En todas las instituciones de salud del mundo se vive una permanente lucha de contrarios, ya que conviven de manera permanente la tristeza por la muerte y la alegría por la vida, la depresión del enfermo que llega con la felicidad del que se mejora y sale, la anemia con la hemorragia, las bacterias con la asepsia y en general se vive una lucha de todos por la vida contra la muerte…Y todo ese ambiente bipolar lo viven, lo sienten, lo sufren y lo enfrentan de manera diaria y permanente los trabajadores de la salud, exponiendo su vida muchas veces ante la violencia ejercida por pacientes o sus familiares ante cualquier falla, error, mal diagnostico o accidente cometido por culpa de los múltiples riesgos a los que están sometidos en ese infernal y nada saludable ambiente de trabajo, para el cual todos exigimos altas medidas de prevención desde el sistema de gestión de seguridad y salud en el trabajo para evitarles accidentes y enfermedades laborales y así pueda 

prevalecer lo bueno y saludable contra lo malo y lo tóxico en esas entidades.

     Pero frecuentemente asociamos la prevención únicamente con la utilización de técnicas preventivas centradas en el entorno de trabajo, olvidándonos de importantes aspectos que han de ser tenidos en cuenta si realmente queremos acabar con los accidentes y enfermedades laborales en el sector de la salud, como aquellos que tienen que ver con las interrelaciones existentes entre las principales variables que caracterizan el desarrollo socio-laboral y económico, tales como la inestabilidad e inseguridad en el trabajo, los bajos salarios, la disminución de derechos laborales, el derecho a la organización, la dependencia personal respecto al empleador, los estilos de mando y trato y en general un continuo empeoramiento de las condiciones de trabajo.

     Con los contratos temporales a la vez que convierten a los trabajadores en “desechables”, también se evita la intervención de los sindicatos en las empresas y en la organización del trabajo; cuanto más pequeñas son las empresas en cuanto a su plantilla, más complicada es la actividad sindical en las mismas, consiguiéndose una individualización de la relación laboral, de tal suerte que es más sencillo para el empleador someter en todos los sentidos al trabajador, y más complicado es para éste reclamar sus derechos de todo tipo.

     Produce risa que el Ministerio del Trabajo siga pregonando que defiende y promueve el trabajo decente y la vida digna. Si eso fuera verdad, ya se hubiera erradicado la tercerización laboral y no existirían las llamadas bolsas de empleo, que en el sector de la salud es donde más pululan.                                    

     Las estadísticas nos confirman que los trabajadores temporales tienen tres veces más accidentes que los trabajadores fijos, que un porcentaje importante de accidentes mortales se producen en empresas subcontratadas, que son los trabajadores jóvenes, menores de treinta años, los trabajadores inmigrantes y las mujeres, los más vulnerables ante la accidentalidad laboral, que por otra parte son quienes soportan los contratos más precarios y con salarios irrisorios.

     Como venimos señalando en nuestras conferencias, producto de la decisión del Presidente Juan Manuel Santos de vincular a Colombia en el Club de países de la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico, OCDE, se han realizado una serie de cambios e innovaciones en nuestra legislación nacional, incluido el sector laboral, donde se ha adecuado la llamada Salud Ocupacional para ponernos al día a nivel internacional con el llamado Sistema de Gestion de la Seguridad y Salud en el trabajo, SG-SST, que busca, con la intervención de varias disciplinas y con la participación activa de todos los niveles de la organización, mejorar las condiciones de trabajo y de salud de la población trabajadora con el enfoque básico de la mejora continua. Prueba de lo anterior lo confirma la Ley 1562 del 2.012, el Decreto 1443 del 2.014, el Decreto 1072 del 2015 o Decreto único del sector trabajo y la resolución 1111 del 2017, pero debemos señalar que no se cambiaron las normas preexistentes, solo se unificaron y que los cambios fueron de forma y no de fondo. En realidad, no cambió la legislación del sector trabajo, sino que se compiló en una 

sola norma con algunas necesarias modificaciones.

     La realidad es que los empresarios han optado, muchos de ellos, por una aplicación burocrática y formal de las normas, siendo excepcional encontrar empresas en las que la prevención se tenga en cuenta en las grandes decisiones estratégicas de las mismas, lo que sería el paso previo a la aplicación real de las normas de seguridad y salud en el trabajo. La falta de aplicación real de la normatividad, reflejada en la inexistencia y graves carencias de la prevención en las empresas, ha tenido como consecuencia la tendencia al alza del número total de los accidentes laborales y enfermedades profesionales en los últimos años. Esto ha provocado que la situación de la accidentalidad laboral en Colombia siga siendo insostenible. Una sociedad “moderna” no puede asumir y permitir de ninguna manera la muerte de más de dos trabajadores por accidentes de trabajo al día y más de 500 mil accidentes de 

trabajo al año, cuando hace 20 años ocurría un muerto por día y tan solo 100 mil accidentes de trabajo al año. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué no mejoran los resultados?

     Una parte importante de los patronos en Colombia siguen incumpliendo las normas porque siguen viendo la seguridad y salud en el trabajo como un gasto y no como una inversión, y prefieren asumir una sanción, e incluso pagarla, a cumplir con la ley y la normatividad, poniendo en riesgo no solo la seguridad y la salud de los trabajadores sino incluso la permanencia de la institución que representan. Digamos dos verdades: La prevención de riesgos laborales en Colombia se ha convertido en un negocio para la mayoría de las organizaciones que se desarrollan a partir de la normatividad, olvidándose lo más importante, que estamos hablando de la seguridad y la salud de los trabajadores. Y también que se hace necesaria la mejora continua de las cuestionadas labores de vigilancia y control que se llevan a cabo por parte de los técnicos del Ministerio del trabajo en todo el país.

     Por otro lado, necesitamos con urgencia implementar en Colombia el delito de riesgo o peligro, como un aspecto clave que tendría una incidencia positiva sobre la accidentalidad laboral, delito que tienen plasmado en sus códigos penales países como México, España, Italia y Alemania, para señalar unos cuantos, al igual que implementar una auténtica cultura de la prevención, no sólo en los centros de trabajo, sino en la sociedad en general, porque la lucha por la prevención debe ser un objetivo prioritario, todas nuestras autoridades, empresas e instituciones deben estar listas y comprometidas con impulsar la cultura de la prevención, permitiendo potenciar la actividad sindical en todos los sectores, ya que donde hay representación sindical, no solo en Colombia sino en el mundo entero, se ha demostrado que hay mayor aplicación de la prevención de riesgos laborales y unas mejores condiciones de trabajo decente y de vida digna, que desafortunadamente hoy no existe en el sector de la salud.

     Si garantizamos, con la prevención, que los trabajadores de la salud laboren en entornos seguros y saludables, ellos podrán prestar un mejor servicio y una atención de  calidad a los enfermos que cada día aumentan y aumentarán en Colombia mientras sigamos insistiendo en la aplicación errática del modelo curativo en salud, en vez del modelo preventivo que promueve la Organización Mundial de la Salud, y así  combatir las enfermedades no transmisibles que están matando el 70% de los habitantes del planeta. Apliquemos por fin en Colombia la famosa frase del líder cubano José Martí de que La mejor medicina no es la que cura, sino la que previene”. Ojalá el nuevo Presidente de los colombianos aplique sin temor la Ley estatutaria de salud, pero para ello debemos elegir bien.