Una parte importante y significativa de mi vida transcurrió en la Institución Educativa Inem-Simón Bolívar de Santa Marta, donde inicié mis labores como docente del área de Filosofía.

     Posteriormente, en 1978, solicité traslado al Inem-Miguel Antonio Caro de Soledad, Atlántico.

     En esa época los Inem estaban dirigidos, desde Bogotá, por una división especial a cargo de la doctora Luz Rueda. La petición de traslado la presenté a la licenciada Carmen Daníes Silva, quien era la rectora de la institución en 

comento. Me fue concedido en razón a la gestión cultural que logré realizar, ya que, sin ser profesor de música,  motivé e impulsé al director del Departamento de Artes a que conformara la orquesta Inem con estudiantes de bachillerato.

     Los Inem y los Institutos Técnicos Agrícolas, Ita, realizaban cada año un festival de la canción inédita en la cual participaban estudiantes compositores. Estos festivales se realizaban en las ciudades que contaban con estas instituciones. Fue en de1978 cuando inscribimos al Inem Simón Bolívar en el 6° Festival de la canción inédita que se realizó en la sede del Tunal, en Bogotá. En ese festival hicieron 

presencia los Inem de Cartagena, Barranquilla, Montería, Villavicencio, Cali, Medellín y Pereira, entre otros...

     El Inem de Barranquilla tenía su escudo y la bandera, pero faltaba otro símbolo: el himno, razón por la cual comencé a integrarme con los profesores de Artes. Le propuse al director de departamento, Luis Cano, convocar a un concurso para escoger el himno oficial del Inem de Barranquilla. El jurado lo conformaron la poetisa Meira del Mar, Alfredo Gómez Zurek, Gina Banfi de Abello y Conchita Osorio. Los himnos finalistas fueron el del profesor Álvaro Hernández y el de mi autoría, letra y música.

     El jurado reunido en la rectoría decidió finalmente escoger la obra de mi propiedad intelectual, en razón a que la letra y música reunía los requisitos exigidos por los calificadores. Desde ese momento en el Manual de Convivencia del Inem estaba escrita una reseña del himno, de su autor y del año en que se escogió.

      Las orquestas del Inem de Santa Marta y del de Barranquilla pasaron a la final, pero fue la samaria la que ganó el concurso. Ese galardón, esa experiencia significativa fue la razón fundamental que motivó a la rectora para concederme el traslado a Barranquilla, en noviembre de 1978. En ese entonces me hice muy amigo de Alvarito Hernández, profesor de música y director de la orquesta Inem de Barranquilla. Como pianista tenía a Alvaro Cabarcas, que era su alumno de piano y quien años más tarde integraría el Grupo Niche en la época en que grabaron su mejor

repertorio, un álbum de éxitos.

     Tomé posesión de mi cargo ante el

El jurado: la poetisa Meira del Mar, Alfredo Gómez Zurek, Gina Banfi de Abello y Conchita Osorio.

rector Ulises Granados. Fui recibido en el departamento de Religión por el Licenciado Antonio María Méndez Ruíz, ex sacerdote franciscano y abogado civilista, con quien, con el correr de los años, establecí una amistad fraterna.

     Algún día se me ocurrió dibujar caricaturas con marcador borrable en el tablero acrílico del departamento sobre aquellas cosas que a diario pasaban en el Inem como las dormidas profundas con ronquido incluidas del amigo Toño, en las horas libres que tenía en su horario. Dibujé también la casa de la Secretaría de Educación cuando fue trasladada de Barranquilla a Soledad.

     Hubo algunos años que el Inem tenía las oficinas de la pagaduría en el segundo piso de la administración, nos pagaban el salario en cheque, hubo un año en que el pago de fin de año tuvo un atraso ostensible y no faltó quien comentara que la papelera estaba repleta de hojas con errores y eso era debido a la lentitud de las secretarias de la pagaduría. Al respecto dibujé una caricatura en la que representaba a las ‘secres’ con figura de tortugas y la papelera rellena de papel estrujado por errores cometidos en su elaboración. Esta caricatura produjo tal impacto que a

Orquesta integrada por estudiantes del Inem dirigidos por el Licl. Alvarito Hernández, ensayan el Himno del Inem, letra y música Lic. Fernando Molina, arreglos Alvarito Hernández… Y Alvaro Cabarcas Pelusa con Niche.

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 petición  de un profesor amigo la hice en una cartulina y fue puesta en la cartelera de la administración. Consecuencia, me gané la enemistad de las secretarias. Pero surtió su efecto; al día siguiente nos cancelaron el mes atrasado.

     Desde 1981 los Inem pasaron a ser administrados por el Ministerio de Educación Nacional. En aquella época existían los departamento de Sociales, Matemáticas, Religión y Agropecuaria, Industrial, Idiomas, Artes, Ciencias, Promoción Social, Comercial, Educación Física, e Informática.

     Posteriormente desapareció la figura de los directores de departamento y se hizo la integración de las áreas de religión y sociales. De sociales estaban los licenciados Armando Martínez y Heriberto Cuentas y de religión el licenciado Carlos Campo y Antonio Méndez Ruíz. Ese departamento en la jornada de la tarde se convertiría en los momentos de descanso en un informal encuentro de profesores de las dos áreas señaladas. Espacio donde se compartían vivencias entre profesores y alumnos, pero además era un escenario para chistes, mamaderas de gallo, camaradería que fue fortaleciendo nuestra amistad e integración.

     Toño, como le decíamos confianzudamente, era el actor principal, bailaba al ritmo del repiquetear de los dedos en el escritorio. Yo ejecutaba con propiedad la cumbia, el mapalé, el vals y el chandé. Otras veces declamaba poemas y era tal el posicionamiento de su personaje que hasta nos hacía llorar, sobre todo cuando declamaba el poema de su autoría: ‘A la madre muerta’. Otra de la facetas de su personalidad era el estar pendiente de cuanto objeto raro llevaba al departamento, proponiéndome el préstamo o la oferta de compra.

     Cierta vez me presenté con una cajita que contenía un señalador Láser el cual estaba conformado por figuras de diferentes formas como maripositas, lápices, corazones, etc., y que había comprado en el centro de la ciudad.

     Cada docente tenía asignado un escritorio y sobre el mío coloqué a la vista de Toño —como le decíamos cariñosamente— el adminículo comprado. No pasaron unos segundos, cuando me preguntó: “¿Y eso qué es, Molo”, como cariñosamente me decían.

     Extraje el aparatico con cierta parsimonia. El profe Armando y Heriberto observaban el asunto con malsana curiosidad. Entonces lo encendí y comencé de manera ritual a pasar el rayo de luz láser por mis pies, ya que estos se calentaban exageradamente. Le expliqué que ese rallo laser servía para los dolencias en el cuerpo. Entonces Toño, ingenuo comprador compulsivo, me dijo: “Te lo compro”. Le dije que “este aparatico que tu vez aquí me lo envió un tío de los Estados Unidos y es para calmar todo tipo de enfermedades”. Toño había sufrido de parálisis facial y aún tenía los músculos un poco contraídos. A raíz de mi negativa ante la oferta, me solicitó que una vez terminada mi aplicación, le diera por unos minutos un masaje circular alrededor de la boca y las mejillas. Así lo hice, mientras le preguntaba frecuentemente si se sentía alivio… Toño, bajo los efectos de la sugestión, me dijo que se sentía mucho mejor. Finalizado aquel ritual, iba a guardar el aparatico, cuando el profe Eriberto me solicitó le hiciera un mansaje ya que una migraña lo tenía al borde la locura. Ante tal petición apliqué el rayo láser sobre el área afectada. La reacción inmediato consistió en decirme que: “¡Nojoda!, Molí: ese rayo de luz, sí que es efectivo”.

     El sol ya se ocultaba en el ocaso, era la última hora de clases. De un momento a otro, alguien gritó: “Marica el último, y todos salimos en veloz carrera.

     El palabrero había cumplido su objetivo: aprovecharse de la ingenuidad de dos amigos” Toño y Eriberto. Toño sabría después del engaño del que había sido objeto.

     Años más tarde, rodeado de sus hijos y disfrutando del retiro forzoso, falleció de un infarto. Paz en su tumba, amigo. Eriberto Cuentas fue trasladado del Inem a un colegio de Soledad (Atlántico). El profe Armando aún sigue laborando en la jornada de la tarde, compartiendo sus conocimientos en el área de español.

Fernando A Molina M

C.C. 744770 de Barranquilla-T.P. No.91666 del C.S. de la J.