Pertenecer.

     A una familia, a una comunidad y si encuentras a quién amar, también perteneces a alguien.

     Y, claramente, cuando haces parte de un grupo, hay un sentimiento que prevalece, eso que llamamos sentido de pertenencia, esa sensación de hacer parte de algo, de creer en ello, de defenderlo, incluso, cuando la situación es complicada; eso que hace que luches por su bienestar, que tú como parte de ello actúes en pro de su mejora.

     Desde hace 3 semestres aprovecho la oportunidad de estudiar en la Universidad Nacional de Colombia. A diferencia de muchos de mis compañeros, mi llegada a la U no venía acompañada de años de añoranza, ni de múltiples intentos de entrar, fue una 

de esas cosas que, tal vez, solo suceden una vez en nuestra vida, como si todo a nuestro alrededor se alineara para permitirnos alcanzar algo que deseamos… Siento que así fue mi llegada allí.

     Ingresar a la Nacional fue una experiencia un poco extraña, venía acostumbrada a un ambiente universitario totalmente distinto —ya había cursado dos semestres de psicología en la Universidad Santo Tomás— y me mostró un mundo al que no estaba acostumbrada.

     Es irónico que la mejor universidad de mi país esté tan deteriorada, edificios a punto de caerse, facultades que no han sido construidas, auditorios sin un sistema de sonido adecuado, moderno, o con una gran cantidad de sillas faltantes... Los profesores rogando por presupuesto para sus investigaciones, sus salarios, y estudiantes que no tienen oportunidades de continuar con sus proyectos… La Universidad hace su mejor esfuerzo para apoyar todas las actividades, pero sin presupuesto es casi imposible lograrlo.

     Siempre se ha sabido que la situación no es la mejor y, por muchos años, se ha intentado dar largos a la situación. La universidad ha intentado de distintas maneras sobrellevar la falta de presupuesto, pero son más de 20 años, desde la expedición de ley 30 de 1992 

y el dinero faltante cada vez se hace mayor. Y ya no hay ninguna manera de evitar lo inminente: la universidad se cae a pedazos, no solo en estructura, sino en financiamiento.

     Es irónico asistir al hecho de que la mejor universidad del país esté pasando por una situación tan precaria, se esperaría que con los buenos resultados académicos que esta alcanza, el gobierno decidiera darle mayor importancia a la atención de la situación. ¿Y si es así para la Nacional, cómo lo será para las otras 31 universidades públicas del país? Paros de más de dos meses, ceses de actividades frecuentes, y estos son los intentos de los estudiantes de llamar la atención del país, del gobierno.

     Durante las últimas dos semanas los estudiantes hemos estado realizando distintas marchas, buscando concienciar al país acerca de la situación de las universidades públicas. Yo nunca me había unido a las marchas que se habían realizado en la Universidad y el estar por primera vez en una me produjo una sensación indescriptible. Fue en ese momento cuando, en verdad, comprendí que era una estudiante de la Nacional, en la práctica ya lo sabía, pero me dio un sentimiento de identidad que hasta ese momento no había logrado alcanzar. Con cada una de las arengas que —podía empezar a notarlo, no eran solo palabras siendo usadas para llegar a un público que estaba pendiente de lo que estábamos haciendo—, percibí que eso era lo que yo sentía, era por lo que estaba luchando; no solo el futuro de la universidad está en riesgo, también el mío, porque no solo soy una estudiante, soy la universidad. Si esta no consigue el presupuesto que necesita, los 86.000 millones de pesos faltantes, en especial para funcionamiento, dentro de 6 meses puede que no pueda hablar con orgullo de mi institución educativa porque esta, ya no va a existir.

     ¿Lo más grato para esta primípara en este tipo de expresiones de protesta? Haber podido establecer que, en las actuales circunstancias, el vandalismo no surge de la población estudiantil de la ‘Nacho’. Me atrevería a pensar que, en muchos de los casos, ni siquiera son estudiantes universitarios. Pudieran ser los nunca bien recordados ‘agitadores profesionales’. 

    Para muchos esta ‘no violencia’ nos haría enemigos de nuestros compañeros de otras universidades e incluso de la misma Nacional que la utilizan la violencia como medio de expresión de su inconformismo. Se vio el miércoles 17, el pasado miércoles, cuando el gesto que tuvieron los estudiantes de la Nacional al proteger a los agentes de la 

policía que estaban siendo atacados con botellas y pintura... Un gesto humanitario que dejó muchos comentarios negativos en redes sociales, por medio de los cuales estudiantes de la Distrital y la Pedagógica nos trataban de ‘fachos’, nos decían que olvidamos la persecución que por años el gobierno le ha hecho a los estudiantes de la universidad pública y que olvidábamos las desapariciones o asesinatos, ¡y no es así! Todas esas acciones tan “crueles” que se asumieron contra los estudiantes es algo que puede que nunca se llegue a perdonar y nunca se va a olvidar, pero si en momentos como estos no decidimos actuar de manera distinta, sensata, una manera que demuestre que somos más, muchísimos

más, que los revoltosos que echan piedra y tiran papas, la sociedad colombiana —esa que tanto necesitamos para conseguir cambiar la situación— nunca estará de nuestro lado, no se detendrá a pensar en ayudarnos, en apoyar el movimiento, el cual solo terminaría siendo visto como una de las tantas “exhibiciones de la pública”, aquellas que dejaban vidrios rotos, graffitis por todo lado y una nube de gases lacrimógenos. 

      Por muchos años los paros de la Nacional parecían una mofa, era como hablar del acento gomelo de los estudiantes de Los Andes… Cuando yo no hacia parte de la ‘Nacho’, no le daba importancia a esto, claramente lo consideraba algo poco cómodo para los estudiantes, pero no me estaba afectando, así que simplemente lo ignoraba. Este año soy una de las afectadas, en este momento tengo cerca de dos semanas durante las cuales las actividades académicas se han visto restringidas: bloqueos en los edificios, cancelaciones de las clases, incluso algunos lo han tomado como una oportunidad para tener unas cortas vacaciones en medio del semestre. El futuro es incierto, no se sabe si el paro continuará o si puede que incluso el semestre sea cancelado.

     Sí, el dinero que el gobierno aumentó va a ser de gran ayuda, pero ese dinero no es suficiente para cambiar la situación. Y no es que los estudiantes no estemos felices con ese paso, no es que seamos desagradecidos ni queramos odiar a Duque porque sí, es que nuestra situación sigue siendo demasiado complicada y necesitamos que, tanto el pueblo colombiano como el mismo gobierno, entiendan que la ayuda es necesaria, que el presupuesto es primordial si quieren que sus hijos —sí, los de los estratos altos también, de allá vienen los presidentes— tengan la oportunidad de estudiar en una universidad pública de calidad.

     Las fotografías que ilustran este comentario no llevan leyenda, pero no son silentes. Sin palabras, hablan por sí solas. Expresan cómo es posible lograr, sin vandalismo, que cientos de estudiantes, de clases sociales distintas, con ideologías contrarias, con problemas más allá de los universitarios, puedan dejar todo eso de lado y movilizarse por el bien común, por su futuro, por la posibilidad de ser más de lo que ya son. Porque Colombia tenga la universidad pública que los jóvenes colombianos nos merecemos.

     La foto de la desidia oficial no puedo hacerla como fotografía para mirarla... Es tan garrafalmente tangible, que no cabe en el el lente de una cámara... Ni siquiera en esos súper-lentes de las nuevas tecnologías...