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     Es común en los países de habla hispana acudir a los nombres sonoros del inglés para bautizar a los hijos, sin fijarse mucho en la escritura correcta en el idioma original sino en la sonoridad, ejemplo:

     Brayan por Brian, que debería pronunciarse Braian.

     Fanny por Funny, que significa alegre, divertida.

     Greis o Greici, por Grace, como la reina de Mónaco.

     Y así, muchos casos más, algunos rayando en lo cursi o ridículo como el hallado en Buenaventura, Valle, con Usnavy Riascos, a quien su padre puso ese curioso-original-cursi nombre porque el día que nació la niña arribó al puerto un acorazado norteamericano que, como todos los de la fuerza naval de ese país, llevan el distintivo de US NAVY, Fuerza Naval de Estados Unidos.

     Pues bien, aunque Lady Diana, la princesa de Gales, murió trágicamente en 1997, el hecho estaba fresco cuando nació la hija de Manuel Salgado y Nancy Guzmán el 2 de enero de 2002 y la bautizaron Leidy, así como suena Lady en inglés.

     Lo que no imaginaban es que su hija sí se convertiría en reina, no de Inglaterra sino del vallenato… ¡y vaya cuantas veces!

     Veintinueve veces, en apenas cuatros años de estar compitiendo en diversos certámenes en el Caribe y fuera de él, enfrentándose a varones y mujeres de todas las edades, lo cual no es un gran obstáculo para ella, como sí lo es vencer los sórdidos propósitos de jurados deshonestos que reciben dádivas de padres o patrocinadores de concursantes que invierten ingentes sumas de dinero para comprar premios.

     La corona número 29 la obtuvo el pasado 22 de marzo, el día que llegó la primavera y la vio alzarse con el primer puesto como Reina Juvenil del Acordeón en el Festival Francisco, El Hombre, de Riohacha, además del segundo puesto como mejor voz y el tercer lugar como mejor agrupación, categorías en la que se vio un poco mermada por el viaje de 18 horas por tierra atravesando todo el litoral, desde Apartadó, en el corazón de Urabá, hasta la capital de La Guajira.

     Pero bien, este es un hecho feliz que se suma a la larga estela del mar de alegrías por el que navega Leidy Carolina Salgado Guzmán desde hace cuatro años, cuando abrazó el acordeón para gritarle al mundo, más que decirle, todo lo que se desborda por los poros de su hermosa piel negra, contenedora de todas las virtudes de sus ancestros africanos.

Ráfagas de acertadas notas tanto en los pitos como en los bajos… Y una ráfaga disparada por la cámara para captar el seriado gráfico que transmite la vitalidad de Leidy con el acordeón terciao, al tiempo que canta…

Así nació para la música

     ─Pa’ vé, papi, pásame el acordeón, que yo toco esa escala de una…

     ─¿De verdá, Leidy? Pero tú nunca has venido a una sola de mis clases… (le dijo esto porque un alumno de la escuela “no daba chicle” para tocar una melodía relativamente secilla).

     ─No importa. Que la toco, la toco… ¡y cuidadito más!

…o0o…

     Este diálogo se daba en la escuela de música de la Casa de la Cultura de Apartadó, Antioquia, entre la niña Leidy Carolina Salgado Guzmán, de escasos diez años, y su padre, Manuel Salgado, veterano acordeonista y profesor de ese instrumento.

     Conociendo su fuerte carácter y la actitud decidida de su hija, Manuel no tuvo más opción que entregarle el sonoro artefacto que fabrican en Alemania para tocar polkas y valses, aires musicales tan distantes de los que conforman el vallenato, como nuestro continente lo está del europeo.

     El mayor temor de Salgado era que la pequeña niña no pudiera con el peso del instrumento, un ‘Cinco letras’ diatónico profesional, ya que, aunque tenía una estatura normal para su edad, su contextura física nunca ha sido muy robusta. Es lo que cualquiera llamaría una jovencita flaca.

     Pero eso no fue óbice para que la hija mayor del segundo matrimonio de este avezado acordeonista o acordeonero, como la lengua popular lo define, que ha grabado más de trescientas canciones acompañando a diversos cantantes, se lo pusiera al pecho con toda la naturalidad del mundo y, ante la perplejidad de su padre y los alumnos que ya llevaban varias clases, tocara, no una sino tres escalas, como si no fuera su primer contacto con esta caja mágica, llena de botones y lengüetas de metal, que emite dulces, alegres y vibrantes sonidos, alimentados por un fuelle.

     Un instrumento que a partir de ese día se convirtió en parte de su ser, en un apéndice de su anatomía, en el vehículo que le permite, no solo viajar por los más diversos territorios musicales sino transportar sobre bellas notas a quienes tienen el privilegio de disfrutar su mágico accionar en la ejecución de diversos ritmos, confeccionando el empaque perfecto para su maravillosa voz, logrando la combinación perfecta que muchos artistas sueñan, al no poder hacer las dos cosas a la vez, menos con la altísima calidad de esta hermosa joven, que ya cumplió los 17 años y es dueña de una cautivadora sonrisa, que se duplica cuando sus chispeantes ojos secundan la belleza de la dentadura perfecta que asoma entre los exuberantes labios rojos que contrastan con su piel, cargada de sol e historia, como orgullosa descendiente de sus ancestros africanos.

Paisa con sabor Caribe

     Leidy Carolina Salgado Guzmán nació en Medellín el 2 de enero de 2002, fruto del amor de Luz Nancy Guzmán y Manuel Salgado, quienes se habían trasladado desde Apartadó, buscando desarrollar a fondo la carrera musical de Manuel en la capital disquera de Colombia, pero al poco tiempo regresaron al Urabá, ese vasto territorio que el Caribe “le prestó” al departamento de Antioquia, y que lo convierten en el segundo con más costas en el norte, con 510 kilómetros, apenas superado por La Guajira.

     Y en verdad, Leidy Carolina no deja traslucir nada que tenga que ver con el llamado país paisa, salvo cuando habla, ya que se expresa con un acento muy particular que cada vez se costeñiza más, en la medida en que participa en más festivales, especialmente en los departamentos del Caribe, de los cuales se ha coronado como reina en más de treinta, en apenas cuatro años.

     Al primero de estos certámenes, en Apartadó, se presentó a los doce años y, no por ser local, ocupó el primer lugar, como también lo ha hecho en tantos sitios que, aunque conserva bellos recuerdos, ya es imposible enumerar.

Esta estampa. muy femenina, alberga en toda su dimensión a una artista que va a cambiar la historia del vallenato y de la música colombiana en general: Leidy, ‘La nueva dama del acordeón’…

     Uno de los que más recuerda es el EVAFE, Encuentro Vallenato Femenino, que ganó a sus 14 años, que se realiza en la misma tarima Francisco, El Hombre de la Plaza Alfonso López, donde se coronaron juglares como Alejo Durán y Alfredo Gutiérrez, uno de los artistas que más admira y emula, cantando y acompañándose, no solo los cuatro aires del vallenato raizal sino también el porro, la cumbia, el fandango y otros, que la convierten en la natural sucesora del único artista que ha podido conquistar tres coronas en Valledupar.

Su primera grabación

     A su periplo festivalero hay que agregarle un sinnúmero de presentaciones en casetas, fiestas patronales y eventos emblemáticos como el Metroconcierto del Carnaval de Barranquilla, en el cual acompañó a nadie menos que a Jorge Oñate, el llamado Jilguero de América, convirtiéndose así en el primer dúo vallenato mixto en actuar a ese nivel. A comienzos de este año hizo su primera salida internacional, actuando en las islas de Gran Canaria, España.

     Al tiempo que cursa el décimo-primer grado de bachillerato, Leidy Carolina redobla esfuerzos para seguir concursando en festivales y para hacer realidad su gran sueño: grabar su primera producción, una realidad, y así presenta hoy su primer sencillo que no podría ser mejor, ya que contiene una hermosa pieza de vallenato romántico, pero con la máxima conexión con las raíces de la esencia folclórica, creada por Aurelio ‘Yeyo’ Núñez, uno de los compositores más reconocidos y exitosos de los últimos tiempos.

     Quién más que tú, es el título de la canción, que narra en un lenguaje sencillo, pero bien cuidado, lo que siente una adolescente al descubrir el amor, al ser correspondida plenamente por esa persona que se convierte en la pieza que faltaba para proyectarse hacia la vida adulta, logrando interpretar una obra musical que, además de estar acorde con su edad, le permite el lucimiento de su dulce pero vibrante voz y la ejecución del instrumento supremo del vallenato de una manera excelsa.

     No importa cuántas puertas hayan tenido que tocar Leidy Carolina y su familia para llegar hasta aquí. Lo importante es que lograron grabar en un estudio de primer nivel, como el de Gabriel Arregocés, mezclar en el de Jimmy Cuellar y contar con una pléyade de músicos de primer nivel, bajo la dirección y producción del consagrado maestro Julio César Morillo, quien ha producido más de tres mil canciones en cuarenta años de trayectoria.

En sus manos está

     A partir de ahora, apreciados amigos de los medios de comunicación, lo que ha de reposar en sus manos no es un simple disco compacto con una melodía que dura cuatro minutos y cuarenta y seis segundos, no. Es mucho más. Este pequeño artilugio tecnológico alberga en toda su dimensión a una artista que va a cambiar la historia del vallenato y de la música colombiana en general. Solo les pedimos que sean generosos con ella y le abran su corazón desde ahora; que la acompañen en este arduo camino y, con toda seguridad, tendrán la satisfacción inmensa de sentir, cuando la vean triunfar, que en ese logro está incorporado el gran aporte de cada uno de ustedes a la consolidación de la carrera de Leidy Carolina Salgado Guzmán.

¿Quién más que ella para lograrlo?

¿Quiénes más que ustedes para apoyarla?

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