Había de decirme, pletórico de optimismo —como siempre, positivo—, que apenas le dieran de alta en la clínica, me contactaría para un diálogo vía chat a fin de que escribiéramos, a cuatro manos, un Gran Reportaje sobre esa experiencia de batallarle a La Parca hasta vencerla.

     Después había de alertarme sobre la falta de una ‘ese’ en un titular de portada y antes, no hacía mucho, lo había hecho por la falta de una coma ‘reemplaza-verbo’ en un titular de ‘página interior’.

Para que el poeta y escritor Antonio Quintero Palmera y el periodista José Orellano se reconocieran como amigos Caribe, la vuelta la hizo Juan Carlos Rueda Gómez en Bogotá, hasta donde viajó en compañía del autor. Testigo fue Claudia Marcela Orellano Silva.

     ‘No problem’, pa’eso éramos las llaves. Él, 6 años menor que yo, que ando por el “octavo escalón hacia el séptimo piso, ya, yo todavía estoy lejos”, como me lo recordaba con socarrona frecuencia.

     Errores por mero descuido y él lo sabía, porque entre Juanka y yo se había vuelto una costumbre periódica los diálogos sobre gramática, ortografía, semántica, sintaxis y hasta prosodia y pare de contar, satisfechos, tanto él como yo, de que lo aprendimos de puros autodidactas, incluso de genuinos empíricos, hoy día aterrados ante los horrores idiomáticos que pululan en la reportería escrita y televisiva, que sobre lo radial nada pudiera hablar yo porque rato ha, ando desconectado de ella. Que el asunto es peor en las ‘redes sociales ’…

     Y sobre el particular, con pinceladas verbales, Juanka —un especialista en el tema—, trazaba una figura gramatical que, de paso, obligaba a que se me dibujara una sonrisa que, muchas veces, degeneraba en carcajada. ¡Ay Juanka!, ‘El dibujante de sonrisas’, que así se autodenominaba, y… ¡con sobrada razón! Era una máquina para arrancar sonrisas, risas, carcajadas y desternilladas. Muchas veces me tocó decirle: “No joda… Me has hecho cagar de la risa”.

     El primero de abril de 2019, hace apenas 15 días, desde la clínica donde se encontraba peleando contra el cáncer —“un nódulo en el pulmón, algo grandecito; el EPOC que le heredé a Mr. Marlboro” (EPOC: Enfermedad pulmonar obstructiva crónica)— fue la última alerta que me hizo, a su manera, sobre una pifia en la portada de El Muelle Caribe.

     Juank Rueda G: ERROR EN TITULAR: ¿Recolección de firmA o de firmaS?

     Así, contundente, sin vaselina, en su estilo muy particular.

     Y es que sucede que Juan Carlos Rueda Gómez vivía pendiente —en olores de amistad sin condiciones— de El Muelle Caribe y cuántas veces descubrió una falla gramatical tantas veces me llamó para que corrigiera. Como aquella media-madrugada de abril de 2017, cuando lo hizo para decirme que estaba poniendo mal “la URL de El Muelle, mi llave…”. Acabábamos de cambiar de dominio, ya no éramos .com sino .co y al descubrirlo él allá en su casa de Barranquilla, segundos después de que yo lo colgara en la web, no dudó, sin que importara la hora, en hacer la llamada telefónica ‘correctora’ para que editara el mensaje, para que anulara el punto com y pusiera el punto co.

Todo un caballero ante la dama… La sombra del amigo cuando se requería… Juanka vivía en modo amistad. Las fotos las tomó José Orellano en Bogotá, a sabiendas de que algún día las requeriría para decirlo: Juanka vivía, a plenitud, la amistad

     —La costumbre, compa, la costumbre —había de consolarme.

     Para finales de marzo, ‘El cazador de historias’ escribió su última historia. Lo hizo desde su cama de enfermo y había de anunciármela con tres días de antelación para su publicación en El Muelle Caribe. Tras el envío por e-mail, no dejó de llamarme, una, dos, tres, varias veces, para corregir “detalles de dedo”, para precisar algún dato que le faltó dadas las dificultades de logística en el centro asistencial, para procurar una recomendación de cronista en procura de que su historia ‘saliera’ limpia, sin errores de ninguna índole.

     ¡Qué euforia la de Juanka cuando, el lunes 26 de marzo, vio el anuncio de su crónica en portada y el despliegue en interiores, con toda esa ‘ráfaga de fotos-cortesía’ que había tenido a bien enviar… Y, por algo muy especial, en la actualización siguiente, la del primero de abril, volví a publicar la nota: “Empieza a mandar entre varones… Leidy, la nueva ‘Dama del Acordeón’… ¡Por fin!, alguien que se perfila como sucesión para Alfredo Gutiérrez”. Historia que, en este número, vuelve y juega como mi homenaje a ‘El cazador de historias’. Es su última historia.

     Este sábado, poco después de un alba gris —Bogotá había vuelto a amanecer envuelta en un ambiente gélido, color plomo—, recibí, vía WhatsApp, la noticia y fue como un mazazo a los sentimientos.

     Antonio Quintero: José, creo que se fue Juank, hermanito…

     José Orellano: Huy…

     Antonio Quintero: Sí, hermanito…

     José Orellano: De las noticias que uno jamás quisiera conocer…

     Antonio Quintero: Estoy vuelto M, Jose, fuerte esta vaina…

     José Orellano: Apenas saliera de la clínica me daría una entrevista para el Gran Reportaje sobre el modo en que se la ganó a La Parca…

     Antonio Quintero: Sí, estaba optimista.

     José Orellano: Ufff…

     Antonio Quintero: Joda, por él te conocí caray… Regaló cosas buenas ese loquillo.

     José Orellano: Su última crónica la escribió desde su cama de enfermo para El Muelle: la acordeonera que triunfó en el Francisco, El hombre… Hace 21 días… ¡Qué joda!

     Antonio Quintero: Un abrazo inmenso y solidario, Jose, sé cuánto lo querías y él a ti

     José Orellano: Así es, Toño… Hay dolor en el alma.

     Antonio Quintero: Le dediqué de Monjas… Le pregunté: ¿Amigos o hermanos? Y me dijo: “Me jodiste, Toño, no puedo escoger… ¡Las dos son bellas!”.

     José Orellano: Era un hermano, era un amigo… Cómplice de los buenos pa’lo bueno…

     Y el escritor y poeta Antonio Quintero Palmera había de enviarme entonces la imagen de la caricatura que les hizo el ilustrador Rubens, en Bogotá, aquella vez en que Toño y yo nos reconocimos en la capital de la República por mediación de Juanka y con ‘La monita’, como le decía a mi hija Claudia Marcela, como testigo. Y había de enviarme también cualquier cantidad de fotos de él con Juanka, siempre en actividades culturales.

     Éramos amigos, sin dobleces; éramos colegas, con respeto; éramos orfebres del mismo cuento, él con ganas de publicar libros, yo sin tales afanes…

     El sábado, me aguijoneó el dolor… Cuando me lo contó Toño Quintero, lloré… Cuando más tarde se lo conté a mi hija Claudia Marcela, no encontré forma de evitar mis lágrimas: ¡vivía mi duelo por la partida del amigo!… Un dolor intenso que hice público en dos comentarios para los estados en Facebook de Astrid Mejía y Moisés De la Cruz, en los cuales se referían al sensible fallecimiento del amigo de todos… Dicen así:

     “Dolor inmenso, Astrid… Era un hermano, era un amigo… Cómplice de los buenos, pa’lo bueno… De mis ojos brotan hilos de dolor… Mi sentido pésame y mi voz solidaria para toda su familia, en especial para David, su hijo, mi huésped en Bogotá, antes de que se fuera a Argentina… Descanse en paz, mi llave Juanka…”

     “Llora mi alma, pero así lo ha decido el Hacedor. Proyectado en ese gesto gráfico que ha publicado Moisés, perdurará en mis recuerdos la imagen de Juanka, el señor Periodista, productor, animador, compositor y genio creativo, sí Moshe…”. Y agrego ahora: el también cuentero, poeta, escritor, publicista, ¡bacán!

     Este domingo 14, al ángelus vespertino, asistí a misa de ramos y oré por el alma de ‘El cazador’, por el eterno descanso de Juan Carlos Rueda Gómez… El caballero que se esmeraba por hacer sentir súper-especial a una amiga, que hacía lo que fuese con tal de evitar un traspié de su acompañante, hombre o mujer; la sombra, cuando se requería serlo, de un amigo… Era así, porque Juanka vivía, a plenitud, la amistad… Y, entonces, tengo que recordar aquella noche que caminamos y caminamos calles y carreras y transversales de Bogotá, iluminadas o a oscuras, porque no queríamos gastar taxi, era mejor acercarnos a una estación de Transmilenio, el último servicio del día, y aprovechar, para hablar de lo humano y lo divino, el extenso tramo a devorar a pie en la fría noche capitalina… Yo me iría en ‘transmi’ para mi casa, él volvería a pie hasta el hotel donde se hospedaba…

     El Gran Reportaje sobre esa experiencia de batallarle a La Parca hasta vencerla, había de quedar para que lo escribamos, a cuatro manos, Juanka y yo, cuando la tal señora, doña La parca, decida mi viaje al otro mundo, quizás a la Eternidad…

Precisamente para su libro ‘Cazador de historias’ le escribí una solapa… Cuando el libro entró

en circulación, el amigo me regaló un ejemplar con original dedicatoria…

La solapa

     Sobre alguien a quien el Nobel de Aracataca Gabriel García Márquez llamó en su propia cara “Cazador de historias”, nada resta por decir. Porque… ¡nada más apegado a la realidad! Eso, un Cazador de historias —para exhibir después tales piezas en todos los modos y medios de comunicación existentes, incluida la composición musical— es lo que ha sido Juan Carlos Rueda Gómez desde cuando, imberbe aun, se le dio por husmear y otear más allá que el resto de sus congéneres y después saber contar aquello que olfateó, escudriñó, y admiró.

     Salvado del estudio académico —me uno a la cofradía— y, al final de cuentas, ‘dibujante de sonrisas’ como él mismo lo pregona en su perfil de Facebook, Juan Carlos no solo es un reportero genuino, sino que abrazó —y se dejó abrazar por él— ese oficio al cual Albert Camus calificó “el más bello del mundo”, para que García Márquez lo reiterara con insistencia: el periodismo. Muchas de las historias cazados por Juan Carlos se las contó él mismo a Ernesto McCausland para que este les impartiera la mayor dinámica audiovisual, televisiva. Después, Juan Carlos haría crónica escrita con cada historia y El Heraldo había de publicárselas.

     Ahora, 25 piezas cazadas por Rueda enriquecen este nuevo libro, precisamente titulado con el merecidísimo apelativo que le endilgó Gabriel García Márquez, quien, por mucho realismo mágico que hubiese creado, re-creado y recreado, ante Juan Carlos no tuvo otra alternativa diferente sino hablarle con una realidad real: “¡Tú lo que eres es un Cazador de historias!”.

     En estas 25 piezas de reportería y crónica —la sangre y alma de nuestro periodismo: un compromiso con lo que acontece— no hay una sola presa mala…

     José Orellano

La dedicatoria

     Querido colegamigo José: Esta fotografía registra nuestro reencuentro después de muchos años de no vernos, que, afortunadamente, no afectaron nuestra amistad. Tu bella hija, Claudia, nuestro amigo Toño Quintero y la gélida Bogotá, fueron testigos de ese caluroso e inolvidable momento. Pongo en tus manos estos 25 relatos esperando se alojen por siempre en tu corazón.

      ¡Gracias por el afecto, gracias por la amistad!

     JO: No solo los 25 relatos, el autor, él, Juanka, están allí, en mi corazón, desde siempre y para siempre… Tuya ha de ser, Juanka, la paz eterna. Aprovecha, díbujale sonrisas al Divino Rostro, esta es época propicia.