ucario, el hombre de la radio con las cinco vocales, nació con un solo objetivo en la vida: servir. Palabras como trabajo, solidaridad, ayuda, apoyo, auxilio, favor, asistencia, compromiso, bondad —y unas mil similares— podrían calificar a uno de los grandes de la radio de Colombia.

     Además de ser un comunicador polifacético, excelente lector de noticias, narrador deportivo de varias disciplinas, maestro de ceremonias, animador, productor de radio y televisión, es también un hombre empeñado en ver alegría en las personas, buscar mejoramientos en sus vidas y, sobre todo, estar presente en diversas campañas en pro de los más necesitados.

     En Colombia marcó una historia difícil de igualar. Inalcanzable. Cada una de las noticias que leía en los noticieros llevaba un acento especial que transportaba a los oyentes al lugar de los hechos. Cada punto, cada coma, cada

punto y coma eran puestos en su mágica voz, y los micrófonos vibraban ante la emoción que le impartía a cada palabra, a cada sílaba, a cada letra.

     Eran los tiempos en los cuales la producción radial requería de un libreto, de voces elegantes y sonoras, de sonidos, de expresiones con cultura y de música seleccionada con misticismo y se le ponía empeño al trabajo, se cuidaba cada detalle, cada pausa, cada nota o silencio.

AL SON DE TIERRA COLOMBIANA

     Sus admiradores le aplaudieron, le admiraron y aún extrañan sus programas como ‘Tierra colombiana’, en el cual enseñaba selectas obras musicales del folclor nacional con una altura de obra de arte. Su presentación con esmoquin, sus libretos en la mano, su peinado perfecto, sus expresiones adecuadas sintonizaban a los televidentes con cada una de las interpretaciones que se llevaban en cada emisión.

     En su restaurante servía los platos nacionales con cinco tenedores. Allí se congregaban empresarios, destacados dirigentes nacionales y los turistas tenían un sitio ideal para escuchar la música vernácula y los bailes tradicionales. Fue el último lugar de este tipo en Colombia.

DESDE TIMBÍO A BOGOTÁ

     Nació en Timbío, un municipio a 13 kilómetros de Popayán, y en la escuela apostólica de Santa Rosa de Cabal descubrió su vocación de comunicar leyendo los libros clásicos y algunos textos teológicos durante los almuerzos.

     Manizales lo adoptó y le dio la oportunidad de comenzar en la radio en Emisoras Electra y más tarde en Transmisora Caldas donde encontró a dos personalidades de la radio, quienes fueron sus modelos como locutor: Leónidas Otálora y el maestro Carlos Pinzón. Otálora fue quien le dio la oportunidad de leer noticias.

     Hoy recuerda con orgullo y nostalgia la campaña que hizo desde Transmisora Caldas promocionando a nuestra primera Mis Universo, la bella e inolvidable, Luz Marina Zuluaga. Eran años de la naciente televisión en blanco y negro. Gracias a ella se dio a conocer nacionalmente. El haber tenido fe en la belleza de Luz Marina fue su gran acierto.

     En 1965 llegó a la cadena Caracol. Allí fue director, lector de noticias y narrador deportivo, actividad que le permitió conocer el mundo y cubrir grandes eventos, nacionales e internacionales, mundiales de fútbol y juegos Olímpicos.

     Acompañó a Carlos Arturo Rueda C. y Armando Moncada Campusano a varias vueltas a Colombia. Le imprimía la emoción necesaria para que los pedalistas se hicieran famosos por las encarpadas montañas del país.

     Luego pasó a la lectura de noticias y en esta tarea dio buenas y malas informaciones para el país.

NOTICIA EN MEDIO DEL LLANTO

     Sólo una noticia casi no puede darla al país. Le dolió hasta el alma y quienes lo escucharon esa mañana del 9 de enero de 1966 se unieron en oraciones por lo ocurrido y por Eucario.

     Julián Ospina Mercado, el famoso locutor bugueño había muerto en el accidente de Satena. Julián, con su portentosa voz había grabado meses atrás la entrada del ¡Extra, Extra! Cuando la noticia se produce, Caracol se la comunica.

     Entre sollozos Eucario Bermúdez le dio la fatídica noticia a Colombia de la desaparición de su amigo.

     Eucario paralizaba al país.

     El sábado 25 de noviembre de 1967, por ejemplo, en Chiquinquirá, el segundo municipio de Boyacá, despertó con el afán de llevar a sus niños a los colegios porque ese día se celebraba la sesión solemne. Entre los afanes de la despertada y los preparativos del desayuno transcurría el día, aparentemente normal.

     De un momento a otro, esos niños se fueron desmayando, otros no soportaban los dolores estomacales y unos más fallecían en los brazos de los padres angustiados. Era acá y allá. El vecino. El amigo. Los hijos del barbero y del zapatero. Todos iban cayendo.

     ¿Qué pasaba?

     La emisora Reina —filial de Caracol— lanzó la noticia sobre el hecho extraño que ocurría en la ciudad. En Bogotá, Eucario Bermúdez lanzó el extra: “Atención, un envenenamiento masivo se presenta a esta ahora en Chiquinquirá, la ciudad religiosa de Colombia”.

     Y todo el día el país estuvo pendiente de este infausto suceso. Mientras don Eucario entregaba información cada quince minutos sobre esos hechos, el país rezaba y se enteraba de cada acaecimiento del alarmante envenenamiento.

     Cuando el hombre llegó a la luna, don Eucario Bermúdez les dio la noticia a millones de radioescuchas, cinco minutos antes de que Neil Armstrong pisara el piso selenita.

     Dentro de las anécdotas que recuerda con cariño está el de los juegos Olímpicos de Múnich 1972. Por la tensión generada por el trágico atentado, Eucario le desconectó accidentalmente el equipo de transmisión a Édgar Perea lo que enfureció y después de gritos y alaridos, el trance terminó con un abrazo.

     En 1981 partió a los Estados Unidos en busca del sueño americano. Sabía de la importancia de la colonia colombina en La Florida, por lo que comenzó a transmitir ‘Tierra colombiana’, espacio que no tuvo el éxito esperado,

pero luego con la llegada de Caracol Radio a Miami fue su primer director y lector de noticias. Dentro del informativo creó un espacio editorial, ‘Don Eucario y su comentario’, el que le dio gran autonomía como opinador y denunciante del acontecer miamense.

     Allí sacó a relucir su don de generosidad y de solidaridad, pero sobre todo el de servicio. Se hizo tan popular que, incluso, la Avenida 110 del South West y la calle 40 fue bautizada con el nombre Eucario Bermúdez way.

     Sus oyentes lo quieren y lo admiran. El científico Ricardo Roa recuerda que siempre escuchaba su participación en el programa deportivo que hacía Hernán Peláez para escuchar sus notas llenas de buen sentido del humor. “Era magistral”, dice ahora el doctor en biogenética.

     Incursionó en la música como compositor y a mediados de los años sesenta escribió: ‘Es tímido el amor’, tema que interpretó Kenny Pacheco… Fue autor de dos libros autobiográficos ‘Crónicas de un exilio voluntario’ (1997) y ‘El talento no se jubila’ (2011). Y ha sido admirador de dos grandes periodistas: el maestro de maestros Orlando Cadavid Correa y don Antonio Pardo García. Eucario se precia de ser un buen mecanógrafo, escribe 120 palabras por minuto, añora la excelente radio que se hizo en los años dorados de nuestra radiodifusión, lapso en que a nuestro bello folclore —identidad de nuestra cultura— se le daba la difusión e importancia que se merece.

     Si por algún motivo tenía la preocupación porque algunas personas decían “amiguis”, “primis”, “mariquis”, “guevis”, “bolis” y un montón de palabras terminadas en “is”, esa moda pasó a mejor vida.

     Esa jerga ya es historia. Ahora los jóvenes de 15 años implementan otro tipo de saludos y consideran como “catanos” a quienes usan, de pronto, palabras terminadas en “is”.

     El idioma español no muere, por el contrario, se protege. Tiene una serie de vacunas que lo cuidan de todos esos atropellos que le hacen como malas pronunciaciones, pésima redacción y palabras sin ortografía.

1.- Hacedero

a.- Sitio donde hay nacimientos de agua.

b.- Que puede ser hecho o que es fácil de hacer.

c.- Pilote para sujetar las reses.

2.- Prosternado

a.- Un tanto alicaído.

b.-  Arrodillado o inclinado en señal de respeto, adoración o ruego.

c.- Con problemas de próstata.

3.- Aherrojar

a.- Atar o sujetar a alguien con cadenas o instrumentos de hierro.

b.- Lanzar con fuerza.

c.- Poner colorado.

4.- Grey

a.- Un árbol del Mediterráneo.

b.- Un grupo de animales que pastan en conjunto.

c.- Una exclamación de asombro en La Guajira.

5.- Fatua

a.- Persona engreída.

b.- Señora de Fátima.

c.- Animal silvestre.

6.- Longanimidad

a.- Longitud de una carne.

b.- Estribo de un camión.

c.- Amplitud de ideas y de generosidad.

7.- Buitrón

a.- Un buitre viejo.

b.- Una linterna.

c.- Una chimenea.

8.- Yugo

a.- Timón del arado.

b.- Ciudad europea.

c.- Parte de la yugular.

9.- Gratuidad

a.- Solicitar algo prestado.

b.- Intereses por prestar algo.

c.- Que se refiere a lo gratis.

10.- Chirigota

a.- Un animal pequeño.

b.- Una prenda diminuta.

c.- Un chiste.

     Respuestas: 1, b... 2, b... 3, a... 4, b... 5, a... 6, c... 7, c... 8, a... 9, c...10, c.

     Calificaciones1-3, es hora de leer más. 4-7, pasó la secundaria. 8-9, debe ser un buen periodista. 10. Usted debe ser Fernando Ávila, Orlando Cadavid, Antonio Pardo, Armando Plata o Adriana Patricia Guzmán.

     Justo a las 9 de la noche del 25 de octubre de 1999 RCN Televisión comenzó a transmitir ‘Yo soy Betty, la fea’ y los productores jamás pensaron en el tremendo éxito que tendría esta producción escrita por el genial Fernando Gaitán.

     Cómo sería su éxito que, hasta ‘La mega’, una estación del FM de RCN Radio, transmitiría también los capítulos y algunas actrices no pudieron volver al supermercado, al cine, a un centro comercial o al cine, porque los seguidores les preguntaban sobre los capítulos siguientes.

     Además de un elenco conformado por más de 30 actores y actrices, encabezado por Ana María Orozco: Jorge Enrique Abello, Natalia Ramírez, Lorna Paz, Luis Mesa, Julián Arango, Ricardo Vélez, Mario Duarte, Jorge Herrera, Adriana Franco, Dora Cadavid, Paula Peña, Stefanía Gómez, Luces Velásquez, Marcela Posada, Julio César Herrera, Celmira Luzardo —que en paz descanse—, Kepa Amuchastegui y Talú Quintero entre otros, tuvo una presencia de actores extranjeros, cantantes, reinas de belleza, ex presidentes y hasta el ex cura Lineros.

     Armando Manzanero, Charlie Zaa, Karol Márquez, Olga Tañón, Franco de Vitta, Andrés Pastrana, Andrea Nocetti, Catalina Acosta, Andrea Serna, Gloria Calzada, José Gabriel Ortiz, Pilar Castaño y Silvia Tcherassi, entre otros, participaron en la telenovela más exitosa de la historia de Colombia.

     Gozó de un gran éxito internacional al ser emitida en más de 180 países, ser doblada a 25 idiomas y al contar con, al menos, unas 28 adaptaciones alrededor del mundo.

     Fernando Gaitán trabajaba hasta 18 horas diarias escribiendo y a veces no iba ni siquiera a la casa porque no alcanzaría a entregar el material. Muchos actores y actrices

cargaban sus almohadas para descansar mientras llegaban los libretos que se aprendían en las salas de maquillaje.

     Fue también el momento más alto que tuvo la cantante Yolanda Rayo, quien hizo la versión del tango ‘Se dice de mí’, compuesto por Ivo Pelay y con música de Francisco Canaro. La vocalista llevó a los estrados judiciales una petición por derechos de interpretación en los países donde se emitió.

     Aunque en un principio el personaje protagónico de Betty se lo disputaron Marcela Gallego, Zharick León y Coraima Torres, los productores determinaron que sería Ana María Orozco, hija del gran actor Luis Fernando Orozco, quien llevaría a la pantalla las historias de la economista que se enamora de su jefe.

     Todos los ingredientes posibles estuvieron en la telenovela que alcanzó los más altos puntos de sintonía y RCN vendió el minuto de publicidad en 25 millones de pesos, mientras que otros programas estaban en 10 y 12 millones.

     Después de sus emisiones en Colombia, la producción tuvo versiones en dibujos animados y otra fue hecha para niños.

     ‘Yo soy Betty, la fea’ se llevó los premios posibles para los realizadores, director, actores protagónicos y libretista, no sólo en el país sino en el exterior. Durante varios años Fernando Gaitán ofrecía conferencias en diversos países sobre la forma como había escrito esta historia, orgullo de Colombia.

     Han pasado casi 20 años y todavía se habla de la novela que hacía llegar temprano a los maridos a las casas.