l gran profesor de filosofía Asdrúbal Valencia me llamó y me dijo: “Quiero que vayas mañana, a las diez, a una reunión que tendremos en el Jockey Club, en la carrera 4 con 72. Se dará mucha información sobre tecnología y tendremos, como sorpresa a un científico colombiano para que entrevistes”.

     Como siempre, llegué muy puntual a la gigantesca casa estilo inglés, una de las más hermosas del sector y subí los siete peldaños antes de llegar al portón de entrada. Un portero, elegantemente vestido, me informó que la reunión sería en el segundo piso.

     Ascendí por una escalera de madera y encontré fácilmente el salón. Estaba allí un señor, de unos 80 años, con su pelo blanco y muy simpático. Saludó amablemente y le respondí comentándole: “Bueno, somos los primeros a pesar de los grandes trancones de Bogotá hoy sábado”.  Él sonrió y me contestó: “Por eso hay que salir más temprano”.

     Mientras mirábamos el jardín de la casa, le pregunté: ¿Me imagino que ya está pensionado? “No, hombre, el cerebro no deja de funcionar sino hasta minutos antes de fallecer”, me contestó.

     —¿Y a qué se ha dedicado?

     —Bueno, a trabajar a ratos, a dictar charlas, a dar conferencias, viajar, descansar.

     —¿Pero ya está pensionado o no?, volví a inquirirle.

     —Sí, claro, aunque no con lo que deseara, pero bien. Venga lo invito a un tinto.

     —Gracias, muy amable.

     Y el señor, muy educado, me sirvió el cafecito mañanero. Lo hacía con especial atención.

     —¿Le gusta con azúcar?

     —No señor.

     Me lo alcanzó y me dijo: “Venga, sentémonos acá, mientras llega la gente”.

     —Bueno le dije—. Me dijeron que hoy hablarían de la tecnología del futuro.

     —Sí, un poco. Espero que les guste lo que les voy a decir.

     —¡Ops¡. ¿Usted es el conferencista?

     —Si señor.

     —¿Y cómo se llama usted?

     —Jorge Reynolds Pombo, a la orden.

     —Bueno, soy Guillermo Romero Salamanca, periodista.

     —Yo soy ingeniero electrónico y me ha gustado la inventiva.

     —¡Qué bueno! le contesté, ya muy intrigado y el tinto comenzaba a enfriarse ante el asombro. ¿Y cómo qué ha inventado?

     —Pues el aparato más conocido es el marcapasos artificial externo con electrodos internos.

     —¿El marcapasos? le pregunté con medio tinto atragantándose en mi garganta. ¡Eso le ha salvado la vida a un montón de personas! grité.

     —¡A casi 80 millones de personas!

     Sentí que las pupilas de mis ojos se abrieron al máximo y el teñido quedó amargo en mi estómago ante la magnitud de persona con quien me encontraba al frente y que muy amablemente me había servido el café.

     Era increíble su agilidad mental, pero también la forma tan sencilla para explicar las cosas a un periodista torpe como yo.

     —¿Doctor desea otro café?, yo se lo sirvo.

     —Gracias.

     Estaba frente al hombre que, en 1957, había creado la forma de ayudar a las personas con problemas cardíacos. En 1958, con la ayuda de Jorge Ulloa y Jorge Hernán Ulloa, había puesto en marcha un marcapasos para la prevención de la trombosis en pasajeros.

     —El primer marcapasos se lo pusimos a un curita, buena gente, eso pesaba un jurgo, como 33 kilos y se prendía con batería de carro. El hombre duró 18 años más. Después lo fuimos reduciendo y ahora, con la ayuda de la nanotecnología será del tamaño de un cuarto de grano de arroz, se implantará casi que de manera ambulatoria y no tendrá batería”, dijo sin resuello.

     —¿Pero usted ha experimentado con animales?

     —Más que experimentar, es conocer el corazón y el funcionamiento de sus organismos. El corazón más parecido

al del ser humano es el de las ballenas. Desde 1991 venimos trabajando con ellas con el apoyo de la Armada Nacional.

     —¿Y dónde tiene su laboratorio?

     —Tenemos un convenio con la Fundación de la Clínica Shaio y allí, con un grupo de jóvenes trabajamos en muchos temas. Creo que en un futuro no habrá necesidad de trasplantes, porque con las células madres se podrán crear los órganos necesarios y temas como el Parkinson y Alzheimer se podrán superar, lo difícil será combatir a las bacterias.

     Llegaron los invitados a la conferencia y el maestro no quiso más tintos. Habló sobre el futuro con tecnología. Comentó de sus averiguaciones y de sus múltiples conferencias. Es un sabio en nanotecnología. Un colombiano ejemplar.

     «Increíble que», pensaba yo, mientras él seguía con su exposición, «los canales de televisión no hayan sido capaces de hacerle una gran novela a una persona como el doctor Jorge Reynolds Pombo».

     Por ahora, lo acompañaré y aplaudiré el próximo 14 de noviembre, en el Gimnasio Moderno de Bogotá, cuando le entreguen el Premio al Mérito Momentos por su aporte científico humanitario.

No he vuelto a tomar café.

     Al llegar la temporada invernal con sus eternas noches gélidas quienes habitamos en climas fríos pensamos, de inmediato, en el invento de Slavoliub Eduard Penkala.

     Nació en Croacia en un municipio difícil de pronunciar para nosotros los de lengua castellana: Liptószentmiklós el 20 de abril de 1871. Desde muy pequeño mostró su interés por armar y desarmar lo que encontraba a su alrededor. Sus padres quisieron que fuera Médico, pero después de unos meses, determinó que no servía para mirar enfermos y mejor se pasó para la Química. Terminó sus estudios y al mes se casó con una música.

     Pero él seguía creando cosas e inventando aparatos para ayudar en la vida común. Uno de ellos fue el lápiz mecánico y después el bolígrafo con tinta seca. Antes de esta idea, la gente usaba la pluma de acero o de oro y la tinta china. Ocurrían muchos accidentes que manchaban las hojas y se dañaban los trabajos.

     Penkala como el decían porque su nombre también era difícil de pronunciar trabaja en oficinas del Estado, pero encontró a un miembro de la familia Moster que contaba con medios económicos y montaron una fábrica para producir en masa las creaciones de Penkala.  

     Era un admirador de la inventiva de Wilbur Wright y Orville Wright, conocidos mundialmente como los hermanos Wright, pero también les decían los seguidores de Ícaro, porque fueron capaces de controvertir la Ley de la gravedad con la aeronavegación. Entonces a Penkala armó el primer avión croata y, además, le inventó una silla especial para los vuelos.

     Se calcula patentó unos 80 nuevos elementos para el mundo. Sin embargo, uno de los más conocidos es la botella de agua caliente. En esa época la gente calentaba las camas de diversas maneras: con unas planchas metálicas o con unos sartenes que llevaban carbón y las ponían a un lado o debajo de los catres, pero el olor al mineral quemado era bastante

molesto y los durmientes entre sus ronquidos naturales se la pasaban estornudando. Era muy incómodo dormir en esas noches de invierno, pero entonces Penkala pensó en una solución.

     Hubo también botellas de vidrio que se llenaban de agua caliente, pero a veces explotaban por el calor o se regaba el agua en los colchones y claro, las señoras amanecían, por lo general, de mal genio. Penkala creó entonces la bolsa de agua con un plástico resistente al calor y con una tapa hermética. ¡Qué bendición!

     A partir de 1903 no más carbones en las alcobas.

     En estas noches frías de invierno dele gracias a Penkala cuando duerma plácidamente con la bolsa de agua caliente y déjela rodar por todo el tálamo con tranquilidad.

     El 17 de octubre de 1979 le informaron a la madre Teresa de Calcuta que recibiría el Premio Nobel de la Paz por su ayuda a los pobres del mundo, a quienes señalaba como encarnación de Jesús.

     Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto de 1910, en Skopie, Macedonia, en una familia acomodada económicamente y a los 18 años ingresó a un convento y cambió su nombre por el de Teresa, en homenaje a santa Teresa de Lisieux. En 1950 la Santa Sede le dio permiso para fundar la Congregación de las Misioneras de la Caridad con el propósito de dedicarse al cuidado de los pobres, los enfermos, los abandonados por sus familias y los moribundos.

     Hoy la congregación cuenta con unas 4.500 religiosas, vestidas de sari blanco y azul, y tiene presencia en 153 países. Ayuda a refugiados, mujeres en situación de prostitución, enfermos mentales, infantes abandonados, leprosos, tuberculosos, víctimas del sida, adultos mayores y convalecientes.

     Miles de anécdotas se han escrito sobre la vida de esta religiosa que dio ejemplo de caridad en el mundo.

     David Van Biema, autor del libro ‘La madre Teresa: La vida y las obras de una santa moderna’, dice que cuando era niña “escribía poesía y tocaba la mandolina. Su familia recibía huérfanos y ella acompañaba a su madre cuando iba a atender a los necesitados”.

     Emigró a la India para convertirse en monja a los 18 años, pero trabajó como maestra por 17 años antes de experimentar varias visiones y locuciones —comunicaciones verbales— de parte de Jesús. La experiencia, escribió su confesor en ese tiempo, fue “continua, profunda y violenta”.

     Teresa, dice su biógrafo, redefinió el concepto de “trabajar con los pobres” en la época moderna. Ella sustituyó la palabra pobres con la frase: “los más pobres de los pobres”, una nueva categoría con su correspondiente imperativo moral. 

     Pero para la madre Teresa de Calcuta no fue fácil sostener su fe en Dios.

     En 2007 publicaron unas cartas privadas donde mostraron un sorprendente nuevo lado de Teresa: tuvo un periodo de 39 años que coincidía casi exactamente con su carrera de misionera en el que parecía que Jesús estaba ausente para ella en sus oraciones, incluso en la Eucaristía.

     “El silencio y el vacío es tan grande”, escribió Teresa, “que busco y no encuentro, la lengua se mueve —en 

oración— pero no habla”. 

     A pesar de su deteriorado estado de salud, la madre Teresa trabajó hasta el día de su muerte, el 5 de septiembre de 1997. En octubre de 2003, frente a más de 300.000 personas, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. En la Plaza de San Pedro, en El Vaticano, en la mañana del 4 de septiembre de 2016, el Papa Francisco la canonizó. 

     El 11 de diciembre de 1979, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz, no sin antes excusarse de ir al banquete que ofrecían los organizadores y pedirles que el dinero del premio fuera destinado a los pobres de Calcuta, pronunció

un discurso que hizo llorar a más de un espectador.

     Dijo, entre otras cosas sobre la situación de los pobres, que “Jesús se vuelve el hambriento, el desnudo, el sin hogar, el enfermo, el prisionero, el solitario, el no querido, y dice: «Ustedes me lo hicieron». Hambriento de nuestro amor, y este es el hambre de nuestra gente pobre. Este es el hambre que tú y yo debemos encontrar, puede estar en nuestro propio hogar”.

     Para los adultos mayores también tuvo sus palabras: “Yo nunca olvido una oportunidad que tuve visitando un hogar donde tenían a todos estos viejos padres y madres de hijos e hijas que sólo los habían puesto en una institución y tal vez olvidado. Y fui ahí, y vi que en ese hogar tenían todo, cosas hermosas, pero todos miraban hacia la puerta. Y yo no vi una sola sonrisa en sus rostros. Y volteé hacia la hermana y le pregunté ¿cómo puede ser?, ¿cómo puede ser que las personas que tienen todo aquí, miran hacia la puerta?, ¿por qué no sonríen? Estoy tan acostumbrada a ver una sonrisa en nuestra gente, incluso la sonrisa moribunda, y ella dijo: Esto es casi todos los días, ellos están esperando, están esperando que un hijo o hija venga a visitarlos”.

     Al referirse a los drogadictos, esa tarde dijo: “Me sorprendió en el Occidente ver a tantos chicos y chicas jóvenes ceder ante las drogas, e intenté descubrir el porqué, ¿por qué es así?, y la respuesta fue: porque no hay nadie en la familia para recibirlos. El padre y la madre están tan preocupados que no tienen tiempo”.

     Fue clara al hablar sobre el aborto: “Estamos hablando de la paz. Estas son cosas que rompen la paz, pero siento que el mayor destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma”.

     “Muchas personas están muy preocupadas por los niños en India, por los niños en África, donde muchos mueren, tal vez de desnutrición, de hambre y demás, pero millones están muriendo deliberadamente por la voluntad de la madre. Y ese es el mayor destructor de la paz hoy. Porque si una madre puede matar a su propio hijo —¿qué falta para que yo te mate a ti y tú me mates a mi?— no hay nada en el medio”.

     “Los pobres”, dijo en su discurso de 8 páginas, “son gente maravillosa. Una noche salimos y recogimos a cuatro personas de la calle. Y uno de ellos estaba en terribles condiciones, y le dije a las Hermanas: Ustedes cuiden a los otros tres, yo cuidaré a este que se ve peor. Así que hice por ella todo lo que mi amor puede hacer. La puse en la cama, y había una sonrisa tan hermosa en su rostro. Ella tomó mi mano mientras me decía una sola palabra: «Gracias», y murió.

     “Hay tanto sufrimiento, tanto odio, tanta miseria, y con nuestras oraciones, nuestro sacrificio comienza en casa. El amor comienza en casa, y no es qué tanto hacemos, pero qué tanto amor ponemos en las acciones que hacemos. Es a Dios todopoderoso —cuánto hacemos no importa—, porque Él es infinito, pero cuánto amor ponemos en esa acción. ¿Cuánto hacemos por Él en la persona a la que estamos sirviendo?”, agregó la santa.

     Cuando la madre Teresa recibió el premio, se le preguntó: “¿Qué podemos hacer para promover la paz mundial?”… Ella respondió: «Vete a casa y ama a tu familia».