Para el barranquillero, el fin de semana arranca a partir de cada viernes. Al comenzar a agonizar este día, las emisoras de radio, como de costumbre, cambian su programación, anunciando con bombos y platillos que ha llegado el ‘Viernes cultural’, dos palabras que significan darle un tatequieto a la semana para acordar con los amigos la farra a programar, sobre todo cuando ese viernes coincide con el pago de la quincena.

     El celular es el medio más apropiado para llamar al amigo, frases como “Ajá, loco, y ¿qué tenemos para hoy? ¿Dónde es la rumba? Aunque para prender la recocha anticipada ─24 horas antes─, algunas emisoras o programadores anuncian a todo pulmón: “¡Hoy es… juernes!”

     Y, entonces, se ‘mueven’ los sitios conocidos como escenarios de tradición musical, donde los amigos se reúnen a escuchar salsa pura, la salsa añeja, salsa de colección, esa que inicialmente se oye con entusiasmo, pero que, transcurridas las horas y las copas libadas, incita al baile y convierte esos lugares en bailaderos, ya sea a solas ─sola una mujer, solo un hombre─ o en pareja.

     ‘El bailador’ ─en la voz del Joe, con su orquesta La Verdad─, rinde un homenaje a quienes, con el termómetro corporal en ‘tres-quince’, salen al ruedo a demostrar con sus pases que la salsa dura, la salsa añeja, que no solo es para escucharla sino para sacudir el esqueleto, forrado de músculos y de piel y que acapara atención de los amigos o del público en general, quienes no niegan el aplauso, incluso atronador, para el contorsionista rítmico. En estas situaciones, no falta la competencia improvisada, la cual surge para demostrarse, unos a los otros, quién es el que más pases tiene en su repertorio.

     Un viernes de los anunciados, se me ocurre visitar al primo Jaime… Llegó a eso de las dos y treinta, el sol está en su apogeo y unas cuantas personas sudorosas buscan refugio… El lugar, ubicado en la carrera 42 con calle 68, esquina de esta Barranquilla calurosa, es un reconocido punto ¿de encuentro que se conoce con el nombre de

‘dominó.com’.

     Su nombre insinúa un sitio que ha de tenerse como punto de encuentro de viejos amigos que allí se dan cita para disfrutar de un tradicional juego, muy metido en el corazón ‘ñero’: el entretenedor dominó. Es un lugar reconocido, no solo por quienes habitualmente allí se reúnen: abogados, jueces, músicos, 

pensionados o transeúntes que lo programan o hacen un pare en el camino, para degustar una bebida refrescante y darle un tubazo al intenso calor que abrasa a ‘La arenosa’.

     domino.com, con el transcurrir de los años, se ha convertido en un lugar de reconocida trayectoria, no solo frecuentado por los barranquilleros, sino por visitantes de otros lugares, de otros países, quienes, invitados por amigos, aprovechan cualquier lugar del año, para venir a Barranquilla, disfrutar de sus playas vecinas, degustar de comida típica y gozar de un fin de semana… Foráneos que se vienen de parranda para

celebrar algún motivo: un cumpleaños, o cualquier otro embeleco que invite a la gozadera, a dejar untarse de ese espíritu festivo que el costeño lleva impregnado en su cuerpo, mente y alma. Hay que resaltar que en dominó.com, también se ofrece deliciosa variedad de mecato, con el típico sabor ñero, y un punto de comidas rápidas que complementan el ambiente festivo y alegre para los parroquianos.

     El primo Jaime se alegra de verme. Sentado en un rinconcito, al frente de su equipo de sonido, desde donde programa el cargamento de salsa variada que se escucha como fondo para darle toque de rumba animada a los que ya ubicados en sus respectivas mesas acondicionadas para el juego ─28 fichas, 4 jugadores─ se aprestan a acordar las reglas del juego: “Gana el que ponga en el tablero su última ficha”. O el que provoca una encerrona y destapa su ficha o fichas para mostrar al adversario el menor número de pintas, o a cuántas pintas se realizará la partida.

     Cada mesa con sus cuatro puestos, la mesa cubierta con tapete rojo, de tela similar a la del billar… Debajo del borde de la mesa, la crecida panza de algunos cuarentones sedentarios apretujadas contra ese especio en el cual los jugadores acomodan sus fichas para evitar que el contrario se las vea. La tarde va transcurriendo, el calor sofocante va muriendo lentamente, las tandas de cervezas que apuestan se van acumulando en sus respectivas cajas.

     Olvidaba contarles que el primo cuenta con dos ayudantes, quienes atienden de manera eficiente a los entretenidos jugadores que se apostan en cada mesa.

     En la medida en que la tarde va declinando, llegan más y más visitantes, se arman más mesas para los nuevos jugadores.

     Cada equipo tiene su mesa reservada, amigos que de costumbre se reúnen para mitigar la rutina, el calor y apostar en cada juego, la tanda de las ‘frías’ o el valor a pagar por partido, por pase. Ese precio tiene en el argot 

costeño su nombre típico: el ‘billullo’, la ‘tabla’’, la ‘barra’, la ‘luca’: “Se me acabó el ‘billullo’, pagué 20 ‘lucas’ en cerveza y solo tengo lo del taxi: 10 ‘barras’… Mañana le prestaré a la ‘jermu’ 20 ‘tablas’”.

     En fin, cada equipo tiene sus propias reglas de juego: algunos, jugadores, cuando le toca su turno para colocar la ficha en el punto indicado, la aplasta con fuerza sobre la mesa, como para amedrentar o impactar al adversario, y genera un chasquido como ese ruido seco que se escucha cuando se le zampa una cachetada a la jermu histérica.

     Observo al primo entretenido en su consola, con un cuaderno y lápiz anotando el pedido de cada mesa… Uno de los ayudantes, un joven que ya tiene varios meses de desempeñarse en el oficio, es quien atiende al personal de las mesas de juego y, el otro, es quien se encarga de atender a los que solicitan algún otro tipo de consumo.

     domino.com es un lugar acogedor, un lugar de remembranza de anécdotas e historias que cada persona comparte con su equipo de mesa, viejos amigos que cada tarde, sobre todo en fin de semana, se encuentran para, además de jugar la partida, fortalecer esos lazos que se ha venido tejiendo desde los años juveniles. Y como para darle toque de distinción el sitio, también se presentan programaciones artísticas que resaltan el alegre y ‘recochero’ espíritu caribeño.

     Dedico parte de la tarde a compartir algunas inquietudes con el primo Jaime, pero, sobre todo, me gusta observar los jugadores de cada mesa. Quien conoce detalles de cada uno de ellos por la frecuencia con que visitan, es el primo quien me comenta algunas anécdotas sobre los asiduos visitantes.

     “Te repito, primo Nando, aquí a dominó.com vienen semanalmente músicos, jueces, abogados, comerciantes, ganaderos, pensionados y algunos de ellos, con el inocultable sello de la edad en la cara, dicen que pertenecen a la sociedad de los PM, y alguno hasta en tono burlesco, le dicen a su contrario del juego, burlonamente: «Abre el ojo, marica, que la Fiscalía te está buscando por llevar un muerto cabeza bajo, encima esa vaina de la sociedad de los PM»”. Mamando gallo, digo: “¿Puro mastique? o ¿‘Icha muelta’?”, como dijo el ñato. El ambiente es acogedor, árboles como el almendro, mango y roble, algunos corpulentos, ofrecen una sombra refrescante.

     Definitivamente, Barranquilla, ‘La puerta de oro’, ‘La arenosa’, ‘Mi curramba, la bella’, nos ofrece esta equina ─“Salsa las esquinas son”, en la voz de Ismael Miranda─, de

ambiente acogedor.

     Al iniciarse la recta de fin de año, la capital de vida vive vidas. Va siendo la misma, aunque ya ha cambiado su estructura en lo que se refiere a nuevas construcciones arquitectónicas. Cómo relucen los complejos deportivos ─unos remodelados, o construidos─ de que se dotó el Distrito para la celebración de los XVIII Juegos Centroamericanos y del Caribe. El brillo de tales justas deportivas, catapultó la imagen de ‘La puerta de oro’, de ´La arenosa’, de ‘Mi curramba, la bella’, con un sello de distinción y calidad sin precedentes.

     Al director de El Muelle Caribe lo espero en dominó.com pa’que me demuestre que si distingue entre un doble seis y ‘la pelá’.  

Escrito por Fernando A Molina M

C.C 7447.730

T.P De Abogado 91666 expedida por el Consejo Superior de la judicatura

Cronista Web para el Caribe