Mientras Colombia se desenvuelve en un pesado ambiente de desbarajuste institucional, con un Presidente y un Fiscal con los más bajos índices de credibilidad y popularidad, nosotros nos dedicamos, en el inicio de esta época decembrina, a la reflexión y a recordar…

     Porque recordar es vivir, dice la letra de un disco de Jorge Villamil, pero también es sufrir, dice la otra letra de José A. Morales, ambas cantadas por el Dúo Garzón y Collazos, como bien lo recuerda mi amigo barranquillero Juan José Arango Londoño…

     Pero recordar, en el postconflicto, es perdonar, pero nunca olvidar… Por eso, los 90 años de la histórica huelga y masacre de las bananeras, ocurrida el 6 de diciembre de 1928, en el municipio de Ciénaga, Magdalena, no los podemos olvidar.

     Como tampoco olvidar, por irrespetuoso, lo ocurrido el año pasado por esta misma época, cuando la congresista María Fernanda Cabal sorprendió al país con una declaración que llenó de hilaridad a más de un historiador y estudioso de los orígenes de la violencia en Colombia. En el programa de Vicky Dávila, de La W Radio, la congresista uribista dijo que la masacre de las bananeras era un mito histórico de la “narrativa comunista” y, además, señaló que Gabriel García Márquez creó el mito de los 3000 trabajadores asesinados y que eso no era cierto.

     Yo dije, y lo sostengo, que no es cierto lo que afirmó la desinformada congresista Fernanda Cabal, que con el único ánimo de hacerse ‘la célebre’, sin mostrar ningún documento ni argumento medianamente creíble, señaló que la masacre de las bananeras es un mito histórico, cuando en realidad para los historiadores colombianos esta 

matanza es una verdadera vergüenza histórica.

     Las cifras sobre la masacre de las bananeras son controvertibles, por supuesto, como también lo es la cantidad de personas torturadas y asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz, como dijera acertadamente Leidy Torres Cendales, historiadora de la Universidad de la Salle en

Colombia. Incluso las circunstancias en las cuales se abrió fuego a los huelguistas en 1928 también pueden ser discutidas. Sin embargo, ese debate, para que sea serio, debe pasar por argumentos informados, basados en fuentes de información relativamente creíbles y por la sensibilidad, que parece hemos perdidos los colombianos, para sentir la misma indignación por la matanza así sea de uno o de más de un ciudadano, a lo cual se le llama masacre.

     Como dice la historiadora Leidy Torres Cendales, el punto no es el número de muertos, sino la necesidad de no invisibilizar las víctimas de la violencia, vengan del espectro político o social que vengan, ya sea en el pasado, en el presente o en el futuro.

     Actualmente son pocos los historiadores que creen en la existencia de una única verdad sobre cualquier acontecimiento del pasado. La mayoría de los historiadores someten su conocimiento, como el de todas las ramas del saber, a la pregunta de quién lo enuncia, cómo y con qué intereses. No obstante, una cosa es asumir la responsabilidad de reconstruir los hechos históricos integrando la pluralidad de versiones y otra muy distinta aceptar la manipulación y distorsión de la realidad con fines políticos, en la hoy mal llamada ‘posverdad’. De tal suerte que las declaraciones de la congresista Fernanda Cabal no dejan de ser una actitud impertinente, poco seria, contra la verdad histórica, no aceptable ni creíble al no mostrar ni señalar ningún documento, declaración o grabación que sustente semejante irrespeto contra nuestra verdadera historia patria.

     Como quiera que la congresista Fernanda Cabal lo que quiso fue desconocer que hubo una masacre, queremos manifestarle que hace 10 años, al cumplirse 80 años de esa vergüenza histórica, en el libro publicado el 6 de Diciembre del 2008, denominado 80 años de la lucha y masacre en las bananeras, en la página 12, bajo el subtítulo Siguen vigentes las consignas de la huelga de las bananeras, para sustentar las secuelas de esa masacre, yo señalé: Al final de ese dantesco y criminal episodio, el Gobierno de Miguel Abadía Méndez anunció oficialmente que los

acontecimientos de Ciénaga habían dejado 13 muertos y 13 heridos. Pero las comisiones de investigación, como la encabezada por Jorge Eliécer Gaitán, en representación del Congreso de la República, descubrieron fosas comunes y se cree que las víctimas fueron más de 1500, convirtiéndose en la más grave matanza de trabajadores en la historia colombiana”.

     Seguidamente continué diciendo: Esta afirmación la corrobora la carta enviada por el Embajador de Estados Unidos en Colombia, Jefferson Caffery, el 16 de enero de 1929, al Departamento de Estado en Washington, cuando señala: Tengo el honor de informarle que el representante de la United Fruit Company en Bogotá, me dijo que el número total de huelguistas muertos por los militares colombianos excede del millar….

     Transcurrido un año de la declaración de la desinformada congresista, y 90 año después de ocurrida esta masacre, mi postura, como directivo de la Sociedad Bolivariana del Magdalena —al denominar estos asesinatos como la más grave matanza de los trabajadores en la historia colombiana—, está basada en la investigación que hicimos sobre el tema, para lo cual sólo le señalo estas cifras que demuestran que sí hubo una masacre, que haya diferentes cifras, es otra cosa, como las de sólo 9 muertos, que señalara el coronel Oscar Pérez, apodado ‘Chiquita’, o de 13 muertos como 

dijo el gobierno de Miguel Abadía Méndez, o de más de un millar de muertos como contara el Embajador de los Estado Unidos en Colombia o de 1500 muertos como anunció la comisión de Jorge Eliécer Gaitán o de 3000 muertos como dijera nuestro premio nobel Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad… Lo que no se puede decir, sin presentar ninguna prueba, ni documento, ni opinión escrita o grabada de la época, es que no hubo ninguna masacre o que es un mito histórico…Señora congresista, basta de protagonismo sin verdad, porque, para su conocimiento, se denomina masacre al asesinato de más de una persona en condiciones de indefensión. Lo demás es puro show mediático y pura bagatela suya. ¡Punto!