Quien no haya escuchado una canción de Alci Acosta, de seguro no sabrá lo que es nostalgia, despecho, ni tampoco habrá catado unos buenos aguardientes gimoteando con estos boleros que forman parte de la historia musical de Colombia.

     Algunos lo califican como ‘El rey del bolero’, pero en realidad es ‘El emperador del sentimiento’.

     Más de un sollozo recordarán enamorados que han dedicado estas cantinelas a más de una fémina dura de conquistar.

     Los juguetes de Alcibiades Alfonso Acosta Cervantes fueron guacharacas, timbales, marimbas, acordeones y guitarras, mientras que sus cantos infantiles eran porros, cumbias, boleros y hasta merengues. Entre tíos y primos, tenían la orquesta ‘Soneros costeños’.

     Nació en Soledad, Atlántico, el 5 de noviembre de 1938, y le fascinó tocar piano en su adolescencia, por lo cual se trasladó en 1957 a Barranquilla para trabajar en varias orquestas. Le gustaba escuchar boleros y en especial ‘Una historia de amor’,

interpretado por Leo Marini con ‘La sonora matancera’. En 1965 presentó audición para Zeida, un sello de Codiscos, y gustó la forma de cantar de este soledeño, cuando tenía 27 años. El maestro Cristóbal San Juan le entregó un tema que se convertiría en el primer gran éxito de Alci Acosta: ‘Odio gitano’.

     “Qué tratas de insinuarme con tus actos/ a mí que te saqué de la amargura/ engáñame si quieres que tu engaño/ es fango que no mancha a mi blancura/ No vayas a creer que estoy llorando/ Si acaso me ves triste por doquiera/ Bien sabes que las lágrimas del alma/ No brotan a mis ojos por cualquiera&/ Confieso que te quise con el alma/ te di mi corazón sin condiciones/ Y tuviste el coraje de engañarme/ Pagando mi cariño con traiciones/ Si fuera vil gitano te dijera/ Tres frases que contengan brujería/ que vayas por el mundo muerta en vida/ y vivas mil años de hechicería”.

     ¡Mucho tema!

     Como su primer contrato fue por unos 8 años, Codiscos aprovechó su permanencia y le grabó boleros con Julio Jaramillo ─el ruiseñor de América─-, Olimpo Cárdenas, Óscar Agudelo, Gabriel Raymond y después con ‘El combo de las estrellas’.

     Fue el encuentro con los grandes artistas populares del momento. Cuando falleció Julio Jaramillo, Alci Acosta envió un sentido mensaje de solidaridad con el pueblo ecuatoriano.

     Cada año, Codiscos le grababa un disco de larga duración y no fallaba al menos en dejar 3 éxitos.

     El maestro Alci armó un grupo con percusión y su voz como

ingredientes principales. ‘Traicionera’ del maestro Jaime R. Echevarría, ‘Si hoy fuera ayer, de Edmundo ‘Cabeza de nido’ Arias, ‘El contragolpe’ de Miguel Valladares y ‘La cárcel de Sing Sing’ del dominicano Bienvenido Brens Florimón, son temas que sus apasionados seguidores de Colombia, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, México, Puerto Rico, República Dominicana y Perú siempre le pidieron en sus conciertos.

     Fue tanta su popularidad que en la película ‘Don Pantaleón y las visitadoras’ se escuchan varias canciones interpretadas con su voz como ‘La Cárcel de Sing Sing’.

     Pero la lista de canciones para románticos prosiguió con ‘No renunciaré’, ‘La copa rota’, ‘El último beso’, ‘El contragolpe’, ‘Amiga mía’, ‘Amor gitano’, ‘Bravo’, ‘Brindo, brindo’, ‘Camas separadas’, ‘Cierra los ojos’, ‘El bacán’, ‘El contragolpe’, ‘El preso número 9’, ‘Gota gota’, ‘La cama vacía’, ‘Me llevarás en ti’, ‘Mi querido cascarrabias’, 

‘Niégalo todo’, ‘No’, ‘Odio en la sangre’, ‘Por qué se fue’, ‘Pecado’, ‘Renunciación’ y ‘Señora bonita’, entre otras. Sólo compuso una canción: ‘Eres mi amor’ y lo inspiró Ruth María, su esposa.

     Una de sus dificultades que tenía era cantar y tocar piano al mismo tiempo y en una grabación para ‘El show de Jimmy’, el mismo Jimmy Salcedo le explicó cómo emplear las manos sin mirarlas.

     Es padre de Alci Acosta Jr., ‘El checo’, salsero, merenguero, hombre de cumbia, son, mapalé y decenas de ritmos tropicales. Y cuando quiere, baladista.

     El maestro llega a los ochenta años y sus canciones siempre serán seguidas por los sentimentales y amantes de la buena música con letra para libar.

     ─¿Para dónde va señor?, le dijo la recepcionista de la Casa de Nariño a Juan Luis Londoño Arias.

     ─Jajajaja, ¿no me conoces?

     ─No señor, le contestó la agraciada dama.

     ─Jajajaja, guevis, soy Maluma.

     ─¿Malu qué?

     ─Maluma… el cantante. El de “Te presto mis ojos/ Para que veas lo hermosa que eres/ Te presto mis manos/ Para que toques las nubes si

quieres/ Te presto mis dedos para que recuerdes/ Todo lo que hicimos esa noche del viernes” ─empezó a mascullar el vocalista ante la indiferencia de la señora que daba el visto bueno al ingreso a la Casa de Nariño.

     ─¡Guarda!, por favor ─gritó al ver que el señor de colita, barbita y risitas tímidas, le cantaba a ella.

     Entonces el cantante se calló y no sabía qué hacer cuando apareció un señor encorbatado de protocolo y le informó a la recepcionista que el hombre tenía una cita con el presidente.

     Subió a la oficina del mandatario, quien lo esperaba con sus hijos, amigas de sus hijos y unos cuantos hijos de funcionarios que miraban al reguetonero con asombro. Él les hizo algunos ademanes de movimiento y los jovenzuelos le pidieron que cantara ‘Felices los cuatro’.

     “Apenas sale el sol y tú te vas corriendo/ Sé que pensarás que esto me está doliendo/ Yo no estoy pensando en lo que estás haciendo/Si somos ajenos/ Y así nos queremos”…

     Gritería en los pasillos de tapete rojo de la casa presidencial.

     El gobernante de los colombianos lo saludó afectivamente: “Bienvenido viejo man”… Y le dio un fuerte abrazo.

     ─¡Uy, qué rechimba de oficina y mire qué rechimba ese patio, grande como un putas!

     ─Esa es la Plaza de Armas.

     ─Pero no veo ni una, jajajaja… Miren a este man empiyamado….

     ─Hombre, respete, ese es Simón Bolívar en su discurso en el Congreso de Angostura.

     ─¡Uy, qué chimba! No hermano, pero este piano reviejo debería de cambiarlo….

     ─Ese piano era de Manuelita Sáenz.

     ─¿Y ella en qué grupo tocaba?

     ─Hombre, Manuelita Sáenz, la amante de Bolívar.

     ─¡Uy qué rechimba! ¿Y estos tapetes por qué los tienen ahí colgados? ¿No sería mejor secarlos en la Plaza de Armas?

     ─No son tapetes. Son gobelinos, muy finos, elaborados en Francia, en los talleres de Gobelín.

     ─¡Rechimba! Tan bacano ese pájaro. Debe ser una pintura abstracta de un man de dosis mínina.

     ─No señor. Es un cóndor hecho por el maestro Obregón.

     ─¡Uyyyy, tan cacharra esta bandera!

     ─Es una obra tejida por la familia Amaral, hecha con lana campesina, crin y algodón. Se demoraron seis meses en hacerla. El presidente Belisario Betancur la utilizaba en sus alocuciones presidenciales.

     ─¿Y estos manes que están en este salón quiénes son?

     ─Este es el despacho presidencial. Y esos cuadros son de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño.

     ─¿Reguetoneros?

     ─No, hombre, padres de la patria.

     ─¡Uy qué chimba!

     ─Este es el Salón Azul o Salón de la Patria y es el comedor donde nos reunimos con algunas personas y esas pinturas son de regiones de Colombia pintadas por el maestro Antonio Barrera, un destacado paisajista bogotano y esos jarrones los regaló el gobierno de China.

     ─¡Rechimba!

     ─Este otro es el salón Virreinal.

     ─¿Acá vienen las reinas de belleza? ¿Las chimbitas?

     ─No, hombre, se refiere a los virreyes. Ese cuadro es del virrey Sebastián Eslava, quien defendió a Cartagena cuando los corsarios ingleses quisieron tomarse la ciudad.

     ─¡Rechimba maestro! ¿Y este jarrón?

     ─Mucho cuidado. Es un escarabajo hecho en Alemania y acá está la capilla que mandó construir doña Lorencita Villegas de Santos y allí rezó san Juan Pablo II. ¿Qué quieres tomar Maluma?

     ─Sisas parcero. Un jugo de naranja. ¿No me dijo que viniera por un jugo de naranja?

     ─Bueno, quería hablar sobre economía naranja.

     ─Ah, eso debe ser pa’ los campesinos. Yo poco de naranjas. Una abuelita sí las cultivaba. ¿Le gusta el jugo de naranja con avena?

     ─Es una rechimba.

     Aunque estudió Matemáticas y quizá fue uno de los primeros ingenieros graduados en Colombia, pudieron más las poesías, los poemas, el latín, el griego y el romanticismo en la vida de Rafael Pombo Rebolledo.

     Es posible que aún recuerde aquella poesía que empezaba diciendo: “El hijo de rana, Rinrín renacuajo/ salió esta mañana muy tieso, muy majo/ Con pantalón corto, corbata a la moda/ sombrero encintado y chupa de boda” y de inmediato siga usted con el resto de la obra.

     O de pronto haga remembranza con aquel poema que comenzaba con: Simón el bobito llamó al pastelero:/ ¡a ver los pasteles, los quiero probar! / repuso el otro, pero antes yo quiero/ ver ese cuartillo con que has de pagar/ Buscó en los bolsillos el buen Simoncito/ y dijo: ¡De veras! no tengo ni unito”.

     Y uno más: “Michín dijo a su mamá:/ «Voy a volverme Pateta, /y el que a impedirlo se meta/en el acto morirá»”.

     A propósito, Pateta quiere decir mentecato, por si alguna vez se preguntó que significaría esa palabreja.

     Escribió una que era de obligatoria lección con el uso de la memoria: ‘Doña Pánfaga’, en la cual relucía un sin número de esdrújulas: Según díceres públicos,

doña Pánfaga hallábase hidrópica,/ o pudiera ser víctima de apopléctico golpe fatal;/ su exorbitante estómago era el más alarmante espectáculo,/ fenómeno volcánico su incesante jadear y bufar.

     Sus fámulas adláteres la apodaban Pantófaga omnívora/ gastónoma vorágine que tragaba más bien que comer,/ y a veces suplicábanle (ya previendo inminente catástrofe),/ “Señora Pánfaga, véase el buche, modérese usted”.

     Aunque a Rafael Pombo se le conoce por su obra poética infantil con obras como ‘Simón el bobito’, ‘Doña Pánfaga’, ‘El renacuajo paseador’, ‘Cutufato y su gato’, ‘Pastorcita’, ‘La pobre viejecita’ y ‘El niño y la mariposa’, también escribió poesías llenas de amor y espiritualidad como ‘Preludio de primavera’.

     Fueron más de 670 poemas y 200 traducciones lo que dejó para la posteridad este bogotano que nació el 7 de noviembre de 1833. Hijo del político, militar y diplomático cartagenero don Lino de Pombo O´Donnell y de la distinguida dama payanesa Ana Rebolledo y primo del literato y político Julio Arboleda.

     Desde muy pequeño escribía poesías y luego se dedicó a traducir del latín a los grandes clásicos de la literatura. Después estudió Humanidades y posteriormente recibió el grado en Matemáticas e Ingeniería, profesiones que 

ejerció unos cuantos meses.

    Fue cónsul de Colombia en los Estados Unidos y allí mantuvo tertulias con grandes poetas como Henry Wadsworth y William Cullen Bryant.  

     Se dice que fue el único poeta que ha vivido de su obra. En 1905 fue galardonado por su trabajo en una imponente ceremonia en el teatro Colón de Bogotá.

     Él se recluyó en su casa en Bogotá, sufrió un cáncer estomacal y tuvo un decaimiento físico hasta que la pelona se lo llevó el 5 de mayo de 1912. Su cadáver fue llevado al Cementerio Central

de Bogotá, donde aún algunos vates visitan su panteón.

     Cuando se conmemoraron los cien años de su fallecimiento, algunos críticos salieron con la historia que decía que Pombo había plagiado obras de la literatura inglesa. Otros lo defendieron al considerar que la traducción también es un trabajo de coautor.  

     Pombo no tenía por qué plagiar. Fue inmensa su imaginación: “Érase una viejecita/ sin nadita que comer/ si no carnes, frutas, dulces, /tortas, huevos, pan y pez/ Bebía caldo, chocolate, /leche, vino, té y café, / Y la pobre no encontraba/ qué comer ni qué beber”.