Crónica

enredada

con poesía

décimas

     Previo contacto telefónico, a la siguiente mañana de estadía en Valledupar se sucedió la segunda entrevista literaria, la cual realicé al escritor José Atuesta Mindiola (o Mendiola) en su residencia. Después de las concebidas presentaciones y charlar en una estancia especial y acogedora que invitaba a larga 

reunión y goce de la poesía y la literatura y a dejarme convencer por él de que “Valledupar es una larga sonata de versos y acordeones y que sus noches son romance musical y de poesía donde el amor ronda por las ventanas y la ternura es perfume del viento”, me trasladé a la realidad: procedí a abrir mi computador para iniciar la entrevista formal.

I

“Dice el viejo trovador

que en la ribera floresta

una mañana de fiesta

se iluminó de esplendor:

una flauta y un tambor

en melódico sonar,

esperaban el cantar

de un indígena chimila

que sacó de su mochila

tu nombre Valledupar”.

     Lo cierto fue que estaba ante un escritor nacido en Mariangola, quien fuera Director de la Oficina de Cultura de Valledupar, con profesión de licenciado en Biología y Especialista en enseñanza de las Ciencias Naturales, hoy pensionado y gozando de su tiempo disponible solo para escribir y asistir a encuentros culturales.

     Enseguida se dio la simpatía entre dos personas que hablaban el mismo idioma: letras, melodía, folclor, pero no así en algo especial y muy de él: elocuencia para cantar la décima, cuyo reto se propuso a sí mismo y lo venció. Tal como lo escribe en el prólogo al primer libro titulado Sonetos Vallenatos el escritor barranquillero Adolfo Ariza Navarro cuando expresa:

               “… si lo que esperaba el poeta era

               vestirse con el overol exigente del

               soneto para abarcar temas hasta

               el momento intocados en su

               poética –como la violencia

               reciente perpetrada por los grupos

               armados-, podemos decir que le

               sienta, que se le ve cómodo; que lo

               ha logrado, que no necesitará

               vestirse de luces para asistir a

               la gran gala de los buenos

               poetas” (2011).

     El escritor José Atuesta Mindiola ha 

publicado una decena de libros entre poesía, dos de décimas y uno de historia local titulado ‘Sabanas de Mariangola’, trabajo premiado en el II Concurso de Historia Regional y Local del Cesar, convocado por la Universidad del Cesar (2008). Otros publicados son: ‘Dulce arena de Musengue’ (1991), ‘Estación de los cuerpos’ (1996), ‘Un tambor roto en la pisada’ (2001), ‘Décimas vallenatas’ (2006), ‘Metáforas de los árboles’ (2010), ‘Sonetos vallenatos’ (2011), ‘El lápiz del caracol’ (2014), ‘Poética de la cultura vallenata’ (2018) y ‘El Patio del origen’ (2018) que se encuentra en imprenta. El contenido de este último poemario que publicará próximamente la editorial de la Universidad Popular de El Cesar, es una extensa metáfora de vida, una evocación al patio de la infancia en el corregimiento de Mariangola, donde su madre, la maestra Juana Bautista Mindiola de Atuesta “inventó el invierno en el cielo vegetal de la memoria”, y su padre, José Eleuterio Atuesta, un experto jardinero, “detenía la primavera en los arbustos y rosales”.

II

“Tu nombre Valledupar

hasta en el aire se siente,

el Guatapurí esplendente

aquí nos viene a bañar.

Su cauce deja al pasar

el perfume de granizo,

la magia de los carrizos

con su leyenda ancestral

y el deleite musical

de este pueblo mestizo”.

     El escritor Atuesta Mindiola expresa en su trabajo literario Poética de la cultura vallenata (2018), que “la poesía es la lengua materna de la raza humana y que el mundo existe por las palabras que lo nombran, de modo que 

somos una metáfora del lenguaje”.

     Por su parte, Abel Zabala, poeta de Buenos Aires (Argentina, 2013) con respecto al trabajo literario de Atuesta escribió en la contraportada del libro El lápiz del Caracol, que

          “La palabra de este poeta de Mariangola relata y asegura la

          pervivencia del mundo tangible que abrigó al niño y toma

          visible el universo espiritual del adulto. Atuesta Mindiola,

          simplemente en su trabajo literario trae al presente el poder

          evocador del recuerdo que disuelve el tiempo, reconstruyendo

          vivencias que pujan por ser “racimos de luz para el jardín de la

          memoria”.

     Mucha palabra y metáforas habría que utilizar para hacer referencia a los contenidos de estos libros publicados por el maestro Atuesta Mindiola, escritor residente en Valledupar, llamado por sus prologuistas como el “veterano prestidigitador de palabras”, así bien lo expresó uno de ellos, el también poeta Luis E. Mizar.

     Al cierre de la entrevista y la visita quedaron en el aire los deseos de poder leer uno a uno todos estos diez libros que dejé reposando en la mesa del escritor a la espera de que se le junten los próximos a escribir para conformar una veintena. No finalizo sin antes despedirme con la última estrofa de su propia décima escrita a Valledupar:

III

“Valledupar en tu cielo

la luz del canto se mece

en la memoria florece

el cantar de los abuelos.

Son versos que en este suelo

invitan a parrandear.

Tu nombre Valledupar

tiene un sentido profundo

y se conoce en el mundo

por el canto popular”.

Nury Ruiz Bárcenas

Escritora y poeta barranquillera

Orden Álvaro Cepeda Samudio

funescritoresdelmar@gmail.com