CANCIÓN DE LA SEMANA

De: http://spanish.peopledaily.com.cn

Sonido Musical Instrument Digital Interface, MIDI: canción ‘Mariposas amarillas’

Por Yasef Ananda

     Beijing (El Pueblo en Línea) Justo cuando se cumplió, en 2017, el tercer aniversario luctuoso de la desaparición física del escritor colombiano Gabriel García Márquez, el Instituto Cervantes de Beijing abrió sus puertas para rendirle emotivo tributo.

     El señor Oscar Rueda, embajador de Colombia en China, al inaugurar la exposición que presentó al público chino 17 emblemáticas fotografías de Gabriel García Márquez, destacó la trascendencia del más universal de los escritores del realismo mágico.

     “García Márquez, al igual que sus obras, también se queda en China para siempre gracias a la traducción de ocho de sus libros al idioma chino. Entre ellos, cabe destacar ‘El amor en los tiempos del cólera’ y ‘Cien años de soledad’, que próximamente cumplirá 50 años de su primera edición”, dijo

     Gabriel José de la Concordia García Márquez nació un 6 de marzo del 1927 en un pueblo ‘mágico’ llamado Aracataca. Entre los suyos, le llamaban Gabito (hipocorístico guajiro de Gabriel), o por su apócope Gabo, aporte cariñoso del mentor Eduardo Zalamea Borda, subdirector del diario El Espectador. Comenzó su carrera como periodista escribiendo para El Universal de Cartagena y El Heraldo de Barranquilla. Durante este tiempo se convirtió en un miembro activo del grupo informal de escritores y periodistas conocidos como el Grupo de Barranquilla, una asociación que fue de gran motivación e inspiración para su carrera literaria.

De: https://alef.mx

     La obra del colombiano Gabriel García Márquez sigue atrayendo a millones de lectores chinos. Durante la exposición, sus lectores y admiradores le ‘enviaron’ mensajes escritos en mariposas amarillas, su color favorito y primordial.

     “Estamos aquí por amor al Gabo y a Colombia. Su obra perdurará. Al leerla, creo más en el amor y en la belleza del ser humano”, afirmó Fernando Chong, estudiante de español del Instituto Cervantes de Beijing.

     El ‘amarillo del Gabo’ aparece en forma de mariposa en su gran novela ‘Cien años de soledad’. En sus páginas, se lee: “cuando Mauricio Babilonia empezó a perseguirla, como un espectro que solo ella identificaba en la multitud, comprendió que las mariposas amarillas algo tenían que ver con él. Mauricio Babilonia estaba siempre entre el público de los conciertos, en el cine, en la Misa mayor, y ella no necesitaba verlo para descubrirlo, porque se lo indicaban las mariposas”.

     En 1982, Gabriel García Márquez fue el primer colombiano y el cuarto latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura. En su laudatoria, la Academia Sueca argumentó que se lo merecía «por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente».

     “Esa fantasía en García Márquez se pintó de amarillo. Era para él, color de la fortuna y la buena suerte, de la bandera de la patria, de los guayacanes florecidos. Un color recurrente en sus obras”, destacó el embajador Rueda.

     “Para decirlo con Silvio Rodríguez, trovador cubano muy cercano a García Márquez: su tiempo es ahora una mariposa/ siglos atrás inundaron un segundo/ debajo del cielo/ encima del mundo”, evocó Francisco Menéndez, poeta y discípulo del Gabo.

     Como parte del homenaje, el Instituto Cervantes de Beijing proyectó la versión cinematográfica de “El amor en los tiempos del cólera”.

     Otro fragmento de ‘Cien años de soledad’ narra el final de Mauricio Babilonia, siempre rodeado de mariposas amarillas. Y es este: “…Las mariposas amarillas invadían la casa desde el atardecer. Todas las noches, al regresar del baño, Meme encontraba a Fernanda desesperada, matando mariposas con la bomba de insecticida. «Esto es una desgracia -decía-. Toda la vida me contaron que las mariposas nocturnas llaman la mala suerte.» Una noche, mientras Meme estaba en el baño, Fernanda entró en su dormitorio por casualidad, y había tantas mariposas que apenas se podía respirar. Agarró cualquier trapo para espantarlas, y el corazón se le heló de pavor al relacionar los baños nocturnos de su hija con las cataplasmas de mostaza que rodaron por el suelo. No esperó un momento oportuno, como lo hizo la primera vez. Al día siguiente invitó a almorzar al nuevo alcalde, que como ella había bajado de los páramos, y le pidió que estableciera una guardia nocturna en el traspatio, porque tenía la impresión de que se estaban robando las gallinas. Esa noche, la guardia derribó a Mauricio Babilonia cuando levantaba las tejas para entrar en el baño donde Meme lo esperaba, desnuda y temblando de amor entre los alacranes y las mariposas, como lo había hecho casi todas las noches de 105 últimos meses. Un proyectil incrustado en la columna vertebral lo redujo a cama por el resto de su vida. Murió de viejo en la soledad, sin un quejido, sin una protesta, sin una sola tentativa de infidencia, atormentado por los recuerdos y por las mariposas amarillas que no le concedieron un instante de paz, y públicamente repudiado como ladrón de gallinas”.

Nota: Los lepidópteros son un orden de insectos holometábolos, casi siempre voladores, conocidos comúnmente como mariposas; las más conocidas son las mariposas diurnas, pero la mayoría de las especies son nocturnas y pasan muy inadvertidas (Wikipedia). Las de Mauricio Babilonia eran diurnas, pero también revoloteaban por las noches…

Fernando Mora Rodríguez: 3138710837 – navarquia@gmail.com – NAVARQUÍA

UN TOQUE A LA FARÁNDULA

Con don Germán García. Foto Inravisión.

Por Guillermo Romero Salamanca

     Era muy raro que don Orlando Cadavid Correa, el mejor periodista que ha dado este país, saliera de su oficina de la dirección de Colprensa, pero aquella mañana atravesó la sala de redacción, llegó a mi escritorio y me dijo: “Vea, Guillermo, entrevístese a Pernito”.

     No era de muchas explicaciones, simplemente daba a cada periodista las indicaciones para hacer una nota. Él impartía la orden y ¡listo!, no había más explicación.

     El domingo siguiente llegamos al parqueadero de Inravisión, en la calle 26 de Bogotá, donde se presentaba en “vivo y en directo”, el programa de mayor sintonía los domingos: ‘Animalandia’. Unas 20 personas, con loro al hombro, trataban de animar a sus aves para que dijeran “A mí Gel’ada o nada”, pero muchas veces los parlanchines pájaros quedaban en completo silencio frente a las cámaras y otras, alcanzaban a decir: “Roberto, ¿quiere cacao?”.

     Don Germán García —gerente y propietario de la programadora Gegar— caminaba por allí con dos perros que mostraría luego como parte de su Gegar Kennel, un criadero que tenía en Chía con animales de pedigrí.

     Mariachis, jóvenes cantantes, tríos, duetos, mimos, malabaristas y todo tipo de talentos esperaban horas para obtener unos segundos de popularidad.

     ‘Animalandia’ se emitía al aire libre y cuando llovía se trasladaba al teatro de Inravisión, pero por lo general, se hacía bajo el inclemente sol bogotano, entre las 10 y la 1 de la tarde. Fernando González-Pacheco era el presentador, animador y personaje central del programa. Luego lo reemplazaría Álvaro Ruiz y después Héctor ‘El chinche’ Ulloa.

     Pero los payasos eran las figuras del programa. Eran los Noya, unos artistas chilenos que vivieron todas sus vidas de hacer reír a los demás. Alberto, el papá, era Pernito, Luis Miguel era ‘Bebé’ y Junior era ‘Tuerquita’.

Tiempos de ‘Animalandia’ y la estrella: Pacheco.

   A veces los acompañaba la menor de la familia, Magaly.

     Los payasos no escatimaban esfuerzos para hacer reír a la gente. Ellos mismos se maquillaban. Preparaban los baldes con agua, serpentinas o con cualquier cosa. Magaly y la esposa de Pernito eran las encargadas de fabricar sus amplios vestidos de vivos colores.

     A Pacheco, casi siempre, lo mojaban, le cortaban el corbatín y le hacían decenas de bromas. Todo, menos tocarle el bigote. Por esos días al animador le dieron un millón de pesos por grabar un comercial anunciando unas cuchillas y despojándose de su mostacho.

     Después de una presentación protocolaria, Pernito nos dijo, tanto al fotógrafo Eduardo Sotomayor como a mí, que “…vean el programa y nos esperan”.

     Esa mañana no se salvaron ni los camarógrafos de las lavadas, llovieron serpentinas por montones y harina por doquier. Los 300 asistentes no paraban de soltar sus carcajadas y en las casas, los televidentes gozaban también de las ocurrencias de los artistas del humor.

     Después del espectáculo, emprendimos el viaje en dos taxis hasta la casa de Pernito, localizada en pleno barrio Santa Fe, a un lado de los antiguos paraderos de flotas para los municipios vecinos de Bogotá. Unas muchachas de faldas cortas los saludaban con respeto. “Muy lindas las niñas, buenas personas”, decía Pernito.

     Era un apartamento lleno de todo tipo de telas. Igual la esposa y la hija de Pernito se dedicaban a la costura. El hombre de la casa se puso un delantal y preparó unos espaguetis a la boloñesa.

     Estaba triste. Nos brindó un vino tinto y luego otro. Nos contaba que para él era difícil ver a su hijo en la situación díscola en que se encontraba.

     Esa entrevista salió en los diarios afiliados a Colprensa. Don Orlando Cadavid se mostró contento con la nota.

     Pernito, a pesar de sus problemas, era famoso. Lo invitaban a decenas de fiestas, incluso a varias con hijos de personajes del narcotráfico. Eran los ochenta y eran los años de apogeo de los llamados ‘mágicos’.

     Vinieron los cambios en la televisión. ‘Animalandia’ pasó a mejor vida. Don Germán García no pudo seguir con su programa y los payasos pasaron al olvido. Años después Micky, yerno de Pernito, reapareció cantando: “Somos los bulliciosos, sí señor, nosotros hacemos bulla, al por mayor”.

Después de todo un recorrido terrenal, ‘Tuerquita’ llegó al cielo, a la gloria de Dios.

     Bebé montó un circo con el cual recorrió el país. Pero de ‘Tuerquita’ no se tenía mayor información. Luego se supo que había llegado al infierno de la mal llamada “calle del cartucho”. Allí, entre decenas de personas sumergidas en el humo de la miseria, estaba él, sólo, con los dedos quemados, sin dientes, con ropa de varios días y maloliente.

     En una de las entrevistas que le hicimos a Fernando González-Pacheco Castro le preguntamos sobre cómo sería su entierro. “Yo creo que en ese momento no seré popular, la gente me habrá olvidado, quizá vayan unas 100 personas, unos cuántos borrachos cantando “Yo tengo ya la casita”, una viejita llorando contando que participó en algún programa y un payaso de Animalandia”.

     Fueron palabras proféticas. Cuando Pacheco falleció, estuvo en el velorio Alberto Noya Sanmartín. “Yo soy otra persona, he encontrado a Dios, conocí a mi esposa Leidi Salazar y ella me convirtió”, le explicaba al empresario artístico Raúl Campos, una y otra vez.

     El hombre de Los Tigres del Norte le escuchó atento cuando abrió el libro y le leyó varios salmos.

     A más de uno les habló de sus pésimas experiencias en la vida oscura de la droga, pero manifestaba que había sido con la lectura de La Biblia como había cambiado.

     Dictaba charlas mostrando su vida como ejemplo. De seguro, de vez en cuando se pintaría otra vez de ‘Tuerquita’ y haría rememorar a sus espectadores con sus ocurrencias. De pronto, alguno habrá llorado al saber que también le han pasado los años.

     Este 5 de junio se conocía la noticia de su fallecimiento víctima de un cáncer de estómago. Una apnea del sueño, se llevó a ‘Tuerquita’, a sus 66 años, para el cielo de las risas. Mil gracias por su diversión.