Sonido MIDI de la canción ‘Motocicletas

 

 

 

Fernando Mora R.

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NAVARQUÍA

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Santa Bárbara

Bogotá 

CUENTO INFANTIL

El canguro

que quería

tocar la

guitarra

Por Luis Eduardo Vivero

     Había un canguro pequeñito y muy orejón, con unas patas delanteras cortitas y unas traseras grandes y fuertes para saltar muy lejos. A sus amigos y primos les encantaba andar saltando por todas partes; hacían competencias de salto alto y largo, y también de quién llegaba más rápido a la casa luego de la escuela.

     Sin embargo, a este canguro no le gustaban esos juegos porque eran competitivos. Además, él tenía otros gustos, tales como quedarse viendo una puesta de sol con sus papás, pintar con el abuelo o escuchar los cuentos de su abuela cangura.

     Cierto día en la escuela les preguntaron qué querían ser de grandes; unos dijeron que bombero, otros que doctor, profesora, paracaidista, etc., hasta que le tocó el turno de responder a este canguro. Entonces con voz fuerte y clara dijo: “Quiero ser guitarrista profesional”. Primero se escuchó un silencio como el que se escucha en el desierto, luego sus amigos se rieron de él y le comenzaron a decir un montón de cosas de mal gusto:

     —¿Por qué no puedes elegir algo normal?
     —¿Acaso crees que vas a poder vivir de eso?

     Y para rematar el asunto, alguien dijo:

     —¡Cómo vas a poder tocar la guitarra con las manos tan cortas! ¿No te das cuenta que no puedes?

     El canguro se sintió apesadumbrado y con el corazón compungido de tristeza. Nunca antes en su vida se había sentido de esa forma.

     Cuando llegó a su casa contó lo sucedido, momento en el cual su abuela se puso en cuclillas y le dijo:

     —Nieto de mi corazón: yo sé que tú puedes hacerlo. Tú siempre

puedes, solo tienes que trabajar duro para alcanzar tus sueños.

     La mamá y el papá decidieron llevarlo a clases con un jabalí que tocaba el ukelele, una guitarra hawaiana, similar en tamaño al charango. Entonces el pequeño canguro practicó, practicó y continuó haciéndolo por muchos días.

     Hasta que llegó el momento de la presentación. El cangurito salió a escena con su ukelele. Todos estaban sorprendidos y encontraron divertido el instrumento. El público quería que pasara pronto para que se presentara el resto del curso, hasta que nuestro amigo comenzó a tocar.

     Esa tarde tocó como los dioses; los asistentes sintieron cómo la melodía

llegaba a sus corazones y los tocaba de forma especial. En ese instante supieron que el canguro sentía un amor y pasión inconmensurable por este arte.

     Cuando el canguro terminó de tocar, todos se levantaron y aplaudieron tan fuerte como pudieron. El pequeño canguro dejó rodar una lágrima por su mejilla debido a la emoción que le produjo haber cumplido su sueño de convertirse en un artista.

Tomado de http://luiseduardovivero.com

Por Guillermo Romero Salamanca

     El jueves 19 de enero de 1995 el país se reponía de un sismo de magnitud 6,5 en la escala de Richter, a las 10 y 5 de la mañana y cuyo epicentro fue Tauramena, en Arauca, cuando se conoció la noticia del fatídico accidente de Patricia Teherán, ‘La diosa del vallenato’.

     Otra información, la que había protagonizado el presidente Ernesto Samper al descartar la extradición de nacionales, pasó a un segundo plano.

     Pero la pronta desaparición de la cantante más popular del vallenato en toda la historia de ese género musical ocupó las emisiones de noticieros y las estaciones radiales comenzaron a contar aspectos de la vida de esta cartagenera que con tan solo 25 años había conquistado el corazón de millones de seguidores e iniciaba una vida musical en Ecuador y Venezuela, donde ya le solicitaban presentaciones.

     El éxito de Patricia consistió en seleccionar un buen número de canciones vallenatas muy sentimentales, rayanas con el despecho. Su grabador y quien más la conoció fue Darío Valenzuela, el famoso ‘brujo de la consola’.

     Patricia Teherán Romero había nacido en Cartagena el 10 de junio de 1969 y por su voz fue llamada a integrar el grupo ‘Las musas del vallenato’ con la acordeonera Graciela Ceballos.

     “Nos presentaron la propuesta y nos pareció novedosa. Graciela tenía su estilo propio de tocar el acordeón y Patricia tenía una magia con su voz que nos impactó en primera instancia y comenzamos a morar compositores y canciones y se grabó la primera producción en 1990 con el título ‘Alma de mujer’”, relata el vicepresidente de Codiscos Fernando López Henao.

     “De ese álbum me acuerdo de que uno de los temas más exitosos fue ‘Acabaron lo nuestro´, de Pedro Pablo Peña”, agrega Fernando.

     La segunda producción se tituló ‘Guerreras del amor’ y llevó

canciones de Miguel Morales como ‘Por qué, mi amor’, de Romualdo Brito: ‘Muchas gracias Cartagena’, y de Ómar Geles, ‘Me dejaste sin nada’, que fue el primero en ser escuchando nacionalmente.

     “El primer gran hit fue la grabación de El Show de las estrellas con Jorge Barón. Aún recuerdo sus vestidos azules y sus cuellos tortugas que para ellas era una gran novedad”, recuerda ahora Fernando.

     La tercera producción dejó éxitos como ‘Me acostumbré a tus besos”’, de Ómar Geles, y ‘El amor que soñé’, de Luis Egurrola.

     Pero ya en 1994, Patricia quería conformar su propia agrupación y luego de conversaciones con los directivos de Codiscos determinaron grabar como ‘Las diosas del vallenato’, pero le pedían que llevara un éxito.

     Patricia le preguntó a Darío Valenzuela qué temas grabar y él le aconsejó que hablara con Ómar Geles, quien estaba por esos días en los estudios en Medellín.

     Ella lo esperó y le comentó su situación, el cantante y compositor de ‘Los diablitos’, le dijo que tenía una canción que él deseaba grabar, pero que le haría unos arreglos para que se adaptara en la voz de una mujer. Al día siguiente le llevó ‘Tarde lo conocí’.

     Le comenzó a tararear: “Yo no pensé que usted me fuera a despertar/ esta gran ilusión que tengo yo que, que tengo yo/ yo no me imaginé que no te iba a encontrar/ ese tipo de hombre que quería yo, que quería yo”.

     Le impactó a Patricia y siguió escuchando: “Cuánto diera por tenerlo/ mi vida, mi vida entera la daba/ por descubrir el misterio/ mi vida entera la daba…”

     Se emocionó tanto la cantante que abrazó a Ómar Geles y le agradeció por entregarle semejante canción.

     En efecto, a los pocos días, lo grabaron y en unas semanas era un tema nacional y ese 1994 se convirtió en la canción más sonada.

     ‘Tarde lo conocí’ le abrió las puertas al estrellato, le comenzaron a llamar para presentaciones en todo el país, los medios preguntaban quién era la rubia y alta mujer que interpretaba la canción y los musicales la buscaban.

     Estaba en lo más alto de la popularidad cuando ese jueves 19 de enero se trasladaba de Barranquilla, donde había firmado varios contratos para el Carnaval y esperaba llegar a su casa para ver a su pequeño hijo de cuatro meses. Le acompañaban su esposo Víctor Sierra y los músicos Dairo del Cristo Renals y Billy Pertuz. Estaban conversando sobre próximas presentaciones en Villavicencio y otras ciudades.

     Cuando pasaron a toda velocidad por Loma de Arena, cerca del popular cerro del Totumo, al vehículo se le estalló una rueda y se produjo el aparatoso accidente.

     Páginas enteras se vieron en los periódicos, programas de radio y televisión comentaron todos los detalles de la vida de Patricia.

     En el 2017 Caracol Televisión presentó la novela ‘Tarde lo conocí’, con altos rating de sintonía. Le leyenda continuaba.

     “Nunca la podré olvidar”, comenta ahora Fernando López Henao.