En nuestro sistema electoral hay fallas estructurales que impiden que haya transparencia, y cada vez que hay comicios salen a la luz preocupantes irregularidades. ¿Qué hacer? Es perentorio llevar a cabo una profunda reforma al sistema electoral.

     Nuestro sistema electoral no tiene cómo frenar que el control a la financiación de las campañas electorales sea ‘rey de burlas’; el diseño para la elección de alcaldes se estructuró hace décadas, con base en realidades políticas y electorales muy diferentes a las de hoy; la capacitación de los jurados de votación es deficiente; el sistema de transmisión de los resultados preliminares de los comicios no es confiable. Es decir, hay muchos ‘agujeros negros en algo de sustancial importancia para nuestra vida republicana.

     La democracia tiene pilares fundamentales: el principio mayoritario, el predominio del interés general sobre el particular, las decisiones mayoritarias, la certeza y tino de las normas que rigen la toma de decisiones. Y si tales reglas tienen máculas, son laxas, ¿podemos tener transparencia en nuestro sistema electoral?

     La respuesta sobrecoge. Las cosas tienen que cambiar, pues las leyes electorales, que son básicas para que haya democracia, son deficientes, débiles, posibilitan el fraude, no tenemos controles eficaces.

Si supera las barreras de la elección, aun más sgrave es gobernar

     30 años después de la implementación de la elección popular de alcaldes, los mandatarios locales se quejan de los numerosos obstáculos que enfrentan para cumplir con su gestión.

     El principal problema que ven los mandatarios locales para ejercer plenamente sus funciones es el poco tiempo, por lo que están proponiendo ampliar sus periodos a 5 o 6 años

     Hay en curso un proyecto de tantos en el congreso, un proyecto de ley que propone una ampliación de período de cinco a seis años, con la posibilidad de que los alcaldes y gobernadores se reelijan por una sola vez, “y que los actuales alcaldes se puedan presentar para las próximas elecciones”.

Obstáculos

     El tema de los tiempos que se tiene para gobernar.  La elección de alcaldes se inició con dos años, después pasó a dos años y medio, luego a tres años y hoy son cuatro años.

El tema de los recursos

     Para ello, los municipios del país debían competir por los dineros, pero el proceso de gobernabilidad ha sido inequitativo. Según el DNP, a 31 de marzo de 2018, en las cuentas maestras de regalías se observan saldos por valor de 4.2 billones de pesos y giros por parte del Minhacienda a estas mismas entidades por 24.7 billones de pesos. Se presenta una ejecución del 83%, tanto para asignaciones directas como para los recursos de los fondos del Sistema 

General de Regalías.

La carga tributaria a los municipios

     La violencia. Hubo persecución, asesinato y exilio en alguno de ellos, delitos que fueron ejecutados principalmente por grupos guerrilleros.

     Protección de la vida de los líderes sociales y víctimas de la violencia.

     Las vigencias futuras, figura que permite hacer obras. No se pueden aprobar en el último año de gobierno y eso dificulta las inversiones.

     El Programa Alimentación Escolar (PAE).

     La ley de Garantías.

     La ejecución de los planes de desarrollo no coincide en muchos casos con el Plan Nacional de Desarrollo.

     La maraña de normatividad. Hay 990 municipios de sexta categoría que no tienen asesoría jurídica necesaria para poder interpretar las normas.

     Cantidad de personas en municipios que no dejan gobernar a los alcaldes, y por eso las denuncias; muchas de ellas no terminan en nada.

     Los alcaldes deben rendir una gran cantidad de informes, todos por separados. Muchos alcaldes deben dedicarse más a llenar formularios y enviar documentación a las entidades.

     Muchos concejales en el país no han entendido cuál es su papel y terminan poniendo en una situación difícil a los alcaldes, porque para ejercer sus funciones tienen que someterse a extorsiones.

     Procesos de revocatoria de mandato.

     La recentralización. Cada vez con el argumento de que hay que luchar contra la corrupción los recursos se manejan desde Bogotá, se contratan desde Bogotá.

     Recursos bajos. Eso hace que los entes territoriales no trabajen eficientemente, de manera transparente, con libertad y autonomía.

     Alcaldes municipales actuales trabajarán solo año y medio con el presidente Iván Duque.

Historia

     El primero en proponer la elección popular de los alcaldes, años antes de que esa idea se volviera norma, fue Álvaro Gómez Hurtado.

     Fue el 13 de marzo de 1988 cuando se realizó la primera elección, bajo el gobierno de Belisario Betancur y cuando ejercía como registrador Humberto de la Calle.

     Para ese entonces estuvieron habilitados para votar 11.700.000 colombianos y se eligieron un total 1.009 alcaldes, quienes ejercieron por un período de dos años.

     Con la Constitución de 1991 se extendió el período de los alcaldes a tres años y se permitió la elección de gobernadores por voto popular. Luego, mediante el Acto Legislativo 02 de 2002, los alcaldes pasaron a tener períodos de cuatro años.

     Los primeros mandatarios con período de cuatro años fueron elegidos en octubre de 2003 y se posesionaron el 1 de enero de 2004. Según la Registraduría Nacional, en 2007 se eligieron 1.098 alcaldes en una elección en la que se registraron 14.425.090 votos válidos.

     Actualmente las elecciones de mandatarios locales se hacen cada cuatro años, el último domingo de octubre.

     La elección popular de alcaldes contribuyó a quebrar el espíritu centralista de la Constitución de 1886 y a democratizar la vida municipal a partir del establecimiento de bases mínimas, que apuntan a un proyecto de país más cercano a la ciudadanía y los territorios.

     Desde hace 30 años a hoy se han realizado 10 elecciones populares de alcaldes, las entidades territoriales han aumentado la asignación de partidas para la gestión local, se han consolidado nuevos movimientos y partidos políticos, y posibilitado la construcción de regiones para impulsar apuestas de desarrollo territorial.