A Simón Bolívar lo querían más muerto que vivo. Todo sucedía a gran velocidad en aquellos años. El 27 de agosto de 1828 el Libertador se proclamó dictador, situación que no le gustó a un grupo de militares y políticos de la llamada la Gran Colombia y de inmediato planearon asesinarlo.

     El 25 de septiembre de 1828 el ataque fue directo, pero gracias a Manuelita Sáenz, que sospechaba todo desde el principio, se evitó que ocurriera el magnicidio.

     Bolívar persistía en la unión de la Gran Colombia, pero otra cosa pasaba por las mentes de los separatistas y Venezuela se proclamó independiente al mando de José Antonio Páez.

     En enero de 1830 Bolívar renunció a la presidencia, pero no se la aceptaron sino hasta mayo.

     Cuando los ecuatorianos empezaron a dar muestra de secesión, Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco envió a su amigo y general de grandes campañas Antonio José de Sucre a apaciguar los ánimos, pero a este lo emboscaron el 4 de junio de 1830 en la montaña de Berruecos, a 80 kilómetros de Pasto, y de cuatro balazos lo acribillaron.

     Triste, enfermo y sin mayores ilusiones, Bolívar vendió sus joyas y los pocos enseres que tenía y con 17 mil pesos partió hacia Europa, en una travesía por el río Magdalena y llegó a Santa Marta en los primeros días de diciembre.

     Como dato curioso, quienes lo escoltaron hasta esa ciudad fueron soldados de la Armada de los Estados Unidos y el médico francés Alejandro Próspero Réverend se dedicó a darle los paliativos para su delicado estado de salud.

     El galeno, además, escribió sobre las últimas horas de quien había cruzado la América del Sur en busca de la separación de España y lo editó con el título ‘La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar, Libertador de Colombia y Perú’, donde hace un pormenorizado recuento en 33 boletines de esas horas de 

enfermedad, de su muerte, de su autopsia y de su entierro.

     Cuando el presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco lo invitó a Caracas en 1874 para condecorarlo, el clínico les obsequió el nódulo calcáreo hallado en el pulmón zurdo de Bolívar durante la autopsia.

     El Libertador falleció el 17 de diciembre de 1830, pero siete días antes, escribió su última proclama, que se ha convertido en un noble documento que ha sido analizado y revisado por decenas de escritores, historiadores y pensadores bolivarianos.  

     ¡Colombianos!

     Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He

trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

     Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.

     ¡colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10 de diciembre de 1830.

Simón Bolívar

     Cada año aparecen nuevas versiones de la Novena e Aguinaldos. En unas hasta les han metido el proceso de paz, la reconciliación nacional y fórmulas para acabar con la corrupción. Sin embargo, esta tradición de más de 250 años lo permite, pero siempre ha de empezar así:

     Benignísimo Dios de infinita caridad que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno, te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo, a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

     La han impreso en miles de formas, pero la habitual es la que tiene como portada un marco verde y un dibujo de un pesebre con una gran estrella encima.

     Hay osados que llegan a las casas con otros libracos y oraciones, pero no ha de faltar la señora de la visita o la misma anfitriona que grita: “¡Esa no es!” y de inmediato hay que reburujar hasta hallar la solicitada.

     Ahora, con la ayuda del internet, se hace más fácil la búsqueda de estas oraciones que se siguen durante nueve días ─ha comenzado este domingo 16 e irá hasta el lunes 24─ y que comienza con un gran encuentro familiar 

y que termina después con la consabida destapada de regalos.

     Los niños se alegran con sus nuevos juguetes, de múltiples colores y sonidos, los jóvenes con sus modernos celulares y los más adultos con camisas o perfumes y los llamados de la tercera edad con las infaltables pantuflas, medias de rombitos, bufanda o piyama, parecida a la del Día del Padre. Las madres o abuelas pueden obtener un detalle como un saco o algún complemento de la reunión de mayo.

     Igual se saca la vieja caja de cartón que contiene la pandereta ─que nadie sabe tocar pero que hacen sonar contra las rodillas o los codos─, la guacharaca ─traída de 

un viaje a Valledupar─ y unos cuántos pitos de plásticos que se llenan con agua para que imiten a los pajaritos.

     Los villancicos famosos como el TutainaPastores venid y Noche de Paz se tratan de cantar una y otra noche, pero lo que más se espera es que la repartida de buñuelos y natilla sea bien generosa.

     En algunas casas se reparten galletas multicolores de Noel y en otras se les agrega el vino Sansón.

     La Novena de Navidad fue escrita por el franciscano Fernando de Jesús Larrea, quien naciera en Quito en el 1700 y falleciera en Santiago de Cali el 3 de noviembre de 1773. De esa forma instauró esta tradición de rezar 9 días del nacimiento de Jesús una oración a Dios, una para el día, una para la Virgen María, una más para San José, unos poemas conocidos como ‘Las aspiraciones’ y, desde luego, la oración al Niño Jesús.

     Fray Fernando la redactó por una solicitud de doña Clemencia de Jesús Caycedo Vélez, fundadora del Colegio de la Enseñanza en Bogotá, y se publicó en 1743. Recién llegaban las primeras impresoras a la Nueva Granada, pero luego la madre María Ignacia, hija de la escritora Soledad Acosta de Samper y del periodista José María Samper, le agregó Los Gozos y algunas canciones.

     Es una tradición arraigada en Colombia, Ecuador y Venezuela.

     El fraile, además de escritor en verso y prosa, componía canciones y la más popular es el “Dulce Jesús mío, mi Niño adorado, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto”.

     Si bien es cierto, se emplea el ‘Benignísimo’, la verdad es que no aparece en el diccionario de la Academia Real de la Lengua y se le considera como un superlativo de benigno como algo apacible, cordial, afectuoso, condescendiente, expresivo, simpático, franco y sencillo.

     Otra característica es que es el único texto en el cual se utilizan el vosotros y palabras como ‘amasteis’, ‘merecisteis’, suplicándoos’, ‘aguardasteis y ‘dispongáis’, entre otras.

     En novenas recientes se cambió el ‘putativo’ en la oración a san José por el ‘adoptivo’.

     En los gozos se reza: “Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, ¡te dice mi llanto!”. La prosternación es la acción o gesto ritual de doblar la rodilla para tumbarse a tierra ─decúbito prono─, en señal de adoración, sumisión, respeto o súplica.

     Diciembre sin Novena es como Semana Santa sin procesión o como dirían los viejos cachacos, “como tamal sin chocolate”.

     En México se le conoce como ‘Nochebuena’; en Chile y Perú como ‘Corona del inca’ o ‘Flor del inca; en Paraguay, Argentina y Uruguay le llaman ‘Estrella federal’; en Estados Unidos y Canadá le dicen ‘Flor de Pascua’ y en Colombia y Venezuela se le conoce como ‘Flor de Navidad’.

     En estos diciembres la poinsettia adorna millares de casas. Se le ve a un lado de los comedores, justo al lado de la puerta principal y quienes la saben cuidar la dejan permanentemente en las mesas de centro de las salas.

     Nació en tierra azteca y se empleaba como símbolo de pureza, le llamaban ‘Cuetlaxochitl’ en lengua náhuatl y, en el siglo XVII, los franciscanos se detallaron que las plantas florecían justo en diciembre y entonces las empezaron a utilizar para las procesiones y festividades navideñas.

     Sus colores rojo y verde originaron una bandera para la Navidad y de allí que gorros, bufandas y miles de adornos lleven estos colores.

     La planta crecía silvestre en regiones como Cuernavaca en México. Su riqueza en colores se extendió por varias partes del continente. El embajador norteamericano Joel Robert Poinsett la comenzó a cultivar en 1827 en Greensville, Carolina del sur, y después la distribuyó entre sus amigos, pero especialmente en los Jardines Botánicos. Gracias a esa difusión le pusieran el apellido del diplomático.

     La poinsettia fue una de las primeras plantas que dieron origen a los estudios del Museo Smithsonian, el más grande del mundo.

     Pero quien la comercializó fue el naturista, botánico, zoólogo y horticultor escocés Robert Buist, quien llegó a los Estados Unidos en 1828 y montó el invernadero ‘Robert Buist Company’, una floristería en Filadelfia desde la cual importaba, también, plantas y flores raras. Además de las rosas, se emocionó con las poinsettias y las vendió como ‘La flor de Navidad’.

     En 1833 un taxónomo alemán le puso el

nombre científico de Euphorbia pulcherrima.

     Hace unos 35 años llegó a Colombia para quedarse y su cultivo se ha entendido y más aún su comercialización.

     Javier García Muñoz, quien fuera un exitoso hombre del mundo del disco, impulsor de carreras artísticas como las de Rodolfo Aicardi en Discos Fuentes y de ‘Paquita, la del barrio’ en Balboa Records, está ahora dedicado a los cuidados de su florido jardín en su casa finca, asegura que una de las variedades de esta planta se le conoce como ‘sombrilla japonesa’. “Me gustan sus colores, las hay rojas, rosadas y también amarillas. Son sencillamente hermosas”, asegura.

     Los profesionales en Biología Nohora Espejo y Hernando López crearon hace 18 años Poinsettias de Colombia, una de las empresas dedicadas exclusivamente a cultivar ‘La flor de Navidad’.

     “Nos hemos especializado en producir exclusivamente plantas de Poinsettia, con criterios ambientales, de sanidad y fertilización apropiadas, para obtener un producto de excelente calidad, que cumpla las especificaciones de producción comercial y satisfacer las exigencias del gusto de los colombianos. Hemos desarrollado métodos de cultivo para obtener siete variedades diferentes en tamaño; otras cuantas, en colores, con las mejores condiciones”, explica la bióloga Espejo.

     El cultivo se realiza durante todo el año, para obtener una planta óptima en la temporada navideña.

     En la actualidad, el país alcanza a cultivar más de 400.000 poinsettias para que los amantes de la Navidad adornen sus hogares. La planta en esta temporada tiene un costo que varía entre $7.000 y $30.000, según tamaño y calidad.

     “Es muy importante tener cuidado con la poinsettia desde el mismo momento en que entra a la casa. El riego debe ser delicado y debe ir directamente a la base y no a las hojas”, comenta la bióloga, gran estudiosa de estas plantas.

     ¿Tiene ya su poinsettia en la sala? Recuerde que el 24 ya no puede comprarla.