Nada que hacer. El golpe electoral cobró sus dividendos y contra lo que en verdad señalaban los informes oficiales y a pesar de las protestas ciudadanas, se llevó al sillón presidencial, al candidato señalado, Misael Pastrana Borrero. El recio carácter liberal de Carlos Lleras Restrepo y las fuerzas militares, se impusieron para conservar el poder del frente nacional. Los comandos de la Anapo, fueron sellados y las casas de sus ‘jefes naturales’ cercadas por los soldados de la patria, ante las órdenes de los militares.

     En Barranquilla, no fue distinto. La residencia de Musa Tarud, rodeada de tanquetas y de trajes camuflados, sorprendió a quienes aún permanecíamos apostados en la casa del director del radio periódico Todelar de la Costa, pendientes de la evolución de los acontecimientos.

     El Cicuta Benedetti, más venenoso que nunca, preparaba la edición vespertina de El Nacional, con las fotos del cerco, tomadas desde el segundo piso de su residencia, ubicada casi al frente de la mansión del director de la Anapo. Esa mañana Armando, se dio el lujo de atender a media plantilla de sus reporteros, con un frugal desayuno.

     En Bogotá, las calles se llenaron de descontentos, lo que hizo temer una repetición del nueve de abril de 1948. Pero el control absoluto de la capital, solo permitió unas cuantas escaramuzas y pequeños saqueos de comercios.

     Hasta un gringo que quiso tomar en su cámara, la película de lo que estaba ocurriendo, fue asaltado y despojado de esas imágenes que recordarían los sucesos del 9 de abril de 1945, lo que salvo a Guillermo Barrios, de un carcelazo seguro, pues aparecía como el instigador del Parque Santander. La fuerza de los ‘inadaptados’ fue decreciendo. En Santa Marta, ya Nacho Vives había sido inhabilitado para cualquier protesta y con los días, la calma 

fue retornando al país.

     Pero nadie, ha podido borrar la mancha del ‘chocorazo’ forjado dentro de las horas siguientes al cierre de las urnas y los diez días siguientes al 19 de abril. De una ventaja notable de más de 120 mil votos que Rojas le sacaba a Pastrana en todo el país, a los dos días, ya quien estaba encima en los conteos, era Pastrana Borrero, quien finalmente se impuso por algo más de 60 mil votos.

     Crónicas de ese tiempo, señalan que el periódico El Espectador alcanzó a titular una edición de las tres de la mañana del 20 de abril, con ‘Una ligera ventaja de Rojas’, que fue cambiando con el transcurrir de las horas y con el pequeño detalle de que no fue la Registraduría Nacional la encargada de dar los informes, sino desde el Ministerio de Gobierno.

     La verdad histórica, será difícil de comprobar, pues muchos de los testigos directos han pasado a responder lista con San

Pedro, hasta el mismísimo Registrador de apellido Jordán, en cuyas aguas se salvó el candidato conservador. Pero los indicios fuertes, señalan que Pastrana Borrero aterrizó en el Palacio Presidencial, con la ayuda de un experto piloto, el Presidente Lleras Restrepo.

     A las pocas de nada, el elegido, ya posesionado en señal de agradecimiento, acabó en el Pacto de El Chicoral, con lo escaso que había hecho su antecesor por los campesinos del país, en materia de reforma agraria. Y para más contento de los banqueros, se inventó un sistema de financiación de vivienda popular y de ingresos medios que se denominó Unidad de Poder Adquisitivo Constante, UPAC, por sus siglas, que arrasó con los ahorros de quienes se aventuraron a comprar casita, con tan novedoso sistema y que luego quedaron en la calle al no poder pagar su descomposición en pesos reales. Los juzgados civiles, hicieron el resto para consumar el despojo y entregar las casas embargadas y los apartamentos impagados a los poderosos banqueros del país.

     La ciudad en cambio, recibió hitos importantes para su desarrollo de ese gobierno, pero más por iniciativa local que por decisión firme del Estado. En primer lugar, la creación de la Zona Franca Industrial y Comercial, vuelta realidad por la tozudez de un dirigente local, Don Julio Gerleín Comelín, quien ya había participado en la conversión en puerto marítimo y fluvial de la ciudad en detrimento de Puerto Colombia.

     Hizo retomar a Barranquilla, un desarrollo que venía en picada desde hacía muchos años atrás. Hacia el año 1974, la inauguración del Puente Pumarejo, obra que impulsó el dirigente liberal Alberto Pumarejo, desde el Congreso y desde la parte directriz de El Heraldo, el periódico más importante de la Costa.

Obra que no llenó todas las expectativas, por cuanto la altura del mismo, frenó el desarrollo de la zona portuaria y de la misma Zona Franca.

     Críticos del proyecto afirman que fue por simple capricho del Presidente Lleras Restrepo, que, por cuestiones presupuestales, escogió el de menor altura. Algunos caricaturistas con sorna llegaron a

decir, que no toleraba que algún proyecto en Colombia, fuera más alto que él. Pienso que eran inventos de Nacho Vives, su mayor opositor, durante su gobierno.

     No sé, si por maniobras del presidente Pastrana, el puente fue bautizado por decreto como Laureano Gómez, pero el pueblo barranquillero, lo denomino desde su inauguración como Puente Pumarejo y hasta el cancionero popular con Marco Aurelio Álvarez a la cabeza, han hecho piezas musicales con este nombre.

     Mientras tales sucesos, tenían lugar, avanzaba el tiempo de amaño en la radio y en la prensa hablada, como se decía entonces, pues en la Universidad, eran más difíciles las pruebas para

optar por el título de abogado, no por el contenido de los exámenes, sino por las talanqueras que la rectoría de había propuesto, para quienes éramos considerados como militantes de izquierda.

     Una posición inverosímil, pero de acuerdo con el talante conservador del gobierno. De todas formas, alcanzamos a presentar, tres preparatorios y en medio de la confusión y por la viveza de algún legislador, afanado por ser leguleyo titulado, las pruebas se redujeron a tres y la presentación de una tesis de grado.

     De tal modo que, de la noche a la mañana, como en las elecciones pasadas, quedamos a un tiro del cartón de Abogado. Aun así, las necesidades en casa se fueron acrecentando por cuanto la panadería, ya no rendía los ingresos suficientes y el periodismo, la radio actuación y la locución nos habían mejorado el sueldo, por lo que se aplazaban los tiempos de estudio. Además, mis amigos, ya graduados, trabajaban en entidades oficiales o con oficina propia, por lo que el estudio sería en solitario. El proyecto de grado, quedó congelado.

     Las labores de periodismo, me mantenían ocupado, cubriendo los frentes políticos de la Gobernación y de la Alcaldía, además de la Asamblea Departamental y el Concejo Municipal, por lo que lograba ir creando vínculos con la clase política de la región perteneciente a diversos bandos. Desde el mismo José Antonio Name Terán, Roberto Gerlein Echeverría, Carlos Martín Leyes, Juan J. Slebi, Musa Tarud Hazbún, Juan B. Arteta y demás animales políticos del momento, incluyendo a presidentes y ministros que visitaban la ciudad bien en campaña o ya posesionados en sus cargos.

     Además, dentro de la redacción del Noticiero Todelar de la Costa, contaba con dos orientadores invaluables Antonio Abello Roca, quien había sido Ministro de Comunicaciones y Hernando Quintero Millán, quien se conocía todas las ramas y las figuras sagradas del partido conservador en lo local y lo nacional. Con maestros así, el aprendizaje se facilitaba.

     Por el lado de los dramatizados, el trabajo no era menos denso. Ya se habían institucionalizado varios programas de fin de semana y algunos diarios en horas del mediodía y en la noche. Como en la novela de Vargas Llosa, ya citada de la Tía Julia y El Escribidor, esta otra ocupación, obligaba a ser creativo en cuanto a efectos sonoros se refiere, pues a pesar de tener ya algunos grabados, en la cabina del elenco, era necesario improvisar.

     Los pasos, sobre un tablado de madera, dentro del estudio; la simulación de un viento silibante en la noche, que realizaba con un anillo heredado de mi hermano, soplando en el aro del mismo; el ruido de una ruleta en un casino, con un bolígrafo y su resortera; el galope de un caballo, con golpes acompasados en el pecho y otros que se obtenía de grabaciones en la calle o en casa, como los de un reloj de pared en su tic-tac o en las campanadas lúgubres de medianoche.

     Un día, en un episodio en vivo de ‘La ley contra el hampa’, en una escena de un atraco en un bus de transporte público, se debían escuchar los efectos de unos disparos y el grito de un pasajero herido a bala, pero al control de sonidos, se le extraviaron los efectos y ante el silencio reinante, en un arranque de ingenio,

exclamé:

     “¡Ay Dios mío, me han herido con arma blanca!”.

     Y el episodio continuó con la risa contenida de Elsa Carrillo y la rabia que invadía la cara de nuestro director Álvaro Ruiz Hernández. Como se observa, estas actividades eran un reto a la imaginación y una distracción total para mi carrera de abogado.

     Entonces, aparecieron varios hechos, que hicieron retomar el camino extraviado. El primero, el cambio de estado civil de mi mejor amigo; el segundo el cese de actividades en Todelar. El tercero que el elenco teatral

perdió a su director Álvaro Enrique Ruiz Hernández, quien encontró mejores espacios en La Voz de Barranquilla y nos pidió acompañarlo en su nuevo trabajo, como periodista y como radio-actor con mejor remuneración y menos tiempo de ocupación. Y uno último y más importante, la aparición de una joven que pondría a este joven a soñar en las alas del amor.

     A no dudarlo, que la última causal señalada es a luces vista, la más importante. Entonces corresponde abordarla en su momento y a mayor amplitud.

     La mayor parte de los compañeros de Universidad, habían reorganizado sus vidas. Entre ellos, mi hermano Rafael Uribe Name. Rafa, con un buen empleo en la Contraloría General de la República y que ya graduado, inició la búsqueda de nueva ocupación en el sector privado. Ingresó a una de las empresas insignia del grupo Santodomingo como Jefe de Personal, en Aluminios Reynolds.

     Y se fue organizando con su novia de la Universidad Miriam Lobello Escorcia, quien también había culminado su formación como abogada. Miriam y Rafa, contrajeron nupcias en los últimos meses de 1970, se mudaron para un apartamento arrendado cercano al Teatro Murillo, a menos de una cuadra de donde vivían sus señores padres, Silvia Name y Juan Uribe Vallejo y su hermana María Helena.

     Este acontecimiento, marcó un ligero alejamiento en la comunidad que sosteníamos y la necesidad de ir arreglando una soledad que, de invadirme, podría tener consecuencias imprevisibles para seguir esta marcha, esta larga marcha.

JOSÉ JOAQUÍN RINCÓN CHAVES