El presidente Juan Manuel Santos puso en consideración terminar con la mal denominada Ley Seca y permitir así que los sedientos puedan libar libremente hasta el mismísimo día de las elecciones.

     Con la noticia se les hizo agua la boca a más de un beodo reconocido y a los anónimos, también.

     No hay persona más chistosa que un ebrio y las consecuencias de sus errores son lamentables. Lo digo yo que soy alcohólico.

     Se sabe cómo se empieza, pero no, cómo termina.

     Hace escasos cinco años el fenómeno musical en el mundo era Psy. ¿Se acuerdan de él? Era un coreano gordito, con un baile cautivador y una canción que alcanzó la cifra de 3 mil millones de visitas. Sí, lo vuelvo a escribir: 3 mil millones de visitas. Es como si la mitad 

del planeta hubiera visto al menos una vez su Gangnam Style.

     Era el rey del ‘like’. En Facebook, YouTube, Instagram y demás redes sociales, el coreano gordito y con un baile cautivador, atrapó a las juventudes que desde sus celulares o computadores miraban una y otra vez su video.

    El coreano estaba feliz. No cabía en la península y miraba desde arriba a todo el que se le acercara, así tuviera más del metro con 50 que medía él. A los meses sus seguidores se preguntaron: ¿qué se hizo el coreano? Cuando entregó sus primeras declaraciones reveló su desgracia. “Si estoy feliz, bebo, si estoy triste, bebo. Si está lloviendo, bebo, si hay sol, bebo. Si hace calor, bebo, si hace frío, bebo”, confesó Park Ja-Sang —su nombre de pila— al The Sunday Times Magazine. 

     La tragedia más grande en salsa la llevó Héctor Lavoe, el sonero por excelencia, el cantante. No aguantó la popularidad y empezó emborrachándose, luego drogándose y por último no sabía quién era él. Intentó suicidarse pero el piso resistió su dolor y fueron el sida y la droga los males que le acabaron de llevar al más allá.

     En la balada el hecho más conocido es el de José José, quien abusó del alcohol, de las drogas y el “Frank Sinatra”, “la voz” se debate ahora entre la vida y la muerte. Durante años luchó por recuperarse, pero recaía.

     El 23 de noviembre de 1973, con tan solo 47 años, a consecuencia de una cirrosis hepática falleció en Ciudad México el cantante y compositor de música ranchera, ídolo de multitudes, de voz recia y letras sentidas: José Alfredo Jiménez. Cuenta el compositor Hugo Gutiérrez que cuando fue a visitarlo al hospital, tenía un vaso de whisky servido en una mesita. Intrigado le preguntó por esa situación. “Es que quiero morir viendo de frente a mi enemigo”, le contestó al compositor de “Por una cerveza”.

     En Colombia quizá quien más protagonizó escándalos borracho y con drogas fue Diomedes Díaz. Sus excentricidades como el diamante en la boca, estrenar calzoncillos a diario y tener más de 25 hijos no se equipara con sus embriagadas hasta llegar a oscuros hechos como la muerte de Doris Adriana Niño.

     El inolvidable cantante y compositor Joan Sebastián fue invitado al Festival Internacional de la canción en Buga y cuando regresaba al hotel Guadalajara después de hacer su presentación estaba un poquito mucho ebrio y como no le entregaban rápidamente las llaves de su cuarto, pues hizo pis en un matera de la recepción.

     Pero ahora es bueno recurrir a la magistral enseñanza filosófica en estos días de elecciones del maestro Rafael Hernández cuando compuso “Borracho no vale”, interpretada por Daniel Santos y Tito Cortez y que cuenta la historia del ratón que le pedía a un gato que le ayudara a salir de un barril de vino.

      Ay, compai gato, compadézcase de mí y sáqueme de esto, mire que si yo muero borracho, entonces nunca me comerá. Córrase ese chance, sáqueme de aquí, que yo le prometo que al pasar mi borrachera puede Ud. hacer lo que quiera (hic!), lo que quiera Ud. de mí.

     Y claro, le dejó bien dicho después de la salvación: Desde luego queda convenido que... Borracho no vale, no señor... Borracho no vale, no puede ser... Borracho no vale, que no que no.

     Hace unos 200 años en la región de Palermo en Italia, a los cocineros les dio por cortar la pasta que hacían con harina de grano duro y agua, en largas y delgadas tiras y eran de unos 25 centímetros. Al ingenio le bautizaron con un diminutivo de spago que en italiano quiere decir «cordón».

     Claro, la creatividad gustó y con este estilo de pasta hacían sopas y luego les agregaron queso, aceite de oliva y pimienta. Me imagino que también sal.

     Gustó tanto que el poeta Antonio Viviani publicó unos versos sobre las diferentes fases del procedimiento de la pasta, la harina de macarrones y lo tituló ‘Li Maccheroni di Napoli’.

     Los espaguetis se convirtieron en uno de los platos preferidos por los italianos y para mejorar los tiempos de preparación, construyeron unas pequeñas máquinas en las cuales introducían las placas de pasta y allí se cortaban los cordones que eran expuestos luego al aire para secarlos.

     El plato no sólo se quedó en Italia, sino que se extendió por el mundo. Con la migración de italianos a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial llevaron el espagueti como uno de sus platos preferidos y pronto aparecieron restaurantes en Nueva York y Chicago. En la película ‘El Padrino’, varias escenas se desarrollan en los comedores, mientras consumen la famosa pasta.

     Es, relativamente un plato sencillo de preparar. Es necesario hervir los espaguetis en una olla con agua salada hasta que se ablanden. Algunas personas les agregan una cucharadita de mantequilla para ayudar a que se separen y no se peguen. En España le agregan aceite de oliva, pero para los italianos es un grave pecado hacer esto. Se busca que el punto preciso es cuando se abren y tienen en ese momento de cocción un punto duro de pasta tan grande como una aguja. A eso se le llama que están ‘al dente’.

     Otro grave error es lavarlos después de cocidos, porque se le pierde el verdadero sabor.

     En este momento se combinan con la salsa de tomate, de hierbas, de carne, de pollo o lo que se quiera y los grandes chefs recomiendan que se acaben de terminar en una sartén y luego, al emplatar, se le espolvoree el queso rallado.

     Los más famosos son a la carbonara, a la bolognesa, a la napolitana, a la pepe y a la putanesca.

     Más de mil platos se pueden preparar con los espaguetis: con pollo, atún, calamares, tocineta, varios quesos, carnes molidas, con ajillo y limón y con decenas de cremas.

     Uno de los platos preferidos en la actualidad es Espaguetis a la putanesca, que son aquellos que se hacen con aceite de oliva, ajos, alcaparras, tomate, peperoni y anchoas.

     La traducción es precisa ‘Espagueti al estilo de las prostitutas’  y aseguran los estudiosos que podría originarse en un burdel y otros que en la Italia de los años 50 había unas casas para camioneros en las cuales, en el primer piso había un restaurante y en el segundo, les daban el postre.

     Todos los días, muy de mañana, un ciudadano se sube a uno de los articulados que van desde el Portal del Norte y viaja hasta e Portal Tunal. Allá entra al baño y se regresa hasta Suba. Cuando llega allí, espera un rato y parte hasta El Eje Ambiental y desde ese lugar puede dirigirse hasta Las Américas. Su objetivo: pasear por la ciudad y esperar que transcurra el tiempo.

     Su vida la pasa entre buses, portales y estaciones. Es su plan.

     En el Éxito de la calle 138, unos adorables ancianos recorren el Supermercado llenando dos o tres carritos con panela, arroz, aceite, lentejas, zapatos, ropa… ¡de todo! Cuando están repleto, los dejan por ahí estacionados. No compran nada. Hacen ejercicio de esta manera, agachándose, alcanzando bolsas y acomodándolas como si fueran a mercar.

     Los empleados ya los conocen y les tienen paciencia. Después, alguno de ellos, debe hacer la tarea de reacomodar los productos.

     A pesar de tener un censo de más de 8 millones de personas, lo cierto es que en Bogotá hay algo más de un millón de habitantes que viven solos, son estudiantes universitarios que llegan de otras partes o trabajadores que fueron trasladados. A muchos de ellos se les ve caminar por ahí, no tienen casi amigos e inundan los centros comerciales.

     Cada mañana, un robusto señor acomoda cajas de gaseosas, separa por sabores las botellas; unas las mete en la nevera y otras las deja en al alcance de sus manos. Después de las once de la mañana se dedica a destapar las bebidas que le piden los clientes del sitio de comidas rápidas de hamburguesas. Lleva más de 25 años quitando tapas, mañana y tarde.

     En la Avenida Jiménez con séptima, todos los jueves, se hace una rifa de un gallo vivo, con papas, plátano, yucas y mazorcas. Los desprevenidos turistas se quedan viendo el animal amarrado a una reja de un antiguo zaguán.

     En el mismo lugar, entre 4 o 6 horas permanecen de pie vendedores de pequeñas esmeraldas. Es un duro sacrificio para ganarse lo del día. Por lo general, entre ellos mismos, comercializan las preciosas piedras verdes.

     En el Cementerio del Apogeo en el Sur de la ciudad –donde la gente se muere por ir, como decía un transeúnte— se ofrece el servicio de plañideras. Son señoras que lloran, incluso se desmayan, en el momento del entierro. Cobran entre 20 y 30 mil pesos por el macabro espectáculo.

     Así como hay personas que cobran por hacer filas en bancos y en EPS hay otras que lo hacen para comprar buñuelos.

     En TransMilenio hay un empleado que de tanto ir a las manifestaciones, ¡le fascina el olor de los gases lacrimógenos!

     El segundo idioma que se habla en el popular San Victorino es el mandarín. Los menudos chinos, les compiten negocio a negocio a los experimentados santuarianos.

     A falta de parques con seguridad, en las mañanas Unicentro y otros centros comerciales se han convertido en gimnasios.

     Y para terminar con la locura, en Bogotá venden bandeja paisa, comida del Pacífico, arepas de huevo… ¡preparadas por venezolanos!