Desde mi despertar, al alba de este reciente santo jueves, no pude evitar que, como un tráiler —un corto o síntesis de una película— se me vinieran a mi mente múltiples recuerdos, como una secuencia de estampas vividas en semanas santas durante mis primeros 66 años, 50 de ellos en Barranquilla, mi ciudad de nacimiento.

     Solo pude parar la compulsión de contarlas —parar la ‘repetitiva película mental’—, cuando terminé de escribir lo visto en esas ‘estampas mentales’, al salir el radiante sol y antes de que se me olvidaran para siempre. Estampas recordadas de los años 50*s, en mi infancia:

     *Mis queridos viejos Gustavo Gregorio y Emma Saturia celebran felices, como todos los ‘domingos de ramos’, un aniversario más de su matrimonio sacramental católico. Mi familia Romero Escobar cumplió en esta Semana Santa 84 años de creada por ellos. Mis padres fueron católicos ejemplares y nos educaron con sus principios y valores cristianos y dándonos ejemplos positivos de vida social y familiar.

     *Estoy cargado en los hombros de mi padre caminando junto a mi madre lentamente rodeado de la muchedumbre piadosa y devota en las procesiones del Santo sepulcro de la iglesia San Nicolás y La Virgen Dolorosa de la iglesia de San José en Barranquilla.

     *Las iglesias, los jueves y viernes santos, están llenas de feligreses estrenando elegantes vestidos. Las mujeres vestidas de colores púrpura —morado— y negro. Los hombres con camisas blancas y corbatas y pantalones negros. Lucen así tanto en las ceremonias religiosas como en las visitas a los llamados ‘monumentos’ o altares religiosos. ‘Monumentos’ que nada tienen que ver con las sexis y voluptuosas féminas.

     *El Radio Phillips de mi casa —“algún día su radio será un Phillips y Murcia se lo vende”, decía el comercial—, que demoraba una eternidad para obtener la señal cuando se encendía. Se transmite desde la Emisora Atlántico y durante toda la semana, música clásica, lecturas bíblicas y narraciones de la pasión de Cristo, dándole el toque funerario y triste. Nada de la música de moda del momento, la de Pacho Galán y Lucho Bermúdez.

     *La nevera de mi casa está llena de frascos grandes de Nescafé, conteniendo ricos dulces que nos trajeron de Sabanagrande: de guandú, ñame, mango, icaco, papa, tomate, leche, coco, guayabas, piña y otros frutos, hechos por ellas, mis tías paternas. También de exquisitos flanes y gelatinas de multicolores y sabores, elaborados por mi madre y mi hermana Yola con maizena y huevos. Nada de ‘Ferias del dulce’ en el parque Suri Salcedo o en el Barrio Abajo, ni mucho menos ‘Dulcerna’, ‘Violy’ o la heladería Americana. Ahora, escribiendo esto, 54 años después y como si fuera una película de cine en 3D, todavía percibo, huelo extasiado, ¡sus deliciosos aromas!

     Estampas recordadas de los años 60’s y 70’s, en mi adolescencia y primera juventud:

     *Me veo sentado junto a mis tres hermanos mayores varones, y cincuenta primos paternos sabanagranderos, a un lado de la larga y arenosa calle del pueblo de Santo Tomás, mirando desfilar a los ‘Penitentes de Semana Santa’, con sus rostros encapuchados y cuerpos ensangrentados de tanto golpearse y por las heridas que su acompañante le hace en sus espaldas con una cuchilla de afeitar Gillete y luego le arroja, dizque para desinfectarlas, ron blanco. Así agradecen a su Dios —que según sus creencias les satisface el sufrimiento de los demás— pagándole con dolor una manda por el milagro o favor recibido de parte de Él. ¡Claro que más sádicos, pienso hoy, éramos nosotros que íbamos a verlos, a fin de tener un motivo para, ante el infernal calor, parrandear con cervezas frías ‘vestidas de novia’ y beber ron en las rocas, y con pasa-bocas de cerdo frito, nada menos, que, en un Viernes Santo, cuando era ‘pecado’ comer carne diferente a la del pescado!

     *Los opíparos almuerzos con sancocho de sábalo con leche de coco, arroz de camarón y pescado ‘bocachico en cabrito’ acompañados de patacones y bollos’e yuca, ensalada de aguacate, tomate y cebolla, que preparábamos y luego devorábamos toda mi numerosa familia y allegados amigos, los Viernes Santos en el paradisiaco patio de la casa de mis padres, en el barrio Boston.

     *Las idas, los días santos, a las vespertinas de los teatros ‘Doña Maruja’ y ‘San Jorge’ para ver, por enésima vez, las ya vetustas y raídas películas ‘El mártir del Calvario’, ‘El rey de reyes’, ‘Espartaco’, ‘El manto sagrado’. La mayoría en blanco y negro y un español mejicano.

     Las candentes ‘Parrandas santas’, en las cuales ‘rugía’ la tetósterona, en las playas de Cartagena, El Rodadero, Bahía Concha, Parque Tayrona, con las compañeras y compañeros de estudios universitarios de Administración, Psicología, y otras carreras de Uninorte, y durmiendo en el ‘hotel playa’ o sea en la física arena, en carpas, y debajo de los carros obsequiados por sus padres a mis pudientes amigos universitarios. La música clásica sonaba en las emisoras de radio, pero nosotros con nuestro propio conjunto vallenato universitario donde yo era corista, cajero y timbalero, hacíamos sonar los éxitos de moda del Binomio, Los Hermanos López y Diomédes Díaz. Aquello de que “¡La parranda es pa’amanecé, al se duerma lo trasquilamos!”, allí lo hacíamos realidad.

     *Las rumbas con mis amigos de mi infancia y nuestras innumerables ‘novias’ de la santa ocasión, especialmente lindas jóvenes ‘cachacas en Playa Uva, Galerazamba, discotecas y playas de ciudades de la Costa Atlántica Colombiana. ¡Juventud Divino Tesoro!

     Estampas recordadas de los años 80’s y 90’s, edad de mi ‘madurez’, casado y con hijos.

     *Me veo ya casado, calmado y reposado de mi furor adolescente y universitario, disfrutando y descansando la Semana Santa entera, de domingo a domingo, junto a mi esposa Yadi, y mis dos hijos Kike y Silvana —ahora los niños y adolescentes son ellos—, en varios hoteles de El Rodadero, Riohacha, Taganga, Cartagena, San Andrés Islas, Islas del Rosario, Tolú, Coveñas y Minca. Yo era en esa época asesor financiero de las cadenas Decameron, Asahoteles, Travelodge y Hilton y pedía que una parte de mis honorarios me los pagaran en canje por el valor del costo de los servicios hoteleros a los cuales yo les pronosticaba y establecía las respectivas tarifas o precios para sus hoteles.

     *Como amigo personal y familiar de arzobispos, obispos y sacerdotes de mi religión católica, colaboré, durante 15, o más años, en las celebraciones eclesiales de Semana Santa, como lector y narrador de las lecturas de la Pasión de Jesús en varias parroquias en especial en las iglesias de Las Tres Ave Marías, San Francisco, y Torcoroma de la ciudad de Barranquilla.

     *Disfrutando la buena bebida y comida, bailando y disfrutando la playa, brisa y mar. Asistiendo a los actos religiosos de las iglesias, ¡cómo no!, pero en familia. Y sin excesos. Para todo hay tiempo si se quiere. Estampas desde el año 2001 hasta la fecha, viviendo mis segundos 66 almanaques en USA, en mi mejor edad: Trabajando como cualquier semana del año. La Semana Santa en el campo laboral y comercial es una semana corriente y no tiene nada de santa. Coincide, a veces, cómo este año, con la vacación de primavera o Spring Break de los colegios y universidades. Yo, cómo católico, apostólico y barranquillero voy a las celebraciones religiosas de mi parroquia de mi barrio Silver Lakes los Jueves y Viernes Santos, de 8:00 a 10:00 p.m., y listo.

     *En USA la Constitución nos confiere a sus ciudadanos el derecho de tener o practicar y de no tener o no practicar una religión. La que te dé o no te dé la gana. Pero eso sí, también te exige la obligación de respetar, no discriminar a nadie por sus creencias. Depende de cómo lo hagas porque si no lo haces y te burlas, eso se llama acoso o “bullyn’ y es considerado ¡un crimen!

     Finalmente te comento: yo vivo, siento, y continúo disfrutando como en mi amada patria de nacimiento, Colombia, mi Semana Santa católica, aun lleno de mucha felicidad, con sus comidas, bebidas y celebraciones junto a mi familia. Ahora, ¡mucho más con mis nietos!

     Mi deseo es que, en cualquier tiempo de tu edad, hayas disfrutado tu Semana Santa o no santa, de vacaciones o cómo mejor te hubieras permitido hacerlo. Deseo que hayas sido ¡muy feliz!