en Colombia, vuelve y juega la belleza. La belleza física de mujer.

     Y para satisfacer cierta inapetencia de Perogrullo, dos tazas de caldo de cultivo para que en ellas se cueza todo tipo de comentarios en torno a ella, la bella. O la no bella.

     Dos reinados de ‘belleza’ en Colombia… Uno que ya pasó, que acaba de pasar, durante los arranques

de octubre en Medellín, y el otro que está en pleno apogeo, en Cartagena, su sede tradicional.

     Al de Medellín lo denominaron ‘reinado express’, aun cuando su ‘razón social’ haya sido ‘Rumbo a Miss Universo’ y por medio del cual se escogió a la dama colombiana que representará al país en el certamen internacional que, en diciembre, se realizará en Bangkok, Tailanda. Tal responsabilidad, como ya es de todos sabido, recayó en Valeria Morales, del Valle, tierra de mujeres bellas.

     Este domingo 4 de noviembre, en el Teatro Adolfo Mejía de Cartagena, se cumplió la ceremiona de entrega de las llaves de la ciudad a las candidatas del Concurso Nacional de Belleza 2018- 2019, un evento que, con respecto a la atención general, ha caido en picada, como lo hace el pelícano hacia las aguas de ese Caribe majestuoso que baña a Cartagena. ‘La heróica’, que elegirá a la otra Señorita Colombia 2018-2019, con cupo, esta sí, en Miss Universo. El 

del año que viene.

    Por primera vez en sus 184 años de existencia —su primera edición tuvo ocurrencia en 1934—, el Concurso Nacional de Belleza se ha visto abocado a elegir dos reinas en el mismo año, en menos de dos meses. Y cada departamento debió escoger dos ‘mises’ si quería estar presente en ambas competencias. Una Miss Atlántico, por ejemplo, solo podía participar en una de las dos muestras del certamen. Igual una Miss Cartagena o una Miss Bogotá. Debían ser dos: ¿Todo un extremado ‘dechado’ de belleza?

     Pues bien: toda esta carreta para aprovechar la belleza —concepto en parte muy subjetivo— de una pintura que nos ha enviado, vía WhatsApp, el pintor soledeño radicado en Bogotá Aquiles Niebles Barrios. Se titula ‘¡Belleza exótica!’. Y apenas lo recibimos pedimos autorización para reproducirla en El Muelle Caribe.

     “Ok primo, honor que me hace”, contestó 

Aquiles. “Ahí tendrías un texto muy creativo. ¡La belleza es también subjetiva! Un abrazo rompehuesos, primo. Ya nos veremos, ya nos veremos...”, puntualizó el artista plástico. Su ‘¡Belleza exótica!’ ilustra la portada de El Muelle Caribe 173.

     ¡La belleza es subjetiva! Y por ello el cuadro de Aquiles, no hay duda —pero ahora, en cambio, lo digo desde mi objetividad relativa, objetividad—, capta y proyecta  belleza, belleza exótica.

     En torno al tema, el escultor guatemalteco Walter Peter Brenner ha publicado en https://republica.gt/ un artículo en el cual precisa que no se identifica con ese decir de que “la belleza está en el ojo del observador”, es subjetividad pura…

     “… están queriendo implicar”, dice, “que cada uno de nosotros, al expresar diferente gusto, se está implicando en que lo que unos ven como bello, otros no lo vemos así; pues yo estoy convencido de que ninguna de las dos es válida”.

     Y añade Brenner que “cuando cada uno de nosotros expresa un gusto variado, es únicamente porque nuestros juicios de valor pueden variar, lo cual es cierto; a veces varían, a veces coinciden”.

     El diccionario de RAE afirma que belleza es la “persona o cosa notable por su hermosura”. Y de hermosura dice que es la  “belleza que puede ser percibida por el oído o por la vista… Lo agradable de algo que recrea por su amenidad u otra causa”. Muy subjetivo el punto de vista del diccionario que, como lo estableció Álvaro Cepeda Samudio hace más de medio siglo, debe ser consultado “no para saber qué significa una palabra, sino para cerciorarse de que figuraba tal como él (el hombre) la había entendido siempre”.

     El escultor guatemalteco, sostiene que, en el contexto de la belleza, “la cual es evaluativa, sólo podemos tener o buen gusto o mal gusto o más o menos buen o mal gusto, pero esta premisa no invalida una definición objetiva de la belleza”.

     Y se pregunta: “¿Cómo nos

podemos explicar que la inmensa mayoría de mujeres no puedan encontrar fealdad alguna en el rostro de Gary Cooper y de Gary Grant, o que la inmensa mayoría de hombres no puedan encontrar fealdad alguna en el rostro de Mónica Bellucci y Nyadak Thot, o por qué los chicos de la escuela a temprana edad coinciden siempre en quiénes son las chicas más bellas o viceversa?”

     Y sigue preguntando: “¿Qué responde el subjetivista a la pregunta de por qué la gran mayoría de espectadores derrite de placer al escuchar ‘Claro de luna’, de Beethoven, o ‘Luna de Xelajú’, de Paco Pérez?”

     Y ahora, frente a la fealdad, pregunto yo, ¿objetividad o subjetividad? ¿O una u otra apreciación, siempre desde lo relativo? ¿En qué fundamentarse para decir que esa cosa o ese ser están desprovistos de belleza y hermosura, a tal extremo que causan desagrado y aversión?

     Tomando el punto de vista del escultor guatemalteco, surge una tremenda inquietud: ¿Cuál podría ser el común denominador conceptual que lleve a encontrar una definición lógica en torno a lo que hace bello o a lo que hace feo a algo o a alguien? ¿Cuáles han de ser las cualidades comunes entre los múltiples objetos y los miles de millones de seres vivos, racionales e irracionales, para rotularlos como bellos o como feos?

     ¿Era bella —la eligieron Señorita Colombia, reina de la belleza nacional, representante de un país al concurso de Miss Universo— aquella valluna a quien se le cruzaba la mirada (bizca), apuntaba con un seno para el este y con el otro para el oeste y cuando caminaba, sus muslos (celulitis) temblaban como gelatina?

     Nos quedamos, pues, con aquello que dice que “la belleza se encuentra en el ojo del observador”. Para el jurado del concurso de Cartagena en 1974, aquella señorita Valle merecía la corona, eso vieron sus ojos… Para El Monje, ¡no! No, porque había mujeres tan genuinamente bellas que sí se merecían la corona de bella. Y por haberlo dicho en El Heraldo, El Monje se ganó, aquel noviembre

de 1974, una suspensión de tres días.

     Ojalá y haya auténtica belleza femenina colombiana en el Miss Universo al que asiste en diciembre próximo la valluna Valeria Morales… Y que también la haya en esa edición a la cual irá el proximo año la chica que sea elegida y coronada entre las 25 en competencia en Cartagena, en el marco de sus fiestas de independencia.

     Esas 25 candidatas, beldades entre lo exótico, lo normal y lo despampanante, son: Antioquia, María Luisa Bula Echeverri; Atlántico, María Alejandra Vengoechea Cárcamo; Bogotá, Zara Skaugvoll Triana; Bolívar, Laura Victoria Olascuaga Pinto; Boyacá, Amanda Sofía Montealegre Rico; Caldas, María Clara Ramírez Valencia; Caquetá, Angela Rocío Rico Morales; Cartagena D.T y C., Yaiselle Tous Tejada; Cauca, Ana María Velasco Bravo; Cesar, Anairis Cadavid Ardila; Chocó, Libia Marcella Salamandra Pacheco; Córdoba, Saray Elena Robayo Bechara; Cundinamarca, Lina Tatiana Macea Dávila; Guainía, Karol Tatiana Hernández González; La Guajira, María Camila Melo Celedón; Huila, Wendy Tarin López Scarpetta; Magdalena, María Camila Cárdenas Rapelo; Meta, Lorena Martinez Rodríguez; Nariño, Carolina Salazar Sierra; Norte de Santander, Laura Juliana Claro Coronel; Quindío, Valentina Arbeláez Camelo; Risaralda, María Camila Mejía Mejía; San Andres, Providencia y Santa Catalina, Gisel Ann Archbold Davis; Sucre, Carmen Sofía Maury Atencia; Tolima, Valentina Bonilla Neira, y Valle, Gabriela Tafur Nader.

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