Por Abel Rivera García

En el indolente afán del desaforado crecer urbano,
no ha bastado cercenar, con un corte por mitad
el histórico cerro Cundí que adornaba la llanura
como un hito natural en medio de la ciudad
que antaño fundara Bastidas, adelantado español.
Con su relieve escarpado, en medio de la explanada
ha podido ser el eje de un desarrollo turístico;
o tal vez, asentamiento de un castillo medieval,
de donde pudiera verse desde la sierra hasta el mar.

Para abrir unas calzadas, del oriente hasta el poniente,
han tajado su perfil con la enorme cimitarra de un buldócer,
cual si fuese una fractura o un tajo de un hacha descomunal,
sin perfilar sus taludes, de manera que pudiesen asentar
nuestra flora nativa y persistente, de trupillos y brasiles,
de los cactus columnares, voladores y guamachos,
que en otrora prosperaban sobre su rocosa piel.

La caritativa brisa, esa loquita samaria que refresca la ciudad,
allí, sopla fuerte y se encajona como un pequeño huracán,
y así, trata en vano de cubrir, su desnudez con las arenas y limos
para formar un suelo sobre ese corte en el encrespado talud,
buscando que, siquiera pudiera sostener, las especies forestales,
del que el naturista Holdrigde, llamase “Monte Espinoso Tropical”.
En esa frustrada empresa por reforestar en esa abrupta pared,
sopla el viento sin cesar, fijando objetos livianos en la vertical pared:
bolsas plásticas pedazos de icopor, y papeles al granel.
¡Cuán hermoso se vería entre flores del clavel.


Por Emiliano Pintos

Dibújame los sueños
en plena noche oscura
Enséñame lo bueno
en medio del infierno
Acaricia mis dolores 
de mi vida en agonía
Susúrrame bajito
en medio de los gritos
Píntame colores
entre tanta bruma
Dame una sonrisa
que ilumine mi mirada
Regálame un mañana 
en este ocaso mustio
Dame melodías
en este mundo sordo
Dame luz del día 
en este mundo ciego
Visitame seguido
en esta soledad

Por Nury Ruiz Bárcenas

Hojas que caídas a tierra
allí se incrustan o vuelan
crecen con sus semillas
o se esparcen en el cielo.
Cuerpo abierto a la vida
sensaciones sin quimeras
luchas de dolores o utopías
forjando ilusiones y alegrías.
Hojas que puros sueños son
aguardando con ansia sus días
cuerpo convertido en ramas
fuerte esperanza leve fantasía.
Árbol cuerpo de mujer y frutos
esparciendo a la vida alegría
regando quizá con lágrimas
ensueños de amor larga sequía.
Ramas asemejando cabellos
mostrando luchas vencidas
valentía con hojas sueltas al aire
brindando amor pasión y donaire.
(Figura compartida con María Navarra Llinás)
Jueves, 11 de abril 2019

Poema en la noche

Por Abel Rivera Ramos (q.e.p.d.)

Las horas son lentas y ya todo duerme…

La noche callada, tenebrosa y triste

vierte sobre el alma, para entristecerme,

los viejos recuerdos de lo que no existe.

El hálito enfermo y frío del pasado

conturba mi pecho con honda emoción.

Peregrino errante, siento más pesado

el fardo de penas de mi corazón.

En vano levanto mis ojos cansados

buscando otros cielos de dicha y amor.

Ya no veré nunca los sitios amados.

Ya todas las flores marchitó el dolor.

Divinos ensueños que forjó la mente

en horas dichosas del florido ayer…

Ya todo se ha ido silenciosamente,

se apagó la hoguera que prendió el placer…

¿Quién puede volverme la perdida calma

en la noche negra, tenebrosa y triste

que con rudo empeño vierte sobre el alma

los viejos recuerdos de lo que no existe?