argentino. Era amigo de grandes artistas. Sabía de letras, de música, pero siempre le ganaba en ajedrez.

     Nos reunimos los tres en Festibuga, a finales de 1980. Fue apoteósica su presentación allí. Luego cada uno tomó sus direcciones. Jerónimo, el mundo, cantando con sinfónicas y en lejanos escenarios.  Eduardo encontró la paz de la soltería y yo me fui por municipios y quebradas, montando ilusiones y fantasías vanas.

     Jerónimo tuvo una época en la cual sólo le cantaba a Jesús. “Fue una época hermosa”, cuenta ahora, pero la gente me pedía que interpretara canciones como ‘Dos que parecen uno’, ‘Un día más’, ‘Viviré por ti’, ‘Te desafío’, ‘No te vayas nunca’, ‘Perdóname’, ‘Algún día volveré’, ‘Por ella yo sería’, ‘Siempre te voy a querer’, ‘Amor mío’, ‘Cómo explicarte’, ‘Un día lloverá’, ‘Tu risa’ y ‘Matilde’, entre otras.

     Entonces hacía mitad y mitad en su concierto. Luego, en Argentina, le solicitaron temas folclóricos y, entonces, Jerónimo organizó un espectáculo con variedad de canciones y amplió el público.

     “Yo pertenezco a esta casta se artistas que la gente recuerda y siempre desea ver y escuchar sobre un escenario, el arte que llevamos dentro no se remplaza con nada, es otra cosa, pura entrega, ganas, entusiasmo, carisma, la piel que acaricia el alma, sin coreografías extravagantes, luces, bailarines, muchachas hermosas con poca ropa y cuerpos espectaculares, aquella generación de artistas a la cual pertenezco es otra cosa, es la representación del talento, el arte en su estado natural, puro, auténtico”, concluye.

     —¿Y Amparo Grisales?

     “Uffff. Inolvidable. Gran inspiración”.