Su canto encierra leyenda, tradición y sabor a pueblo. Sobre él reposa, una de las mayores responsabilidades para que este Folklore vallenato haya logrado su inmortalidad. Recoge en su voz, la narrativa campesina y la convierte en canción, para que nuestra inmensa provincia sea más conocida.

     Nació el 18 de septiembre de 1.948 en Villanueva, La Guajira, en el hogar de Carmen Díaz Daza y Emiliano Zuleta Baquero. La primaria la estudió en su pueblo natal, parte del bachillerato en el Colegio Nacional Loperena y en Tunja, Boyacá, más dos años de Derecho que cursó en la Universidad Libre.

     Desde niño cubrió su vida de versos, piquerías y sones ejecutados por sus antepasados. No tenía más de siete años cuando su padre lo dejó en compañía de sus hermanos Emiliano Alcides y Carmen Emilia, en una finca del Plan Sierra Montaña. Su hermana se montó en una poltrona alta y no se podía bajar. Ante lo poca posibilidad que tenía ‘Poncho’ de bajarla, acudió al repentismo y construyó los siguientes versos:

“Dígale a Emilianito

que corra y venga acá

que aquí está Carmen Emilia

que no se puede bajá”.

     Siendo un muchacho, lo mandaron sus padres donde su abuela Sara María Baquero para que lo corrigiera ya que era muy travieso. Solo la actitud popular y dictadora de esa abuela, pudo moldear todo ese talento disperso. En más de una ocasión, lo cogió la madrugada escuchándola cantar y versificar cantos inéditos, mover sus polleras largas, mientras la luna clara hacía las veces de mechón.

     En 1969 participó en la categoría aficionada con su hermano Emiliano y en la caja Jike Cabas, donde resultaron ganadores. Posteriormente, grabó para discos Philips al lado de Nicolás Elías Mendoza Daza junto a Rodolfo Castilla, caja, y Adán Montero, guacharaca. Cantó seis canciones de las que se destacaron ‘La Diosa Coronada’, ‘Amor Querido’ y  ‘El Regreso de Carmen’.

     En 1971 inició en CBS junto a su hermano, uno de los pasajes más importante para la consagración de la música vallenata. Como compositor creó un sentido homenaje a sus padres, el cual fue grabado por la voz de Jorge Oñate y los hermanos López, donde ejecutó la guacharaca y se consagró como cantautor, para que su nombre sea siempre destacado en la difusión de nuestra música vallenata. ‘Mis Viejos’ representa el sentimiento que desborda un buen hijo, por la impagable labor desarrollada por ellos. Es un canto que trata de reducir la nostalgia que produce

la lejanía.

“Oye vieja Carmen Díaz

te canta Poncho Zuleta

a ti te debo la vida mía

para todo yo te tengo en cuenta

y tu vejez la pasaras lo más contenta

con este hijo que te piensa noche y día”.

     Su actividad musical se ha visto rodeada de muchos amores. A ellos les ha cantado, en procura de contribuir a su exaltación. Dentro de esa agitada vida artística, el cantautor tiene 16 hijos, a los cuales quiere con la misma expresión afectiva. Él es un hombre de muchos amores, regados en la geografía de nuestros pueblos. Con Luzmila García, a quien le hizo varios cantos, tuvo a Andrés Alfonso, Carlos Alberto, Héctor Arturo y Luzmila Rosa, quienes estudiaron y muestran sus inclinaciones por la música, situación que no sería raro en ellos. 

     Son muchas las madrugadas, en donde el verso libre y lleno de musicalidad ha tenido en él, al más grande divulgador. Es

‘Poncho’ Zuleta el hombre que, con justa razón, le ha entregado a la gente y al vallenato, más del ochenta por ciento de su vida. Es el personaje del chiste, de la amanecida con sus amigos. El que ha convertido a su casa en la eterna embajada no solo musical, sino del servicio oportuno y buen trato, elementos esenciales para obtener un excelente nivel de vida. Esto le ha permitido recibir de sus colegas el respeto necesario no solo por sus dotes cantoriles y de compositor, sino por ser el hombre que no se expresa mal de sus colegas y amigos, al no dejarse enredar por el comentario ligero y mal intencionado que, en la mayoría de los casos, empequeñece a los hombres y les reduce cada vez más su espacio. Él lo sabe, por eso construye a creces los afectos que arrincona en los espacios que tiene su corazón, en procura de lograr llegar al final de su actividad artística con el prestigio, la gloria y la fama intactos, que en un momento se puede obtener.

  “Se me ocurre pensar que sí algún día

Ya no pueda cantar como ahora canto

seguiré componiendo mis canciones

para no retirarme de este arte

porque hay cosas que se quieren bastante

y que son de profunda simpatía

y hasta mi vida quizás daría

por el folklor que quiero tanto”.

     Grandes acordeoneros han permitido que su canto se haya extendido hasta los rincones más recónditos de Colombia y el extranjero. Entre ellos encontramos a verdaderos reyes que han desfilado por el Festival de la Leyenda Vallenata, donde han obtenido el reconocimiento de un pueblo delirante que sigue a este evento cultural. Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, ya fallecido, Alberto Villa, Raúl ‘Chiche’ Martínez y ‘Cocha’ Molina, continuadores con mucha altura del estilo impuesto por el más grande acordeonero del vallenato, Luis Enrique Martínez Argote, que al final reedita el buen momento en el que han contribuido estos tres músicos. Con su sobrino Iván Zuleta Barros, hizo 

un solo producto musical.

     En la actualidad hace pareja con Gonzalo ‘El cocha’ Molina, que viene precedido de un gran reconocimiento por haber grabado con Diomedes Díaz Maestre, Iván Villazón, Jorge Oñate y por ser rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata.

     Tiene ‘Poncho’ Zuleta Díaz, la facilidad de crear unos oportunos versos y tener un canto folclórico que reproduce las expresiones de todo un pueblo. Su aparición en la música vallenata permite refrendar

todo un pasado glorioso construido por su familia, cuyos antepasados están sustentados en personajes como Cristóbal Zuleta y Sara María Baquero, quienes gestaron al viejo Emiliano Antonio Zuleta Baquero, un hombre creador de grandes caminos vallenatos, que le da a nuestra música un destacado sitial y, por los que ha construido, unos maravillosos hechos para nuestro folclor y en especial su música.

     Sus más de 40 años de vida artística, en la que ha podido Tomás Alfonso Zuleta Díaz recibir las mayores exaltaciones a una actividad musical tan productiva, en la que CBS hoy Sony Music, la casa disquera que ha velado por su continuidad y mantenimiento, tiene en su canto al mayor respaldo para no dejar que la esencia de ese vallenato que iniciaron hace ya tantos años, se pierda por el normal paso de nuevas generaciones, que proyectan esta música a su manera. A esto se suman los seguidores, cuyas generaciones se han renovado y le han permitido, en unión con su hermano, recibir treinta discos de oro, diez de platino, cinco dobles platinos, tres Congos de oro del Carnaval barranquillero, reconocimiento por parte del Gobierno nacional, el Congreso y la Cámara de Representantes, las gobernaciones, consejos y asambleas de muchos departamentos de Colombia, entre ellos, el Cesar y La Guajira.

     ‘Mi Salvación’ es un paseo de su autoría, que ha logrado una gran aceptación dentro del gusto musical del público que sigue al vallenato. Esta obra ha tenido tres versiones, la original gestada por los Hermanos Zuleta Díaz. La segunda, por el inmortal cantante barranquillero Nelson Pinedo y, la más reciente, por el acordeón de Israel Romero y la voz de Jean Carlos Centeno.

“Pero ella cree que mi arte musical

me impide dedicarme solo a ella

sabiendo que diariamente me desvela

sentirme acompañado de esa morena

que simboliza mi felicidad

le quisiera demostrar

mi sentimiento internamente

a los dos nos favorece

ese modo de pensar”

     Tiene la voz de Tomás Alfonso, la fortuna de haber dado los grandes saltos que le permiten a los valores de su generación, mantenerse y consolidarse frente a la globalización que se experimenta en nuestro país con relación a la música vallenata. Porque de los 70 años que tiene de explotación fonográfica este folklor musical para orgullo nuestro, este cantor le ha dado más de 40 años de su existencia a la consagración de los cantos vallenatos para bien de la música colombiana. Además, el vender discos con una aceptación que crece cada vez más, es otro de los atributos que le acompaña, frente al grave problema de ‘piratería’ que padece la industria de todo lo que se produzca en Colombia.

     Los pueblos de Colombia han sentido la presencia vigorosa del ‘Cantor del verso’. En cada uno de ellos, se ha enfrentado musicalmente a los talentos de otras expresiones folklóricas, que han sentido la fuerza del personaje que supo recoger toda la influencia musical que le dejaron sus padres, regados en toda la provincia como un legado, el cual ha adoptado con el verdadero compromiso moral, social y artístico que le ha dado a cada una de sus actividades. No es raro para él como artista, el verse rodeado del cariño de niños, jóvenes y ancianos que reedita los valores humanos que siempre salen a flote, en el análisis que se haga de la labor humana y artística de Tomás Alfonso Zuleta Díaz, con lo que se reafirma, un eslogan que es de su creación, el cual ha podido defender: “Antes que ser 

cantante, compositor u otra actividad, es necesario ser gente”.

     Esa vida cubierta de música y valores humanos le permite al cantautor y a los que estamos cerca del discurrir de esta música, avizorar que el famoso cantautor emulará lo hecho por ‘El viejo Mile’, que a pesar de los años murió verseando, haciendo canciones, tocando su acordeón y metiéndole más de una ‘puyita’, a su compadre Lorenzo Miguel Morales Herrera y a quien se le atravesara en ese momento. Y es lo que nuestro cantautor hace cada vez que tiene un contendor al frente. Lo reta, lo hace subir a la tarima, lo acorrala a versos, a la usanza de viejos gladiadores, y con frases de cariño termina venciéndolo. Porque está demostrado que al único valor de la música 

vallenata que le luce la frase folklórica, por muy subida de tono que sea, es a él.

     Todos queremos que los años pasen por encima de él, sin la menor huella. Que se enfrente a Matusalén si es necesario, pero que no nos vaya a dejar solos, porque nosotros sin él no estamos completos y, estoy seguro, que también le hacemos falta.

     Contentémonos por ahora, que, así como está Tomás Alfonso, son muchos los años que han de llegar. Esto nos permitirá de manera recurrente, encontrarnos con el más desconocido de nuestros compatriotas, quien, con su frase sentenciosa, llena de cariño, nos dirá, “Por aquí estuvo Poncho, nos alegró el alma con su canto”.

     Por ahora, cantemos un verso construido en la época en que nos sorprendía, montado en una tarima, incitando a su hermano Emiliano, para que revolucionara con sus arreglos y ejecución, el nuevo rumbo que tomó nuestra región, al surgir estos hermanos llenos de tanta alma musical.

“En estos versos me quiero referir,

a lo más grande que ha dado la provincia

a donde llegan ellos siempre simpatizan

la música que han sabido transmitir

el público ha sabido distinguir

la clase y el talento del artista”.

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*Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural para que el vallenato tenga una categoría en el premio Grammy Latino.