[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]
[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]

EL ODIO POLARIZANTE:

     El mundo se ha politizado más, si entendemos la política en el sentido schmittiano de la confrontación amigo/ enemigo. La relación agonística con el rival, el deseo de entender al otro y convivir con él, el intento de ceder para evitar una ruptura… todos estos deseos parecen cosa de un cosmopolitismo liberal en clara recesión. La América de Trump es un país dividido en mitades irreconciliables, cada vez más polarizadas. Atrás quedó Obama y su llamada a la unidad (“no hay una América azul o roja, sino unos Estados Unidos de América”). El proceso secesionista catalán ha provocado rupturas familiares y ha convertido la cuestión territorial en el eje electoral clave, tanto en Cataluña como en España. El sueño europeo se derrumba: se confirma el Brexit –que a su vez contribuye a fracturar el Reino Unido- y la Europa del Este vira hacia el neo-autoritarismo xenófobo. La Unión o, mejor dicho, sus Estados constituyentes, han fracasado en la tarea de gestionar la crisis de los

refugiados. Proliferan las manifestaciones nativistas y de odio al diferente, al extraño, al extranjero.

     A nivel nacional nada más evidente que la polarización, Colombia es un país en permanente confrontación política y eso se notara en la regiones, primero el duelo Uribe-Santos, luego se trasladó al enfrentamiento Uribe-Petro, total en Colombia siempre hay un Uribe contra el resto.

ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA

     La familiarización de los ciudadanos con los medios de comunicación, con el objetivo de que su consumo sea crítico y consciente de la intrínseca manipulación que conlleva toda mediación, es una voluntad compartida por todos los educadores.

     Pero la alfabetización tiene que ir un paso más allá en la era de las redes sociales, donde los contenidos 

periodísticos se mezclan con todo tipo de rumores y falsas noticias. La propia industria (Facebook) ha reaccionado colocando un icono de información al lado de la fuente que difunde el contenido, para que el usuario pueda pinchar sobre él y evaluar la fiabilidad del mensajero.

     Pero quizá no sea suficiente. Una reciente encuesta a cargo del News Co/Lab de la Arizona State University ha revelado que los más propensos a tragarse las noticias falsas son aquellos que más desconfían de los medios y el periodismo tradicional. Las personalidades más conspirativas adolecen así de un escepticismo radical que bordea lo paranoico.

PROPAGANDA COMPUTACIONAL

     En su libro Cyberwar: How Russian hackers and trolls helped elect a President – What we don’t, can’t, and

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]

do know (Oxford, 2018), la profesora Kathleen Hall Jamieson maneja varias fuentes de evidencia empírica para demostrar la injerencia rusa en la campaña presidencial que concluyó con la victoria de Donald Trump. Hall Jamieson es conocida por su rigor científico e imparcialidad, por lo que su denuncia tiene más valor que cualquier crítica proveniente del bando demócrata. La profesora de la Universidad de Pensilvania afirma que el éxito propio del término de fake news es ya una victoria de Trump, porque asocia las noticias a la falsedad. Prefiere otras denominaciones como “intoxicación viral”. Para ponerse en guardia de cara a las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, la UE ha conformado un grupo de expertos que han elaborado una serie de recomendaciones para evitar que los europeos sucumban a la propaganda computacional rusa.

DEMOCRACIA ILIBERAL

     Fue el periodista Fareed Zakaria el que acuñó en 1997 el término “democracia iliberal” para referirse a aquellos 

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]

regímenes políticos que respetan el criterio mayoritario pero que soslayan el apellido “liberal” de su democracia, eliminando la independencia judicial y acosando a las minorías opositoras. En gran medida, todos los regímenes populistas son democracias iliberales. El líder-guía aprovecha una mayoría de votos para cercenar cualquier atisbo de oposición. Este es el caso de Hungría y, en parte, Polonia. El éxito de regímenes autoritarios como China o Rusia pone contra las cuerdas a las democracias liberales: demasiado lentas a la hora de forjar consensos, poco ejecutivas cuando han de enfrentarse a amenazas existenciales. Es la misma crítica que recibían las democracias parlamentarias en el periodo de entreguerras. Quizá el ejemplo de Venezuela podría servir como antídoto, pero los tiempos de crisis con proclives al proteccionismo nacionalista. 

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]
[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]