Cada año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ‘celebra’ el Día Mundial de la Alimentación, el 16 de octubre, fecha en la que se organizan eventos en más de 150 países de todo el mundo, haciendo que sea una de las jornadas más festejadas del calendario de la ONU. Estos eventos promueven la conciencia y la acción en todo el mundo a favor de aquellos que padecen hambre y para recordar la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria y las dietas nutritivas para todos.

     El Día Mundial de la Alimentación es también una importante oportunidad para enviar un mensaje categórico a la opinión pública en el sentido de que podemos acabar con el hambre en el curso de nuestras vidas y convertirnos en la Generación Hambre Cero, pero todos tenemos que trabajar juntos para lograr este objetivo, como dice el slogan para trabajar en el 2018: “Nuestras acciones son nuestro futuro. Un mundo con hambre cero en el 2030 es posible”.

     Todos sabemos que una parte del mundo se muere de hambre y otra se muere por la obesidad. Actualmente producimos los alimentos suficientes para toda la humanidad, pero el 30 % se desperdicia, de acuerdo con el último informe de la FAO. El problema es el desequilibrio y la falta de planificación que existe entre países, e incluso en países desarrollados, donde hay desnutrición pero también obesidad al mismo tiempo. Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es lograr el Hambre cero para el 2030, y aunque se están haciendo esfuerzos, no son 

suficientes. Por otro lado, tenemos el problema de la obesidad, causante de las enfermedades no transmisibles que producen el 70 % de las muertes en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). De tal suerte que en el mundo de hoy, tenemos de sobra, pero morimos de

hambre y de obesidad, dos aristas de un mismo problema: la mala nutrición.

     Más de 24 mil personas se mueren de hambre en el mundo cada día. Sí, de hambre. Por no tener nada que echarse a la boca. Una realidad que suena lejana en el mundo desarrollado, pero que padecen más de 830 millones de personas de los 7.200 millones que somos en la tierra.

     Todos ellos sufren desnutrición porque no pueden acceder a unos alimentos que, con la crisis mundial, se han disparado de precio. Y eso en un mundo que, según la FAO, se produce mucho más de lo que necesitamos para acostarnos con el estómago lleno. ¿Qué está fallando? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Quién se enriquece con la miseria?

     De acuerdo con los datos de este organismo, los precios de los alimentos subieron más de un 30% a nivel mundial, un encarecimiento que se dispara hasta en un 150% en los países en vías de desarrollo. «Los mercados y los gobiernos están permitiendo que se especule con el precio de la comida y tenemos un gran problema de distribución y acceso a los alimentos. Hemos sido capaces de producir más y de crear sistemas y mejoras agrícolas, pero no están repercutiendo en la población», denuncia Antoni Bruel, coordinador de la Cruz Roja de España, quien enumera, además, factores como «la pobreza, la desigualdad, los efectos del cambio climático en la agricultura a pequeña escala y el alto costo de productos como los fertilizantes».

     Y no hay atisbos de mejora: Se anuncia que el cambio climático podría afectar hasta al 30% de la agricultura africana y la producción de biocombustibles está arrebatando los cereales de muchas bocas: más de un 10% de la cosecha, cuyo precio se disparó un 57%,  se destina a producir etanol para los coches. Según estimaciones de la ONU, es posible que en 2050 existan 25 millones más de niños desnutridos. 25 millones que no la tendrán fácil para llegar

a ser adultos.

     Es cierto que dentro de la ONU diversos organismos especializados se dedican a la lucha contra el hambre y han establecido importantes programas sociales para promover la seguridad alimentaria de los sectores más pobres de la población, especialmente en las zonas rurales. El organismo especializado más conocido en la materia es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que desde su creación tiene como objetivo lograr el acceso de todas las personas, en todo momento, a los alimentos que necesitan para gozar de una vida activa y saludable, a través de diversas acciones para aliviar la pobreza y el hambre mediante la promoción del desarrollo agrícola, la mejora de la nutrición y la búsqueda de la seguridad alimentaria.

     Que tragedia: el hambre acosa a una parte del mundo que se está muriendo por falta de alimentos que producimos de sobra, 

pero por otro lado, la otra parte del planeta se está muriendo por malos hábitos alimenticios y por no saber nutrirse. De tal suerte que tanto la desnutrición como la obesidad, que son aristas de un mismo problema, la mala nutrición, son las dos caras negativas que hoy presenta la humanidad. Ambos males pueden evitarse si sabemos utilizar de manera práctica tres verbos a nivel mundial: la planeación, la distribución y la prevención. Con una buena planeación en la producción y en la distribución mundial de los alimentos, acabaríamos con el hambre del planeta, y con la prevención, dotaríamos a los seres humanos de hábitos y comportamientos saludables para acabar con la obesidad, que hoy están deteriorando la especie humana. Ante esta triste y trágica realidad ¿Qué hacer el 16 de octubre? ¿Hacemos eventos para Celebrar o para conmemorar? Amanecerá y veremos, como dijo el ciego…