onocí a Wilson Pérez Hernández en circunstancias interesantes. Fue uno de mis primeros clientes cuando conformé una ‘oficina rudimentaria’ en la primera habitación de mi casa apenas me separé del cargo como correctora de estilo que fui por varios años en la editorial Edicosta de El Heraldo y esta fue disuelta. Wilson fue esposo de mi compañera de trabajo, Astrid Mejía Padilla.

De allí resultó la amistad y su confianza, por extensión. 

     Después fue mi cliente porque me buscaba para que lo asesorara y le colaborara en la digitalización sistemática de informes y demás comunicados propios del erudito abogado dedicado a los códigos, alegatos legales y litigios. Hoy, al tener en mis manos el único libro que se dio a la tarea de publicar sobre ‘Fragmentos de verdad o metáforas de lucidez’, considero el momento apropiado para también, desde la lejanía, decirle adiós y que recordaré cuando me decía que “no sabía cómo podía escribir sin mirar el teclado del computador y, más aún, conversando también sin equivocarme… Yo le respondía que “la experiencia tenía su costo de aprendizaje y por ello caminaba diferentes caminos sin temor”.  También decía que yo era metafórica en mis respuestas, por lo que le agradaba conversar conmigo, igual como lo tenía por común expresarlo Amaury Díaz Romero, escritor, en algunas conversaciones con otros mutuos amigos.

     Por esa amistad algo frecuente, franca y sencilla como se volvió, realizaré post mortem la presentación de su libro titulado ‘Fragmentos de verdad’. Escribo sobre su libro en cuyo prólogo el poeta Miguel Iriarte, catedrático 

universitario, director de la Biblioteca Piloto del Caribe, expresa que siempre le llamó la atención su andar pausado y reflexivo y su orden metodológico cuando muchas veces vio a Wilson visitando las salas de lectura de la Biblioteca, siempre indagando, investigando, abordando documentos y libros con el fin de buscar verdades que después le servirían de insumo para escribir el libro titulado ‘Fragmentos de verdad’, publicado en el 2014.

     Y ciertamente mucha fue la bibliografía consultada por este abogado barranquillero, nacido bajo el signo del aire, Acuario, quien desempeñó diversos cargos desde su nivel de jurista, como fueron ser Secretario Administrativo de la Caja de Previsión Social del Departamento, Secretario Ejecutivo de la Primera Vicepresidencia de la Cámara de Representantes, Abogado de la Defensoría Pública del Ministerio de Justicia, entre otros cargos. Pero a pesar de andar cargado su maletín de leyes y procesos judiciales, también llevaba consigo el estudio de la filosofía, el misticismo y la religiosidad, buscando en todas ellas fuentes universales a los interrogantes de la vida. Por ello, sus resultados de horas de estudio se volcaron en las letras de este texto.

     Es interesante compartir con el lector la clase de bibliografía especial que el abogado Wilson Pérez Hernández consultaba para apoyarse en la escritura de su libro, como fueron: La Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, Hamblet, de William Shakespeare; Antropología de la muerte, de Luis Vicent Thomas; El Corán, El ser y la nada, de Sartre; El paraíso perdido, de Jhon Milton; Tesoros de sabiduría, de Gibran Jalil Gibram; El cerebro y el mito del yo, de Rodolfo Llinás, entre otros místicos textos.

     Pero uno interesante y específico para su vida que aplicó a su diario trajinar fue el libro titulado Cómo utilizar al máximo las capacidades de la mente (Tony Buzán), que muestra mapas mentales y el cómo organizar los pensamientos, para la concentración y creatividad. Y Wilson lo aplicó a su vida: como un ejemplo, jamás tomó pastillas para cualquier dolor que tuviese; mientras pudo, lo auto controlaba a través de su mente.

FRAGMENTOS DE VERDAD

     En su capítulo 1 este libro trata sobre La verdad, ese gran interrogante de la vida, del que nadie puede escapar a su influencia; quienes recorran sinceramente este camino descubrirán con sorpresa que la primera verdad que se debe conocer es la verdad misma. Sobre esto, W. Churchill decía: “La verdad es un don tan precioso que a través de los siglos siempre ha sido protegida con la mentira”.

     En su capítulo 2 el libro trata sobre La verdad, comparándola como un campo de batalla, expresando su autor que, sin duda, es la parte más dramática y dolorosa cual es la búsqueda de la verdad, de reconocer que el ser humano precisamente por la verdad ha cometido los más grandes genocidios y ha llegado a los estados de locura más

alucinantes.

     En su capítulo 3 trata sobre la Consciencia ordinaria y de la disquisición filosófica a perpetuidad. Aquí trata de la mente y sus procesos de pensamiento sometida a la ley de polaridad. Se dice que el ser humano es dueño de su propia vida, tanto como debe serlo de su cuerpo y mente. Pero lamentablemente, no estudia, no conoce, no imagina el poder que la mente puede darle para mejorar su forma de vivir y de sentir. Hasta para calmar angustias y temores.

     Y así, los subsiguientes capítulos del interesante libro escrito por el recién fallecido abogado Wilson Pérez Hernández, tratan de la superconsciencia, del Dios mito o realidad. Pero es en el capítulo 7 donde también trata un tema de sumo interesante: ‘El poder majestuoso del silencio’, atributo con el cual desde la antigüedad se ha asociado lo divino con el silencio,

definiéndolo como “la otra cara de la misma moneda”. De hecho, no puede existir soledad sin silencio, porque el uno engendra lo otro. Allí Wilson, al investigar sus autores místicos, encuentra que “en el silencio florece la sabiduría, pues esta solo emerge al mundo de las palabras, y los conceptos cuando ha sido previamente cultivada en las profundidades del silencio”.

     Interesante leer en el libro del fallecido abogado Pérez Hernández publicado en el año 2014 reflexiones  o metáforas de vida, por ejemplo cuando referencia una del escritor rumano Emil Cioran donde expresa que:

     “Cuando permanecemos silenciosos, la existencia entera queda silenciosa, ya que esta no es más que un espejo que nos refleja. El hombre necio no para nunca de hablar, pero el sabio en su silencio es más elocuente que el charlatán”.  

El autor dio importancia al Silencio, sin dejar por fuera lo tratado en el capítulo 8 donde también se la da a través de sus investigaciones sobre El Hombre. Aquí, por el contrario del Silencio, da la importancia al Sonido, al “Lenguaje como sonido mágico”, característica de la consciencia, pero que así como mágico también es conflictivo  y causante de miles problemas.

En el último capítulo 10, ya para cerrar su libro titulado Fragmentos de Verdad, Wilson Pérez Hernández llegó al tema de La Muerte, como presagiando que debía estudiarla a conciencia, a profundidad, a investigarla previa a su realidad, para recibir su propia muerte, preparándola. Aquí cierra su libro expresando verdades sobre ella, tratándola como saber filosófico, como contradicción sin resolver, como misticismo y religiosidad, como biológica que básicamente es, pero también psicológica colocando la Vejez y enfermedad como antesala de la muerte.

LUMBALÚ, ENTIERRO DE NEGRO

     Y su entierro fue de negro. Wilson Pérez Hernández era un hombre de piel negra y, como a los de su raza. quiso que se le realizara su sepelio. El orgullo por su raza, por sus hermanos, lo hizo tener esa última petición que fue 

cumplida a plenitud por su amigo Abraham Cáceres, reconocido folclorista en el carnaval de Barranquilla, especialista en bailes y cantos de negros, quien le cumplió su último deseo.

     Al lumbalú hay que asistir como a un velorio que es: con la ropa adecuada, preferiblemente blanca, y con una vela para encenderla a los muertos. También con el alma dispuesta para presenciar una ceremonia en la que tanto música de tambores como cantos expresan el dolor de la partida. Así lo interpretó Abraham Cáceres, ante la tumba de otro hombre de piel negra que se iba a su viaje eterno, Wilson Pérez Hernández, hermano dentro de su afrodescendencia, ambos, orgullosos de sus raíces.

Nury Ruiz Bárcenas

Escritora y periodista cultural

Orden José Consuegra Higgins

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