Vienen nuevas elecciones —2018, año electoral: legislativas, este 11 de marzo; presidenciales, a finales de mayo—, suenan los afanes populistas y hablan, acá, allá y acullá, de acabar con la minería en el país.

     Ya se conocen los nefastos resultados de la consulta minera en Cajamarca, pueblo condenado al abandono y a la miseria.

     Hace unos meses el Ingeniero de Minas y Metalurgia Egresado de la Facultad Nacional de Minas, Universidad Nacional de Colombia Luis Gonzalo Salcedo Blandón —MSc (form) Geología Económica—, Jefe de Proyectos Mineros de Tectónica Consultores SAS, hizo un recuento de lo que significa “No a la minería” a raíz de las peticiones de consultas en rechazo a esta labor.

     Decir no a la minería significa:

NO MÁS CALLES PAVIMENTADAS.

     Es conveniente saber que para pavimentar una vía se requiere roca resistente al desgaste, que compacte fácilmente y que sea permeable al agua, lo cual se convierte en base y sub-base de la vía, posteriormente se aplica una capa de asfalto que está compuesta por grava —roca triturada— y crudo de Castilla. Tanto la roca como el asfalto se extraen de la corteza mediante técnicas mineras, por tanto, al decirle no a la minería estamos obligando a la no pavimentación de vías y no más trabajo para los topógrafos, ingenieros civiles, operarios de maquinaría, volqueteros y obreros en general. 

NO MÁS CEMENTO Y NO MÁS VIVIENDAS.

     El cemento corresponde a una mezcla de varias rocas y minerales como caliza, yeso, arcillas ferruginosas y puzolana (una ceniza volcánica). El ladrillo es fabricado de arcilla rica en aluminio, cuya extracción es mediante minería. Como materia prima para la construcción de pisos —el caso de la baldosa— se utilizan mármol y cemento, que provienen de la actividad minera. Al rechazar la minería estamos rechazando la construcción de viviendas. Eso quiere decir, no más apartamentos, no más casas, no más trabajo para ingenieros civiles, arquitectos, dibujantes técnicos, obreros de la construcción, profesionales en seguridad y salud en el trabajo, etc

NI PLATOS NI TASAS SANITARIAS NI…

     Los platos, pocillos y tasas sanitarias —cerámicas usadas en nuestras viviendas— se elaboran mediante combinación de arcillas plásticas y feldespato. Si le decimos no a la minería, entonces no usemos platos ni pocillos en nuestros hogares. Y de paso, rechacemos las tazas sanitarias en nuestros baños.

NO MAS HUEVOS Y ASADEROS DE POLLO

     El calcio requerido por las avícolas para la generación de la cáscara de los huevos, y el sistema óseo de las gallinas y pollos de engorde, se extrae de piedra caliza y/o mármol

(carbonato de calcio).

NO MÁS CREMA DENTAL

     La crema dental o dentífrico es producida gracias a una

Desde la legalidad y con sostenibilidad, la minería ha de seguir siendo fundamental para el desarrollo.

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combinación de calcio —extraído de calcita, caliza o mármol— y el flúor proviene de un mineral que se llama fluorita. Estos minerales se extraen de la naturaleza mediante técnicas mineras… Y al decirle no a la minería, debemos dejar de usar crema dental y no más trabajo para ingenieros industriales, químicos, administradores de empresas, obreros etc. ¡Y que viva la caries!

NO MÁS CELULARES, COMPUTADORES Y APARATOS ELECTRONICOS
     El oro, cobre, plata y paladio se emplean en los microcircuitos de casi la mayoría de los dispositivos electrónicos que usamos en el hogar y la oficina y en la dotación de equipos médicos en los hospitales. Por ejemplo, en los celulares se utiliza el oro en las placas impresas que contiene los micros chips, para reducir la resistencia a la corriente eléctrica. Si rechazamos la minería, entonces no volvamos a usar equipos electrónicos, no más celulares, no más equipos médicos para salvar vidas.
NO MÁS TALCO
     El talco que se emplea como desodorante de pies y de la colita de los bebes y también como rubor en el rostro de las damas, se extrae de un mineral que se llama talco, qué proviene de la corteza terrestre y es extraído mediante minería. Entonces, pues, negar la minería implica que no volvamos a usar talco y a que, más bien, usemos aerosoles. Y a que las damas no usen más rubor.

NO MÁS VIDRIOS, BOTELLAS Y BOMBILLOS

     El vidrio es fabricado con arena silícea y feldespato —este último existente en Ibagué y son materiales que existen en la corteza terrestre. Su extracción se efectúa mediante técnicas mineras. Al decirle no a la minería, debemos dejar de usar los elementos y envases en vidrio.

NO MÁS CABLES ELÉCTRICOS

     Los cables eléctricos bien pueden ser de cobre o aluminio, metales que son extraídos, mediante técnicas mineras, de la corteza terrestre de minerales como la azurita, malaquita, bornita —para el cobre— y bauxita —aluminio— respectivamente. Al decirle no a la minería se está rechazando a los cables y redes eléctricas y, obviamente, a la energía eléctrica tanto en

Minería aurífera en Antioquia. Y algo para saber: en los celulares se utiliza el oro en las placas impresas que contiene los micros chips.

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las grandes urbes como en el campo, especialmente el productivo.

NO MÁS ABONOS PARA LOS CULTIVOS

     El silicato de magnesio extraíble de la serpentina se 

aplica a suelos ácidos, el yeso mejora el sistema radicular de las plantas, la dolomita aporta calcio y magnesio a los suelos y los carbonatos de calcio —calizas y mármoles— mejoran el PH de los suelos. Adicionalmente, la roca fosfórica o fosforita aporta fósforo. Estos abonos se fabrican a partir de minerales obtenidos mediante minería, y que son mezclados en proporciones apropiadas de acuerdo con las necesidades de cada terreno.

NO MÁS VEHÍCULOS DE TRANSPORTE

     Los vehículos que abordamos a diario son fabricados con hierro, acero —hierro más carbono—, aluminio, magnesio —se extrae de la magnesita—, cobre, paladio, discos de frenos a base de asbesto, etc. Estos materiales son extraídos también de la corteza terrestre mediante minería, por tanto, si rechazamos la minería requerida en la extracción de los metales básicos en la fabricación de vehículos, traslademos el discurso de rechazo hacia el consumo de metales y encaucémoslo hacia su uso, lo cual provocaría rechazar la fabricación y uso de vehículos, incluyendo las bicicletas… Por tanto, que no circulen en la ciudad vehículos particulares, taxis, busetas, camiones volquetas, ciclas, etc.

NO MÁS UTENCILIOS DE COCINA

     Las ollas, cucharas, tenedores y cuchillos son fabricados en aluminio, hierro y acero inoxidable, que son elementos metálicos provenientes de la corteza terrestre, presentes en minerales como goethita, limonita, oligisto, pirita, bauxita y carbón coque —que aporta el carbono para la fabricación del acero— entre otros minerales. Y que obligadamente requieren de técnicas mineras para su obtención. Al rechazar la minería, entonces renunciemos al uso de estos elementos en nuestros hogares.

NO MÁS PROTESIS EN PLATINO E INSTRUMENTOS QUIRURGICOS EN IBAGUE

     Las prótesis para sanar traumas óseos y los instrumentos usados en las intervenciones quirúrgicas son a base de platino. Para su conocimiento, en Colombia fue donde se descubrió este metal y actualmente es el segundo productor mundial. El platino, por su alta resistencia a la corrosión, el desgaste y las altas temperaturas, se usa en la medicina a nivel mundial. Su explotación es semejante a la del oro. El rechazo a la minería estaría negando su extracción y, obviamente su uso. Por lo tanto, ¡no más cirugías!

NO MÁS SAL DE COCINA

     La sal que se les adiciona a los alimentos que consumimos, proviene, aquí en Colombia, bien sea de las minas de Zipaquirá —Cundinamarca—, Granada —Meta— o Manaure —La Guajira—. Obviamente, decirle no a la minería obliga al rechazo al consumo de la sal, lo cual es saludable. El rechazo a las minas de sal, perjudica grandemente a la ganadería porque las sales mineralizadas que consumen las reses obviamente, tienen su origen en la minería.

…o0o…

     Son muchos los productos extraídos de los minerales, por tanto, estigmatizar una actividad, que directa e indirectamente beneficia tecnológicamente al ser humano, corresponde a un discurso errado y deficiente en fundamentos. Su único objetivo es la masificación de una mentira ambiental, pues minería en armonía con el medio ambiente se puede realizar.

     Y hay otro aspecto para tener presente: con la Ley 60 de 1886 se crearon las primeras dos escuelas de minas en el país, una en Ibagué y otra en Medellín, y en la actualidad, persiste la de Medellín, la cual está adscrita a la Universidad Nacional.

     Vale recordar qué Jose Celestino Mutis llegó a nuestro país como minero, para la extracción de plata en las minas de Mariquita. El sabio aportó conocimiento no solo en la botánica sino también en la minería.

     Todo eso, sin considerar la educación minera del barón Alexander Von Humboldt y, obviamente, sus aportes al conocimiento en geología y minería de las Américas.

     Le dirían ¿no a la minería?

     El pan es uno de los productos más solicitados en Colombia. Lo hay salado o con azúcar, duro o blandito, largo y corto, blanco o negro, acema o mogolla, liso o rollito y con ingredientes especiales: chicharrón, queso, mantequilla, bocadillo, chía, ajonjolí, coco… O los hay de mija —preparados con migas sobrantes—.  Existe, según el molde, en forma de caracol o aplanado o calado. Y  también lo hay por región —la región donde se prepare—: campesino, chocontano, tolimense o pan de aquella.

     De acuerdo con la Asociación Colombiana de Empresarios de Colombia, Andi, el colombiano promedio consume alrededor de 20 kilos de pan al año.

     Nuestros antepasados indígenas utilizaban el maíz como su ingrediente principal para preparar arepas, bollos, tamales y un pan de maíz que aún perdura en Cundinamarca y Boyacá. El trigo no lo conocían, pero, entonces, recién llegaron las primeras damas españolas solicitaron a sus maridos que vieran la forma de traer semillas de trigo y así lo hicieron. Campos de Cundinamarca y Boyacá, fundamentalmente, se llenaron de cultivos. Además, hubo otro factor importante: la preparación de hostias para las celebraciones litúrgicas.

     Desde ese momento, los santafereños comenzaron a consumir el chocolate, el agua e’ panela, la changua y el caldo de costilla y empezaron también los acaparamientos para subirle al precio constantemente.

     Mientras transcurría la llamada ‘Patria boba’ ocurrían hechos como la rebeldía de los cartageneros que importaban la harina de España, mientras que en Santa Fe, les decían que no lo hicieran y, en 1810 —además del lío por el florero de Llorente—, los panaderos nativos protestaron porque un francés trajo una

Pan... pan... ¡Qué rico el pan!

máquina para amasar.

     Sólo en 1828 se ‘industrializó’ la preparación del pan y fue en Bogotá. Cerca de la Hortúa se instaló el primer molino movido por agua.

     Uno de los descrestes para los consumidores de pan en Bogotá fue cuando presentaron por primera vez un sándwich. Era preparado con pan blando y dentro llevaba queso. Luego surgirían decenas de variedades.

     El arribo de comerciantes franceses a mediados del Siglo XVII les dieron otros ingredientes a los cachacos, para que más tarde se extendería al resto del país: la repostería, la venta de macarrones, pastas, fideos, tallarines y espaguetis. Para complacer a las damas montaron lo que denominaron “una habitación decente”, donde les ofrecían pasteles y biscochos para degustar. Era el antecedente de los salones de onces. Sitios para juzgar y chismosear, mientras se consumían colaciones y chocolate caliente con pan blandito.

     En las chicherías era común también encontrar la venta de rosquetas, que se consumían entre sorbo y sorbo del líquido alicorado.

     El pan se convirtió en el elemento primordial para el consumo nacional. Los cultivos de Boyacá y Santander crecieron y fortalecieron el desarrollo nacional hasta cuando llegó la denominada ‘Alianza para el progreso’ —traída por el gobierno de Kennedy— que regaló durante un año las necesidades de trigo. Quebraron entonces los productores nacionales, no volvieron a sembrar y a los dos años llegó la soberana importación que aún hoy se mantiene en el país.

     A todas estas, ¿ya compró el pan para mañana? Recuerde que la señora lo puede regañar. Vaya pues.

     Son tiempos difíciles. Cada vez la más reciente Reforma Tributaria atribula a las empresas, la recesión se nota. Centros comerciales, parques y cafetería en el país se observan a miles de desempleados, a ciudadanos vergonzantes, cavilando y buscando soluciones para sus crisis económicas.

     La lección de Venezuela no se aprende. Sin embargo, el país mira absorto cómo millares de hermanos venezolanos llegan al país, cantan en los buses, preparan jugos de naranja, venden bolívares, hacen arepitas rellenas, tienen servicios de mensajería, son albañiles, trabajan a precios muy económicos, sin necesidad de seguridad laboral. No pagan impuestos y envían sus remesas a su país que allá se convierten en extraordinarias ganancias.

     Son las genialidades de nuestros ministros de Hacienda y del gobierno Nacional.

     Consultamos a varios pensionados sobre cómo hacerle la vuelta al billete.

     1.- Tenga cuidado con las llamadas de los bancos. “Por lo general son para ofrecer tarjetas de crédito o para realizar ampliaciones de los préstamos. Si hace cuenta, las ‘bondades’ no son tan buenas. No acepte ni rifas, ni seguros, ni otras ‘promociones’ ni mucho menos proporcione claves o números de las tarjetas”, aconseja el economista Eduardo Rafael Heredia.

     2.- Pague las deudas. “Si tiene cinco tarjetas, entregue 4. Si le debe al de la tienda, a la suegra, a los primos, págueles. Entre menos comentarios negativos tenga, mucho mejor. La tranquilidad también es vida”, explica Orlando Cantor.

     3.- Nunca se meta con préstamos gota a gota. “Son un peligro. Puede perder sus electrodomésticos o hasta la propia vida”, manifiesta el ex policía Álex Galvis.

     4.- Evite compras innecesarias en el supermercado. “¿Para qué comprar azúcar, gaseosas, bebidas azucaradas, chocolates, galletas u otros productos repletos de dulce? Evítese una diabetes. Los grandes  almacenes están dispuestos por colores y ubicación de productos para manipular las mentes de los compradores. Pregunte siempre por las promociones del día y que sean de utilidad”, comenta la periodista Lilia Baquero.

     5.- No compre cosas chinas. “Pueden ser baratos, pero son cachivaches que después sólo generan contaminación. Los colores para los niños, tienen plomo o mercurio. Los juguetes se desbaratan rápidamente y pueden ocasionar heridas a los pequeños”, aconseja la profesora Claudia Pérez.

     6.- Apague luces de bombillos y aparatos sin utilizar. “Televisores que quedan con el bombillito, computadores que duran horas sin emplearse. Minuto a minuto va ocasionando un gasto innecesario”, predice la ingeniera Pilar González.

     7.- Utilice el vehículo de manera razonable. “Ir a comprar el pan y los tamales en carro, llevarlo a hacer estorbo en las calles, gasta gasolina, vehículo y parqueadero. Es mejor caminar”, recuerda Ricardo Romero.

     8.- Mérmele al pecado. “Menos botellas de alcohol, menos condones y pastas azules. Menos postres, helados y golosinas”, asegura Gabriel Mendoza, vendedor de publicidad.

     9.- Pague la seguridad de manera puntual. “Los pagos de seguridad social, lo mismo que los impuestos de vehículos, pólizas deben de ser canceladas con anticipación. Evite dolores de cabeza con una emergencia o un encuentro don los policías viales”, sostiene el vendedor de finca raíz, Hernán Garzón.

     10.- Fomente el Diálogo familiar. Es importante compartir las preocupaciones con la familia. Ser sinceros sobre la realidad y sobre todo, evitar los comentarios negativos. Compartan el valor del dinero y expresen claramente qué sentido tiene para ustedes y cómo los educaron sus padres. Esto les ayudará a entender el punto de vista de cada uno y así llegar finalmente a un punto común y poder evitar errores financieros que se les enseña a los hijos inconscientemente, aconseja el portal lafamilia.info