Comienzo presentando excusas a Fernando Castañeda ─mi amigo, mi colega, el pintor, el escritor, mi ‘pana’, el director de El transeúnte─, porque mi participación en la presente edición de este medio de comunicación impreso he de dedicársela a otro instrumento comunicacional: El Muelle Caribe, la página web que dirijo: www.elmuellecaribe.co

     Y es que, a manera de hebdomadario, el próximo 9 de febrero ─Día del Periodista─ El Muelle Caribe ha de cumplir, actualización 194-195, cuatro años de estar haciendo presencia en internet.

     Su génesis fue en papel, hace 14 años, un mes de febrero, cuando se asomó al mundo del periodismo independiente ─entre pasitos ‘tum-tum- carnavaleros─, con motivo del noveno Sirenato Departamental de la Cumbia, en Puerto Colombia. Entonces se llamaba El Muelle ─solo El Muelle─ y era un medio que tenía la ambición de consolidarse como vocero de Puerto Colombia y defensor de la necesaria necesidad de que el

establecimiento invirtiera en el viejo muelle para que este no siguiera cayéndose a pedazos, como finalmente se ha caído.

     Queríamos ser eso ─hace algo más de 14 años, casi 15─ sin dejar de lado, en su formato tamaño carta, el registro de situaciones que ameritaran el desarrollo de crónicas, reportajes, ensayos y entrevistas, como en efecto lo practicamos. Hoy, el viejo muelle, el de hormigón de Francisco Javier Cisneros, ya no existe, lo dejaron caer.

     Y evoquemos: mientras la amistad del director con el presentador de radio y televisión Edgardo Caballero se consolidaba ─amistad que aun pervive, que irremediablemente es sólida porque ha sabido resistir “los estados catalépticos e incomunicativos impuestos por la distancia y el tiempo”*─; mientras el nacimiento de El Muelle fortalecía amistad con quien, en la línea de créditos, había de figurar como cofundador en calidad de ‘periodista marketing’, en el interior del hogar Orellano-Silva surgía un ‘conflicto’ familiar: Claudia Marcela, 6 años, hacía pataleta casi diaria porque su hermana mayor Laura Carolina, 14, escribía y publicaba, pero aquella no. La situación se zanjó con una iniciativa de la misma Claudia Marcela y la cual ella cuenta en breve autobiografía-presentación de sus libros de poemas ‘Expresar, una hermosa manera de amar’ y ‘Encuentra tu realidad’, dos trabajos escolares: “Comencé a escribir desde muy temprana edad, siempre con cierta atracción hacia lo dramático… Mi abuela me inspiró a escribir mi primer poema, el cual tiempo después le regalé a mi mamá”… La edición de El Muelle en la cual 

se publicó el primer poema de Claudia Marcela, un poema a la abuela María Helena, se extravió de tanto pasar de mano en mano mostrando el ingenio de la pequeña. Lo mismo que ocurrió con otras ediciones.

     Y había de ser el colega y amigo Jorge Medina Rondón, cuando fungía como asesor de comunicaciones de la Gobernación de Carlos Rodado Noriega… había de ser Jorge, digo, quien hizo redondear el nombre definitivo de la revista tamaño carta: “Háganlo caribe”, nos dijo. “Que sea El Muelle Caribe”, puntualizó. Y así fue.

     En papel, si mal no recuerdo, fueron diez ediciones, las últimas como El Muelle Caribe, todas soportadas con una excelente pauta publicitaria que dio para mantener la publicación hasta cuando fui llamado, nuevamente, a vincularme con la campaña política ‘Para La Guajira, ¡Lo mejor!’ que había de llevar a la Cámara de Representantes al médico gineco-obstetra Bladimiro Cuello Daza y, de paso, obligaría a mi traslado a Bogotá, donde resido desde entonces, hace doce años y cinco meses. Los primeros ocho había de laborarlos, en condición de Jefe de Prensa de Unidades de Trabajo Legislativo, UTL, de la Cámara Baja del Congreso de la República.

     Un año después de mi retiro de la Cámara, se me dio por revivir, diez años más tarde, El Muelle Caribe, pero ahora en la web. Usar la autopista cibernética para viajar al pasado, para evocar situaciones periodísticas que me involucraran y que, al retomarlas, le dieran alimento a mi ego. Aun www.elmuellecaribe.co no era semanal, era ‘cuandipuedista’…

     En las primeras apariciones, muchas fueron las voces que me estimularon… pero para que usara El Muelle Caribe, no como reconstituyente egocéntrico, sino en el ejercicio de los diferentes géneros del periodismo.

     Y así lo hice.

     Lo abrí a la crónica y a la opinión, que, hoy por hoy, son géneros que forjan el estandarte de El Muelle Caribe. Y puesto de esta otra forma en la web, El Muelle se fue llenando de firmas ─intelectuales, profesionales, sin distinto de ninguna índole─, que hoy, casi cuatro años después, con casi dos centenares de actualizaciones, han sido y son columnas para el pensamiento que soportan a El Muelle Caribe: los extintos historiadores Arturo López Viña y Jairo Tapia Tietjen, el barranquillerísimo Jaime Romero Escobar, residente en Miami; las hermanas Laura Carolina y Claudia Marcela Orellano Silva, el comunicador José Orellano Ripoll ─los Orellano: lo que se hereda no se hurta─, los cronistas William Gómez Polo, Raul Brugés Fuentes, Eduardo García, David Campo Pineda y Vilma Cepeda, la odontóloga y poeta Kelly Estrada, la contadora de historias AnaVictoria Romero Rodríguez, el poeta ─chileno─ Emiliano Pintos, el poeta Carlos Julio Ramírez Campo, el mismo Edgardo Caballero, el poeta, escritor y pintor Víctor Hugo Vidal, la pintora y poeta Emna Codepi, el pintor, periodista y escritor Fernando Castañeda, el líder comunitario guajiro Luis Roberto ‘Pelón’ Herrera, el poeta Hermes López Deluque, el abogado Armando Pérez Araujo, el pedagogo Armando Emilio Colón Rojas, el ‘Cazador de historias’ Juan Carlos Rueda, escribieron, han escrito y han de seguir haciéndolo en El Muelle Caribe, como a la fecha lo hacen el profesional en salud ocupacional Jorge Agudelo Moreno, la poeta, escritora y editora Nury Ruiz Bárcenas, el administrador de empresas y electrónico Edgar Awad Virviescas, el ingeniero ambiental, escritor y poeta Abel Rivera García, el asesor político Miguel Maldonado Martínez, el abogado y columnista de diversos medios Ricardo Villa Sánchez, el pedagogo y licenciado Alonso Ramírez Campo, el abogado, poeta y escritor José Joaquín Rincón Chaves, el periodista y gestor social Guillermo Romero Salamanca, el pedagogo Fernando Molina Molina-‘El cronista soy yo’, los figurativos Inocencio De la Cruz y El Monje y, desde apenas un par 

de semanas, el intelectual especializado en Ciencias de la Educación, el exrector de la Universidad del Atlántico Ubaldo Meza Ricardo.

     Creo que no he dejado escapar nombre alguno, una treintena de extraordinarias mentes que me han acompañado y me acompañan en este esfuerzo sobre la base de las letras, a todas luces quijotesco: hacer periodismo como una pasión que ¡no pasa!, independiente, desde un criterio yoista, pero constructor, sin hipocresías, mecidos, de acuerdo con las circunstancias, en la objetividad y la subjetividad relativas. Vuelto un instrumento comunicacional independiente, a disposición de todos los que desean publicar en El Muelle Caribe. ¡Aunque sin la pauta de aquellos tiempos de papel!

     Hoy, mientras el viejo muelle, el de hormigón del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, el de Puerto Colombia, ya no existe ─porque el establecimiento lo olvidó y dejó, con subrayada desidia, que, expuesto a la bravura del mar Caribe, se destrozase y hundiese sin pena y apenas con una gloria muy relativa─, El Muelle Caribe se yergue consolidado. Las firmas que hoy publican en El Muelle Caribe, son pilares-soporte de un medio cibernético que una vez hubo de renacer como reconstituyente egocéntrico de su director.

     Eso sí, desde sus comienzos en la web hasta la presente, manteniendo a El Muelle Caribe en un formato apegado al estilo de los periódicos y revistas de papel. Añoranzas de lo hecho en el

pasado, mezclado con algunas de las herramientas del presente de las nuevas tecnologías.

     En estos casi 200 números, ha sido diversa la temática abordada, cualquier cantidad de temas tratados con libertad por los columnistas y cronistas, sin retenes ni aduanillas para las ideas y sin las afugias ─locución muy colombiana inadmitida por los caprichos académicos de DRAE─ que genera la búsqueda de noticias.

     Sin apuros, sin dificultades ni aprietos al momento de escribir, sí ─estados que no faltan para el director al momento de editar y diseñar y madrugar y empalmar las noches con las auroras─, El Muelle Caribe se proyecta, en este fin de año, bien redivivo… Redivivo, más que nunca… ¡Y para perdurar!

     En este fin de año de 2018, actualizaremos en la web hasta la semana del 24, víspera de Navidad, por cuanto nos iremos de descanso, para volver el 14 de enero de 2019, con la actualización 180. Y es que son solo dos momentos al año en los que se deja de circular actualizados: los lunes de esta temporada de fin y comienzo de calendas y el lunes de C  arnaval.

     A quienes me acompañan en esta emocionante aventura, mil y mil y mil gracias. Mi abrazo fraterno. ¡Los amo!

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*De eso sigue hablando el extinto poeta vallenato Luis Mizar Maestre.