Parodiando aquella canción del gran Diomedes Díaz “la vida me ha golpeado más de dos veces, pero yo he sido un hombre muy optimista”, diría que ya no lo soy tanto o, mejor, que deje de serlo hace un tiempo, y más bien me volví un escéptico con esperanzas. Lo soy más aun, teniendo en cuenta el último suceso atroz del carro bomba en Bogotá. Expreso, por este medio, mi más enérgica condena y mi solidaridad a los familiares de los muchachos cruelmente sacrificados en este demencial atentado que nos recuerda las épocas aciagas de las bombas de Pablo Escobar.

   Definitivamente este es un País de mala leche, con un gobierno que, aparte de que no se siente, porque no tiene un proyecto de Nación y marcha a la tolondra jugando al Policía bueno y al Policía malo como bien afirma el doctor Gilberto Tobón Sanín. Este gobierno necesita, para hacerse sentir, de acontecimientos demenciales como el acto terrorista acaecido en la Escuela de Cadetes general Santander. En este País de cafres, uno no sabe o no termina de convencerse de las investigaciones encabezadas por

un personaje tan cínico y siniestro como el fiscal de la Nación, Néstor Humberto Martínez, salpicado hasta los tuétanos de corrupción y de cianuro. Aunque es bastante probable que el carro bomba lo haya puesto el ELN, dado que en esa guerrilla no existe unidad de mando y existen dirigentes anquilosados en el pasado, creyentes del catecismo Astete de la toma del poder por las armas, no termina de convencerme la manera tan culi pronta como el ahora reencauchado fiscal sale en tiempo récord a dar la cantidad de explosivos que llevaba la camioneta, a identificar el cuerpo destrozado y chamuscado del suicida, a presentarlo como un alto cabecilla del ELN, con 17 años de militancia, pero sin orden judicial ni requerimiento alguno de la justicia… etc. Ni la KGB, la CIA y la INTERPOL juntas han sido capaces de eso, pero en este País del sagrado corazón, todo es posible y, peor aún, ¡creíble! Así, por ejemplo, no me extrañara el que salgan a decir que Antonio Navarro, Holman  Morris o Claudia López son terroristas —es muy curioso que el atentado haya sido en el sur, donde los partidos alternativos tienen alta votación— y los veré diciendo que este País fue entregado al terrorismo —ya el castro-chavismo quedo chiquito—.

    Sea que le hayan hecho este regalito o se lo hayan hecho ellos mismos, este gobierno será cada día más desastroso y, por lo tanto, más peligroso. Es y será un gobierno que anda “directo Caracas y al tiempo con la doble a Zipaquirá. “Necesita cada vez más, como el drogadicto, una dosis cada vez mayor para sentirse bien y hacerse notar, pero el solo se está ahogando. Por eso, yo no marcho este domingo con los uribistas ni a palos, lo hice una vez contra las Farc, pero no caeré esta vez, en falsas solidaridades, no me dejaré arrastrar por esa corriente, porque no soy camarón. Sin duda, es triste ver la despedida de esos

muchachos y el dolor de sus familiares, pero es más triste ver cómo el País ahora se vuelca camisetas y banderas de paz, a expresar su rechazo al terrorismo convocado por un presidente cuyo partido de gobierno no es precisamente es el de paz. Y esa movilización tiene el sello de la guerra.

   Es bueno recordar que fue precisamente ese partido el mismo que, a través de la política de seguridad democrática, dejó tendidos en los ‘campos de batalla’ a miles de jóvenes  —se habla al menos de tres mil—, engañados y vestidos de camuflados  asesinados con tiros de gracia, el mismo que se coló por la ventana de la casa de la pa, para desmantelarla y hacer trizas los acuerdo de paz, aprovechando  un plebiscito que no era obligatorio y Santos, por sobradez, torpeza e ingenuidad  convocó y los empoderó para ganar las elecciones presidenciales mediante falacias y mentiras, atizando los viejos fanatismos de una sociedad que ha vivido en la violencia por décadas, llevándonos a un clima de polarización. Es ese partido de gobierno el que ahora convoca a unirnos frente al enemigo común, el mismo que en el Senado lanzó cortinas de humo para opacar el debate del caso Odebrecht y desprestigiar con un video de hace quince años al candidato de la Colombia Humana, cuando recibía veinte millones en desvalorizados billetes —que ellos se gastan en un día en almuerzos con sus secuaces—, que dieron la sensación de ser una tula multimillonaria.

   Lo siento, Colombia; por ética yo no puedo marchar con un partido tan faccioso como el uribismo. Me duele la muerte de esos muchachos, como me duele el asesinato de los líderes sociales que, al parecer, no les duele a estos señores, pero me indigna la manera oportunista de aprovecharse del dolor de sus deudos y proclamarlos héroes, cuando en realidad ni ellos mismos se lo creen ni lo sienten así.

   Algún día, esta sociedad despistada, comprenderá que el mecanismo de manipulación de estos señores es la astucia del delincuente que, una vez comete la fechoría, sale corriendo a decir “¡!cojan al ladrón ¡!”.

   Definitivamente en un Pis de ciegos, el tuerto es rey.

Domingo, 20 de enero de 2018

     Cuando alguien escucha el significante imaginación, inmediatamente la asocia con la poesía o con el arte en general, sin embargo, la imaginación puede estar en todas las actividades humanas. Está en las hipótesis de una investigación científica, en una tertulia de amigos, cuando un pintor contempla un paisaje y vierte un cuadro inspirado en él o cuando una pareja de enamorados, al caer la tarde, contemplan en la playa cómo el sol y el mar se unen coquetamente en la inmensidad, en una sinfonía de pasiones y colores y se cuentan los secretos del alma.

     La imaginación es la facultad que nos permite, como sujetos, estar a la altura del espectáculo de la vida o, dicho convencionalmente, “del objeto y sus circunstancias”. Puede estar más a la altura un poeta que ocasionalmente pasa por una finca y se inspira en medio del palmar con vista al mar que tiene el predio, que el mismo dueño que acude a ella en términos madereros para sacarle renta, pero es incapaz de contemplar la belleza que tiene frente a sus narices.

     En general, en muchos ámbitos de la vida cotidiana esto es así, porque es común observar a la gente en sus profesiones u oficios vivir en el tedio, repitiéndose absurdamente, marchitándose lentamente en la esclerosis de un mundo alienado por el bombardeo de los medios de comunicación o por el bullicio de los centros comerciales.

     Estar a la altura de las circunstancias es estar vivos y podemos estar muertos antes de morir biológicamente, en este entendido, como lo explica la teoría vitalista, “muerto no es lo que ha dejado de existir, sino lo que se ha marchitado, lo que ya no vibra, lo que ha mudado su color”.

     La imaginación más allá de su connotación formal - académica, nos salva de la muerte, porque es como la pantera que salta al vacío sin saber qué va a encontrar, es el salto a la creación, a la innovación, a mirar qué sucede, a atreverse a buscar otros caminos, dada la imposibilidad de articular la teoría con la práctica, como sucede habitualmente en los proyectos sociales, donde uno percibe que lo planteado no corresponde a lo realizado y viceversa.

     Cuando Freud aplicó el método de la asociación libre puso a hablar al paciente para que fuera él mismo quien sacara a la luz los elementos de su trauma, y logro no solamente develar lo inadecuado de los métodos terapéuticos anteriores, sino que rompió con el criterio que parecía ser inmodificable en la ciencia y en las profesiones; que el diagnóstico y la curación la da el experto, el científico. ¡Oh escandalo! ¡Oh blasfemia! para la comunidad científica de esa época, que no entendió que la ciencia se crea y no se descubre por expertos gurúes, únicos en la forma de

de conocer. En este sentido, Freud imaginó posibilidades distintas a aquellos que se aferraron a la “objetividad” del conocimiento.

     Aunque si bien es cierto que de la imaginación podemos abusar, tanto como de la razón se ha abusado, es imprescindible a la hora de idear nuevas posibilidades, posibles caminos. Pueden tener buenísimas relaciones como sucede con algunos matrimonios o pésimas relaciones, como sucede con el amor de ciertas damas, que nos matan solo con la mirada. La razón puede estorbar a la imaginación, cuando le coloca impedimentos y no la

deja salir de la puerta al aposento y la imaginación puede hacer lo mismo cuando “se le va la mano” y se desconecta   de todo saber anterior, y es cuando empieza a hacer todo tipo de especulaciones, cuando no de alucinaciones, y empieza a “ponerle los cachos” al entendimiento de los fenómenos.

     Pero más que un matrimonio feliz, yo diría que lo más pertinente ─o lo más aconsejable─ es que tengan una amistad erótica como dicen hoy las parejas, y esto es posible desde una epistemología del saber que racionalmente no sea tiesa y pletórica en símbolos poéticos, como la de Bachelar o como la que propone “el vitalismo cósmico” para América Latina.

     En gran parte, la dificultad de una relación colaboradora entre estas dos facultades ─razón e imaginación─ se deben a la herencia del mundo intelectual heredado desde Descartes y Spinoza que le tenían una gran desconfianza a la imaginación, porque la veían como una forma de huir del rigor del intelecto, que se esfuerza por el uso de la razón y la lógica, por crear un conocimiento objetivo, con garantía de verdad. Para estos señores todo lo que no era razón, era imaginería, ideologismo y es curioso en el caso de Spinoza ─que definió al hombre como ser deseante─ oírle

decir que las pasiones se disuelven en la razón.

    Esto debe ser así, porque “la razón representa la acción en la proyección humana consciente; la no-razón, la participación en la interioridad (inconsciente) en la definición de los motivos que impulsan a su ser histórico o simplemente a vivir de determinado modo”.

     En una sociedad como la nuestra, donde es tan extraordinariamente difícil pensar en el futuro y es más bien fácil temerle, vivimos más bien un repliegue hacia el presente como

disfrute, no como producción, porque producir es crear, investigar, buscar y toda acción necesariamente postula un futuro.

     No obstante, ante esta dificultad, “que no venga ningún moralista a condenar tal o cual droga y sus perniciosos efectos porque el que la consume ve como más pernicioso el futuro que se le ha prefabricado como indeseable. Sus ocho horitas, más su busecito, para repetirse solo en un apartamentico, mientras la vida se le va añito por añito”.

     Las relaciones humanas efectivas son aquellas que prometen algo, pero no a la manera de los políticos tradicionales que juegan con la esperanza del pueblo, sino aquellas que ofrecen colaboración, transformación, enamoramiento, cuestionamiento, adversidad, también lucha y puesta en cuestión de nuestras más caras convicciones. Así es la vida, y vivir para contarla requiere cierta dosis de razón y muchos gramos de imaginación.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Arte y filosofía. Estanislao Zuleta. Percepción. 1.986. Medellín.

Discurso de la no-razón. Darío Botero. Produmedios .2.006 Bogotá.