En Talciguines, El Salvador, la tradición es limpiar pecados con una limpia o muenda, a golpes de látigo…

     A las puertas de entrar a la Semana Mayor dentro del mundo católico, son muchos los interrogantes que existen en el ser humano: ¿Creo de verdad en Dios? ¿Confío plenamente en Él? ¿Es mi Fe grande como lo expreso? Muchas preguntas sin respuestas en esto del creer en un Ser Supremo al que no vemos se cruzan por el pensamiento del católico.

     Sin embargo, las festividades religiosas (si puede denominarse así y no ritos), existen y seguirán existiendo en las parroquias, catedrales, iglesias, capillas y lugares donde el catolicismo impere. Colombia es país de católicos, de creyentes que en esta Semana Santa se reconcilian con el Señor asistiendo a su templo, visitándolo, haciendo presencia familiar en sus diferentes oratorios.

     Pero nuestra Fe a veces no es tan grande. Quienes no salen de la ciudad en estos días venideros y se quedan en casa, encuentran como momentos de relax y diversión familiar visitar los templos, que según la tradición deben ser siete para que Dios conceda la Gracia que se pide al pie del altar. Cada iglesia de las que se recorren en la noche del Jueves Santo tiene su sentido y significación dentro del catolicismo en toda América Latina.

     En todo el mundo los rituales católicos en la Semana Mayor son muy parecidos. Es así como en Colombia, por ejemplo, una de las ciudades más devotas y tradicionales en esos días es Popayán con su dedicación a la Virgen María, Jesucristo, la Santa Cruz, el Santo Entierro y la Resurrección. En Santo Tomás se vive también una de las más sangrientas procesiones en estos días santos, Los flagelantes.

En Popayán, Colom,bia, la tradición manda a dedicarle la Semana Mayor a la Virgen María, a Jesucristo, a la Santa Cruz, al Santo Entierro y a la Resurrección

     Pero no se da solo en este municipio del Atlántico; si nos vamos al otro lado de Colombia, más allá del mar, encontramos que en un pueblo de El Salvador llamado Talciguines también su tradición es purgar sus pecados a golpe de látigo. Igual sucede en la lejana Filipinas, en la población de nombre Mandaluyong, Metro Manila, donde no solo son flagelantes sino que realizan sacrificios crueles para un cuerpo humano. Allí el penitente con estacas de madera atadas a sus brazos, reza para expiar sus pecados durante los ritos de la Semana Mayor.

Semana Santa en la Tierra de Jesús, en Jerusalén. Por esa región santa, el culto lleva a muchos creyentes a hundir los pies en la arena, a orilla del río Jordán.

     Esta función de los flagelantes ni es nueva ni se da solo en el municipio de Santo Tomás ni en El Salvador; se inició como uno de los grandes y peores movimiento en Italia, durante la Edad Media con la idea de que el pecador por su propio pecado debe castigarse por sí mismo para expulsarlo de su cuerpo y del espíritu. Después, con el transcurrir del tiempo, se debilitó en este país italiano y se trasladó a Los Alpes y ciudades del sur de Alemania, Francia e Inglaterra.

     Con esos ejemplos anteriores de flagelantes en el mundo, surge también la pregunta que baila en el aire: ¿Son siempre la gente pobre, de bajos recursos y baja educación quienes cumplen con este sangriento e inhumano rito de torturas y flagelaciones? Ni siquiera en la Edad Media lo hacían poderosos, solo humildes y pobres (carniceros, zapateros, basuriegos, barrenderos y otros del mismo gremio) tienen su monopolio hasta apropiándose de pecados de los ricos. Sin embargo, pareciera que poco a poco han ido comprendiendo lo inútil de esta práctica y se ha venido debilitando quizá con la incursión de la verdadera cultura, de la nueva sociedad y el liderazgo político de los países desarrollados.

En Perú impera el uso de las palmas, regaladas especialmente a quienes entran a la iglesia, con disposición de adorar a Jesús.

     En Jericó, Palestina, el culto es hundir pies de muchos creyentes en las arenas a orilla del río Jordán pues con ello se da a entender que se limpian los pecados cometidos y a la vez recuerdan el bautizo de Jesús. Por el contrario, en Guatemala el acto más emblemático de la Semana Santa es la hechura de una gigante alfombra de serrín con diseños alegóricos a esos días. Es quizá de los ritos más sanos.

     En fin, cada país, ciudad y creyente tiene su forma de ofrendar amor por Cristo en la Cruz. Procesiones y rituales litúrgicos en esta semana que entra inundan el mundo, desde la India hasta el Reino Unido, son muy parecidas a las que realizan en España; otros países más allá se comprometen a ofrendar largos y multitudinarios peregrinajes de una población a otra. Pero en Australia el rigor religioso es diferente, más objetivo y social: el viernes santo no hay un sitio comercial abierto, todos deben comer en sus casas y solo pueden salir para asistir a las iglesias. En Perú, no se venden las palmas; son regaladas especialmente a quienes entran a la iglesia.

     Y así, de esa manera con sus diferentes ritos la humanidad cree de diferentes formas y sentidos pero, como se dijo al inicio de esta crónica: En el mundo todos los actos religiosos de Semana Santa tienden a llegar al mismo camino, sea cual fuere su ritual: buscar a Dios y encontrar la Fe junto a la Paz”.

Nury Ruiz Bárcenas – Escritora y Periodista cultural – Orden José Consuegra Higgins

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