Pasadas las elecciones presidenciales y transcurridos varios meses de gobierno, el actual presidente Duque no logra armonizar sus propuestas con las realidades: en el Congreso se le ha hundido buena parte de sus proyectos en materia política, justicia, tics, financiamiento y demás. Pero esto apenas es un aviso de lo que viene en 2019. Los resultados de las presidenciales dejan dibujado un mapa político sobre el cual las intenciones regionales empiezan a pensar sus campañas y las posibilidades que pueden tener para hacerse de gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos, JAL’s y otras formas del llamado poder territorial.

     Por supuesto, no se trata de un asunto de endoso de votos, pues en esta etapa no se puede desconocer la fuerza que acumulan los llamados ‘caciques regionales’ en sus respectivos departamentos. Tampoco la votación a la Presidencia por determinado candidato significa, necesariamente, que las personas apoyarán automáticamente a un candidato con cercanía ideológica. Lo

que sí es cierto es que las próximas elecciones locales y regionales estarán disputadas tanto por la diversidad en la votación presidencial, como por las nuevas fuerzas que han surgido, representadas en las altas votaciones de Gustavo Petro y Sergio Fajardo.

     En ese mismo sentido, las elecciones regionales de 2019 contarán con un nuevo actor: la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), que se la jugará por obtener puestos de poder, sobre todo en las regiones y los municipios en donde tuvieron influencia durante los años de conflicto armado con el Estado.

     Las elecciones nacionales de este 2018 dejaron grandes lecciones y lesiones que se reflejarán en la temporada territorial electoral de 2019, donde estará en juego el poder en departamentos y municipios.

     Tras el epílogo promediando este año de los comicios legislativos y presidenciales, comenzó lentamente, en el segundo semestre, la campaña electoral para la renovación del mando en gobernaciones, alcaldías y en las corporaciones políticas regionales y municipales, como son las Asambleas y los Concejos, además de la organización partidista de base en las comunas, que se materializa con el trabajo de los ediles de las Juntas Administradoras

Locales, las JAL’s.

     Y la lucha democrática en el ámbito territorial despierta tantos intereses por el manejo de lo público que, a punto de concluir este año y para el caso del Caribe colombiano, ya existe una generosa fila de aspirantes, sobre todo para las alcaldías de Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Santa Marta, Riohacha, Montería y Valledupar, consideradas un premio gordo en la lotería electoral de la política parroquial.

     El año electoral ya comenzó a correr luego de que la Organización Electoral expidiera el calendario electoral y despegara el pasado 27 de octubre el proceso de inscripción de cédulas, al tiempo que en esa misma fecha

comenzaron a regir las principales inhabilidades a un año de los comicios.

     Los resultados electorales de los comicios legislativos y presidenciales configuraron un nuevo mapa político nacional, que seguramente, pero no siempre y tampoco necesariamente, tendría repercusiones en las urnas de las regiones.

     Uno de los hechos políticos del 2018 fue el triunfo electoral nacional del uribismo con su partido Centro Democrático en el Senado y en la recuperación del poder presidencial con el hasta hace cuatro años desconocido exsenador Iván Duque Márquez, de sangre antioqueña, pero bogotanizado en sus costumbres.

     Diez millones de colombianos le dieron el triunfo, pero otra gran novedad fue el avance en votación de la izquierda y de la inconformidad que, con ocho millones, puso a temblar a la tradición y a la derecha colombiana, que va a ajustar 200 años al frente del timón nacional.

     Paralelo a estos dos acontecimientos se produjo el ya muy evidente retroceso de los partidos legendarios Liberal y Conservador, lo que confirmó aún más que el bipartisdismo ya es historia y, sobre todo, a partir de la Constitución de 1991. Al menos los rojos liberales pudieron sacar pecho al obtener el mayor número de curules en la regional 

Cámara de Representantes.

    Aunque sobrevivieron, los partidos Cambio Radical y la U también sintieron el cimbronazo de los cambios en las tendencias del electorado nacional, mientras que los centristas y semi-izquierdos verdes y algunos religiosos y étnicos demuestran la pluralidad política que, cada vez más, impera en Colombia. Todo esto matizado con la, por ahora, muy frágil presencia de las Farc en el Legislativo.

     Con ese panorama nacional, Colombia se apresta a concluir un 2018 muy político y seguir derecho en campaña electoral, pero esta vez para empalmar con la disputa democrática para la elección de sus autoridades civiles en departamentos y municipios.

     Las elecciones del domingo 27 de octubre de 2019 son una oportunidad para que la Costa empiece a quitarse de encima la maldición del voto comprado y del clientelismo feudal. Pero eso solo será posible si la abstención se reduce significativamente y si de manera libre elegimos líderes honrados y capaces a las gobernaciones, alcaldías, concejos, asambleas y juntas administradoras locales. La calidad de las instituciones públicas en la Costa solo subirá si en las urnas escogemos a los mejores.

     Y ya está bueno de tanta ‘feria de ocurrencias’ en las campañas.Vamos a trabajar por profesionalizar las campañas, hagamos campañas modernas, innovadoras, creativas, echemos mano de la tecnología y trabajemos para que la abstención baje y los candidatos sean los mejores, no los de siempre o sus delfines o sus herederos.