No sé en cuanto tiempo ocurrió, pero siento tener una dependencia del bendito celular que se me está convirtiendo en un problema adictivo, lo cual es muy grave.

     Hay adicción cuando se está de forma continuada ‘vigilando’ el aparatito, esperando siempre cualquier señal que venga de allí, cada muy poco tiempo, de forma compulsiva e incontrolada, consultando el móvil, aunque esté haciendo otra cosa.

     Estudios recientes han demostrado que personas ‘adictas’ que dejan de usar sus móviles, tienen como consecuencia lo que se puede llamar el ‘Síndrome de abstinencia psicológica y física’. Este síndrome tiene síntomas como angustia, ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, estrés, etc. Y todo ello desaparece cuando, de nuevo, tienen oportunidad de usar su móvil.

     Seguro que todos hemos observado la imagen de grupos de personas paseando juntos, pero cada uno hablando a través de su celular o enviando un mensaje de texto a una velocidad de vértigo… Miles de mensajes son enviados al día en todo el mundo, que nos llegan y nos distraen, más si son vídeos, cadenas, pornografías, chistes, temas políticos, religiosos y/o deportivos.

     Algunos afirman “dedicar todo su tiempo libre” a manejar el móvil. Es muy usual encontrar a niños, adolescentes, adultos y viejos ‘tecleando’ durante minutos y minutos, jugando a algún videojuego, comunicándose con desconocidos o tomando fotos y vídeos para luego colgarlos en Internet. También es común que usen el móvil a todas horas: en casa, en el aula, entre clase y clase, con los amigos, almorzando, en el baño, en el cine… no se pueden separar del móvil. Consideran que sin el móvil no podrían tener amigos.

     Lo relacionan con “ser más importantes”. Creen ‘obligatorio’ su uso. Toman fotos constantemente. Se intercambian vídeos a toda hora. Mandan mensajes y oyen música durante todo su tiempo libre. No pueden pasar 5 minutos sin verificar si existe alguna llamada perdida o un WhatsApp sin atender… ¡Qué problema tan grave y universal!

     Y, ¿qué es todo esto? Efectivamente, un uso compulsivo y repetitivo del móvil, que en muchos momentos no tiene ni sentido. Si vas a ver a un amigo a la vuelta de cinco minutos, ¿Tendría sentido llamarle para decirle “¿Oye, voy en camino, me faltan 4 minutos y medio para verte?”. Vea usted, pero a eso hemos llegado.

     Y después está el tema económico. Muchos nos gastamos mensualmente una importante suma de dinero en el uso del móvil, y las grandes empresas de telecomunicaciones, que lo saben, se aprovechan… ¡No hay derecho!… Les comento que la semana pasada, en un mismo día, me llamaron la atención tres veces y por eso digo que estoy al borde o en el umbral o ya soy adicto al celu.

     Primero fue en la mañana, un abogado amigo, manejando un carro con su copiloto, en la carrera 4 entre calles 17 y 18, me gritaron: “¡Oye, te vas a estrellar, te vas a caer!” Y me tocó decirles, acercándome y riendo, que este aparatico nos está enloqueciendo…

     La segunda llamada de atención fue a las 2 y 30 de la tarde, en la puerta de la casa, bajo uno de los árboles… Estoy chateando cuando de pronto mi esposa me dice: “¡Oye, tú no te habías ido hace rato, te van a quitar el celular!” Y yo, riéndome otra vez, le dije: «Sí, qué vainas, me entretuve aquí…»

     La tercera llamada de atención, el mismo día, fue al final de la tarde, en la calle 13 con cra 16 D… Estoy chateando y una pareja me dice: “Oye te van a atracar”… No digo nada…Enseguida la dama dice: “Mira, ni sabe quién le está hablando”…Volteo la mirada y me doy cuenta de que es una vieja y querida amiga, licenciada, ex liceísta, con su esposo, y salgo a saludarlos riéndome, y diciendo lo de siempre: «Sí, es que este aparato lo vuelve loco a uno… ¡Qué vainas! »… Ahí terminaron los llamados de atención de ese día y que me tienen preocupado.

     Pero… para una enfermedad, una medicina. Y como dice el titular de este artículo, he tomado una urgente y saludable decisión: bajarle a la intensidad en el manejo del celular, para ello les comunico a mis familiares, amigos, contertulios y a mis queridos lectores, donde están concentrados todos, que desde este lunes prenderé el celular a las 7 y 30 de la mañana y miraré mensajes y chatearé por 15 minutos cada dos horas, es decir, lo volveré a consultar desde las 10 y 15 hasta las 10 y 30 y después desde las 12 y 15 hasta las 12 y 30. Lo apagaré para almorzar, oir y ver titulares de las noticias y hacer la siesta hasta las 2 de la tarde…

     Nuevamente lo miraré desde las 2 y 15 hasta las 2 y 30 y, a partir de ahí, cada dos horas, a las 4 y 15, a las 6 y 15 y a las 8 y 15 de la noche, cuando lo apagaré hasta el otro día a las 7 y 30, y así sucesivamente… Es una excelente decisión.

     El sábado, igual: cada dos horas, desde las 7 y 30 hasta las 12 y 30… Se apaga, la siesta, y en la tarde y la prima noche, que pasaré con amigos y /o familiares, no lo encenderé, para gozar de sus compañías…

     Y el domingo, no lo prenderé en todo el día ni por la noche, para poder gozar de la lectura, de la compañía familiar y de mis nietos, que ya están creciendo, y que más tarde no van a querer, por sus nuevas amistades y amoríos juveniles, cada vez más tempraneros, atender a sus viejos abuelitos como lo hacen ahora… Así es la vida.

     Finalmente: si algunos de mis lectores se ven reflejados en este escrito, por favor, adopten estas urgentes y saludables recomendaciones, antes de que sea demasiado tarde.