Nury Ruiz Bárcenas

     Desde 1974 el mundo celebra la vida, representada en mares, lagos y ríos, valles y montañas, bosques, desiertos y miles de especies de flora y fauna que con sus particulares colores y formas embellecen cada rincón de este planeta. No se trata solo de animales o cosas, sino de la misma vida que nos provee El Señor para un mejor vivir.

Nunca antes la Tierra estuvo tan en manos del humano que en estos momento de asfixia mundial contaminante.

     El Medio Ambiente son los recursos naturales que poseemos donados por el Creador para que sean cuidados por los seres humanos y de ellos se provean el diario vivir. Aire, agua, tierra, árboles, animales, montañas, toda la naturaleza se define como Medio Ambiente. El campo es la principal fuente de vida que tenemos, y el campo es la tierra misma con los bienes que posee en sus profundidades: comestibles y minerales.

     El Día de la Tierra es una de las expresiones más bonitas y ecológicas que tenemos. Otros anuncios por las redes señalan que “el Día de la tierra conmemora al planeta en el cual habitamos, mediante un llamado a tomar conciencia sobre su cuidado y preservación”.

     En cuanto a las aguas, en el fondo del mar se encuentra la más grande diversidad y abundancia de vida marina increíble, tesoros como perlas, corales, medusas, estrellas y miles más. Además de la poesía que sobre las aguas del mar se crea para poetizar al amor, al desamor, a la eternidad o a los mares de ausencia sobre el vaivén de sus olas.

     Debemos preguntarnos si en verdad tomamos conciencia sobre ese cuidado y esa preservación que es necesario tener hacia las aguas del mar y los ríos y hacia la madre tierra. En este caso, nuestra tierra colombiana, la que todo el tiempo está en preñez pariéndole hijos a la patria, calmando su hambre de comida y de sed, fortaleciéndolos con sus frutos y, hasta el último momento de su vida, llevándose a esos hijos en su regazo eterno cuando mueren. En la Biblia del Jubileo 2000 se lee la siguiente sentencia:

Foto de ONG Proyecto Amber, que “De la Tierra fuiste tomado”…

     “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19).

     Aquí, el polvo es la tierra que nos acogerá en el momento designado por Dios para ello. Y así, muchos otros versos paralelos están contemplados en la Biblia que dan la máxima importancia a la tierra, a esta tierra que nosotros los humanos, menospreciamos.

     Todos los días deben ser destinados a la madre tierra, pero hay uno en especial para pensarlo, reflexionar sobre el medio ambiente que nos rodea, aunque a eso no estamos acostumbrados a hacer en nuestro día a día; nunca nos importa lo grave que es tirar un papel al suelo, lo grave que es no reciclar la lata de refresco que consumimos, nunca pensamos en lo dañino que es tirar las colillas de cigarrillos al césped. Es la triste verdad.

     Nos jactamos de que “amamos nuestra tierra”, pero ondeamos nuestra bandera solo cuando juega el equipo preferido, no por la patria ni por el significado que tiene su tricolor en sus días patrios; ya casi no importa que el amarillo represente el oro que tenemos (en la tierra), del azul de nuestros mares (junto con la tierra), y del rojo cual sangre derramada de nuestros héroes (por la tierra. (Ruiz, 2016).

     Gastamos minutos de nuestra vida en reflexionar y expresar que deseamos tener mejor calidad de vida, no sabemos cómo hacerlo, ni llegaremos claros a la conclusión de que todo proviene de la madre tierra, todo lo que nos rodea, lo que usamos, lo que utilizamos, lo que nos abriga, lo que nos da calor y frío, aire y tibieza, todo proviene de la tierra. ¡Hasta el amor!

     Desde hace 40 años se celebra el Día de la Tierra, cuyo propósito es la protección de cada una de las especies y demás, la formación de una consciencia global sobre la responsabilidad y el cuidado que debe tenerse frente a problemas como: contaminación ambiental, extinción de especies, tala de bosques, efecto invernadero, entre otros. (Colombia Aprende, 2014). Sin embargo, desconocemos la importancia que tiene cuidar el agua (por nombrar solo un elemento), la irrupción del cambio climático y, sobre todo,el derecho humano que tenemos al agua.

     Al hablar sobre la tierra, nuestra propiedad, nuestro deber y nuestro derecho, también es menester referirnos a la literatura que brota de tierra colombiana, sobre esa inteligencia de los colombianos ilustres que han hecho historia con su conocimiento como son los escritores. Y es que Colombia está inundada de narradores, de poetas y ensayistas de natura, que brotan desde las entrañas mismas de la madre tierra y que le han cantado a la tierra y sus elementos, como lo hizo Pablo Neruda, Antonio Machado, Mario Benedetti y Federico García Lorca con sus poesías al agua, Juan Ramón Jiménez, que poetizó al clima, o tal como lo expresó el poeta Leonardo Antiveros en su poema

“La Tierra, nuestro hogar

“Además de nuestra casa,
habitamos otro hogar, es más grande,
pero de este no nos podemos mudar.

Esta casa es compartida
con personas, plantas, animales,
montañas, desiertos, selvas, lagos, ríos y mares.

Es la tierra la que nos da alimento,
aire y abrigo, el agua para tomar
y ropa para vestirnos”.

     Finalmente, el mensaje de la ONU es muy claro al indicar el sentido de pertenencia que debemos tener hacia nuestro hogar, la madre tierra, alegando que “Pensemos en las consecuencias que tienen para el medio ambiente las elecciones que hacemos. Seamos mejores custodios de nuestro planeta”.

Nury Ruiz Bárcenas
Escritora y periodista cultural
funescritoresdelmar@gmail.com