Cuando Consuelo Luzardo era niña sus padres la inscribieron en la Escuela Nacional de Arte Dramático para que dejara a un lado su timidez y socializara con otras personas.

     La timidez no la pudo dejar a un lado, pero se convirtió en una actriz patrimonio de la actuación colombiana. Es un símbolo de la televisión, del teatro y del cine nacional.

     Su primera participación en las tablas fue en la obra ‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca, e inició su trabajo en la pantalla chica en la comedia ‘Hogar, dulce hogar’, dirigida por Víctor Mallarino Botero, padre del actor que lleva su mismo nombre.

     Dos años después de inaugurada la señal de televisión por el general Gustavo Rojas Pinilla, doña Alicia del Carpio creó y produjo la comedia ‘Yo y Tú’, que se emitió por espacio de 20 años y nueve meses —entre 1956 y 1976— los

domingos a las 8 de la noche. En 1965 fue llamada para hacer el papel de ‘La cuqui’, una típica bogotana chirriadísima —mujer linda, muy ‘churra’, un ‘churro’—, a la cual la pretendían varios cachacos. Actuó al lado de Delfina Guido, Franky Linero, Carlos Muñoz, Carlos Benjumea, Héctor Ulloa, Hernando Casanova, Pacheco, Álvaro Ruiz, Luis Fernando Orozco, Alberto Saavedra, Judy Henríquez, Pepe Sánchez y Guillermo Sandino.

    Al concluir las emisiones del programa de humor costumbrista, se le ha visto en más de 50 producciones de televisión, películas y varias obras de teatro. Su rostro se ha hecho familiar para los colombianos en obras como El cuento del Domingo, La tía Julia y el Escribidor, El Chinche —donde hizo el papel de una abogada—, Gracias por el fuego, El hombre de negro, La pezuña del diablo, Los Cuervos —donde protagonizó a Dolores Olmedo—, Amándote, Lola Calamidades, Mi sangre, aunque plebeya, Quieta Margarita, Los Pecados de Inés de Hinojosa, Caballo Viejo, ¿Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha? donde protagonizó como Magola Granados, Inseparables, Solo una mujer, Dulce Ave negra, Momposina, La viuda de Blanco —fue antagonista como Perfecta Albarracín viuda de Blanco—, La mujer en el espejo, La Mujer del presidente, ¿Por qué diablos?, Perro amor, Juan Joyita, Vale todo, 

Pasión de Gavilanes, Punto de giro, Francisco el matemático, Te voy a enseñar a querer, Juegos prohibidos, Las profesionales a su servicio, Merlina Mujer divina, Mujeres asesinas, El Cartel, Sin retorno, Aquí no hay quien viva, Inversiones el ABC, A corazón abierto, Chepe Fortuna, Casa de Reinas, Los graduados, El laberinto de Alicia, La playita, Alias ‘El mexicano’ y La Nocturna.     

     Es una lectora consumada, le encanta caminar y tiene un gusto exquisito por la cocina. Es un ejemplo para decenas de jóvenes estudiantes de arte dramático y una marca en la industria del entretenimiento.

     Gracias a su extenso trabajo profesional en cine, teatro y televisión y su ejemplo para

nuevas generaciones actorales le será entregado el Premio ‘Momentos a Toda una vida’, el próximo 14 de noviembre en la ceremonia que se llevará a cabo en el Gimnasio Moderno de Bogotá.

     La Revista Momentos, medio independiente con edición impresa y digital que circula bimestralmente desde el 2011, realiza cada año la entrega de los Premios para destacar a quienes sobresalen en cada una de las temáticas que cubre esta publicación. Personajes como Hilda Strauss, Fernando Molina, Hernán Peláez Restrepo, Julio Sánchez Vanegas, Jorge Barón, Alfonso Lizarazo, Alí Humar, Rebeca López, Carlos Muñoz, Amparo Grisales, Juan Diego Alvira, Felipe Arias, Juan Eduardo Jaramillo, Carlos Benjumea, Carolina Cruz y Linda Palma, entre otros, han recibido esta distinción.

     Una noche de 1979 Rodolfo Aicardi llegó feliz a los estudios de grabación de Discos Fuentes y le dijo a Pedro Muriel: “Tengo el éxito para este año. Lo escuché en Ecuador y vamos a grabarlo”.

     En un casete estaba la interpretación de una orquesta peruana, ‘Los hijos del sol’.

     Escucharon las dos estrofas que tiene la canción: “Lloro por quererte / Por amarte y por desearte/ Lloro por quererte/ Por amarte y por desearte /Ay cariño ay mi vida. Nunca pero nunca/ Me abandones cariñito/ Nunca pero nunca/ Me abandones cariñito”.

     Eso era todo. Nada más decía la letra, pero tenía sentimiento.

     De inmediato Pedro Muriel —el grabador de más de 300 grandes éxitos de Discos Fuentes— llamó al equipo de Los Hispanos. El maestro Luis Carlos Montoya, experimentado arreglista para los temas tropicales, se encargó de los arreglos. Ya había dado resultado con ‘Boquita de caramelo’,

que había servido para el resurgimiento de Rodolfo y ahora tendrían otro gran éxito. Lo presagiaban.

     Luis Carlos Montoya es un músico hábil. Toca violín, guitarra, acordeón, bajo y las notas musicales ruedan en su mente con agilidad.

     Lucho Cruz ‘Condorito’, Jaime Uribe, ‘El mono’ Ospina, Jairo y Guillermo Jiménez conformaron la nómina que grabó ‘Cariñito’. “Rodolfo no podía grabar si Jairo no ponía el bajo”, cuenta ahora Pedro Muriel.

     Lo que presentían se volvió realidad. Ese diciembre el éxito nacional fue ‘Cariñito’ y, lo más sensacional, al año siguiente repitió el triunfo y, para no creerlo, en 1981 también lo fue.

     En tabernas, bares, discotecas, buses, taxis se cantaba “Lloro por quererte, por amarte y por desearte”.

     En la década de los ochenta, el tema dio para ser editado en decenas de compilados de Discos Fuentes. En los famosos 14 cañonazos salió en varias ediciones y era un tema obligado en los conciertos de Rodolfo Aicardi “tenía que cantarlo hasta 3 veces”, dice ahora Pedro Muriel.

     Mientras tanto en el Perú, al maestro Ángel Aníbal Rosado García le decían que su canción ‘Cariñito’ era muy popular no sólo en Colombia sino en Venezuela, Centro América, Ecuador, Chile, Argentina, México, Estados Unidos

y España, tierras donde nunca iría ni conocería.

     Al hijo de los profesores Moisés Rosado y María García le interesó la música desde muy joven. A los 15 años él mismo fabricó con sus manos su primera guitarra con la cual buscó sus emolumentos en las presentaciones en sitios donde le solicitaban sus canciones de la música criolla peruana.

    ‘Chinita’, ‘Odio’ y ‘Amenazas’ fueron sus primeras composiciones con las cuales se dio a conocer.

     Múltiples cantantes le grabaron en ritmos como cumbia, chicha, salsa y valses temas como Mis celos’, Mis ensueños’, No me culpes’, Adiós a mi Guitarra’, Falsa Indiferencia’.

     Se había convertido en el rey de la música criolla o chicha como la llaman allá.

     Las famosas Lucila Campos y la nunca

alcanzable Eva Ayllón también le interpretaron temas como la popular ‘Ruperta’.

     A su casa le llegaban las historias a don Ángel Aníbal Rosado de sus éxitos. En el 2002 le hablaron y pudo ver la película colombiana ‘Te busco’, dirigida por Ricardo Coral y que narraba cómo un músico organiza una orquesta con el fin de conquistar a una cantante.

     Una tarde, mientras veía ‘Un día de furia’ con Michael Douglas, estaba impresionado con la forma como este exempleado emprende una caminata en la cual se le presentan todo tipo de adversidades, una pelea en una tienda, un tiroteo y, de un momento a otro, escucha en la película su canción ‘Estúpido de mi’.

     A pesar de los grandes éxitos, Ángel Aníbal Rosado vivía modestamente en Perú. Recibía regalías por sus letras, pero los costos de su enfermedad eran altos. Sus últimas apariciones en televisión las hizo en silla de ruedas. Tenía una pensión como maestro de música. Un cáncer de próstata lo llevó a la muerte y sus gastos fúnebres fueron sufragados por sus colegas compositores.

     No conoció la dimensión de sus composiciones.

     El día de su despedida, miles de amigos, compañeros y peruanos criollos se unían al sentimiento de los comentarios de periodistas y gente del común. Se iba Ángel Aníbal Rosadio, un compositor que nació y murió pobre, pero que hizo bailar a millones de personas.

     El coro de quienes lo acompañaron desde la iglesia hasta el cementerio decía: “Lloro por quererte/, por amarte y por desearte/. Lloro por quererte/, por amarte y por desearte. /Ay cariño ay mi vida/. Nunca pero nunca/, me abandones cariñito/, Nunca pero nunca/ me abandones cariñito”.

     —¿Dónde queda Garagoa?, preguntó el acordeonista Jorge Hernández y fundador de Los Tigres del Norte.

     —En Boyacá, es un municipio de buen clima, hermosos paisajes y preparan una gallina con guiso del otro mundo, le respondió el empresario artístico Raúl Campos.

     Su trabajo para ese fin de semana del 2014 comprendía cantar el viernes 10 de octubre en Duitama, luego, al día siguiente, en Yopal y después, el 12, en Garagoa.

     En el papel era fácil cumplir con esos compromisos, hasta vieron y midieron las distancias en mapas de internet.

     Si algo han hecho Los Tigres del Norte es trabajar. Son 50 años conociendo pueblos, veredas, municipios, ciudades y escenarios de todos los tamaños. Desde los desconocidos hasta los del Madison Square Garden o el estadio de México. Han actuado frente a mil personas y otras veces hasta 100 mil y más. El grupo es el más famoso intérprete de música norteña o tradicional mexicana y ha cruzado las fronteras hacia arriba hasta llegar al Canadá y al Sur hasta Chile y Argentina. Colombia les ha aceptado con alegría y en la última década por lo menos hacen unas seis grandes presentaciones por año. Han estado, de esta forma, en Bogotá, Soacha, Villavicencio, Girardot, Duitama, Yopal, Garagoa y para este año llevarán sus temas y su empresa a Villanueva, Casanare el viernes 2 de noviembre, al día siguiente estarán en Pitalito, Huila y el 4 en Pacho, Cundinamarca.

     Hace 60 años, Jorge, el mayor de los Hernández convenció a sus hermanos Raúl y Hernán y a su primo Óscar para conformar una agrupación musical, cantar en tabernas, parques y restaurantes y así contribuir con las necesidades económicas de su familia. Se bautizaron como “Los Norteños de Chihuahua” y así trabajaron por más de 7 años hasta cuando fueron contratados para llevar sus canciones a San José en California. Un policía de frontera, al verlos tan jóvenes, les llamó como “pequeños tigrillos” y entonces se les iluminó un nuevo nombre: “Los Tigres del Norte” y comenzaron a rugir con sus canciones que cuentan historias de frontera, de amor, despecho, ilusiones y sueños.

     En esa gira del 2014, en Garagoa el público estaba emocionado porque tendrían a la más grande agrupación norteña de todos los tiempos en la cancha de fútbol que se adecuó para este concierto. Durante meses escucharon las promociones invitándoles a asistir. Los locutores de la emisora hablaban todo el día de cómo sería ese concierto. Fueron necesarios seis camiones para llevar el sonido y la tarima, otros tres para las vallas, dos más la publicidad y una docena, para cargar la cerveza, porque este programa había que celebrarlo como merecía la presencia de Los jefes de Jefes.

     “Soy el jefe de jefes señores/ me respetan a todos niveles/ y mi nombre y mi fotografía/ nunca van a mirar en papeles porque a mí el periodista me quiere /y si no mi amistad se la pierde…” se oía en Garagoa en tiendas y en pequeñas camionetas que promocionaban el evento.

     Para muchos municipios de Colombia contar con la presencia de Los Tigres del Norte es el evento más importante en años, es la agrupación musical rítmica mexicana más solicitada y ha vendido más de 300 millones de copias de sus discos. Se calcula que han grabado unas 700 canciones, se han llevado varios Grammys y han roto récords de asistencia en diferentes espectáculos en México y Estados Unidos.

     Garagoa es la capital de la provincia de Neira, al suroriente de Boyacá y en mapas está a 136 kilómetros de Bogotá y a unos 80 de Tunja

     El 10 de octubre la presentación fue apoteósica en Duitama, de donde salieron para Yopal, vía aérea, sin ningún problema. Allí la gente gozó hasta avanzada la noche. En el mapa se indicaba que saldrían en un recorrido de unas 4 horas y media en un carro a velocidad moderada hacia Garagoa. La caravana comenzó su travesía desde la capital del Casanare. De un momento a otro, un aguacero inundó la carretera y los artistas iniciaron un inolvidable periplo. Pasaron por Aguazul, La Maporita y Llano grande. Trataban de dormir, de ver los paisajes, de estirar los pies, de hablar sobre las temperaturas o sobre cualquier tema, pero la tempestad les impedía descansar.

     En Garagoa, desde las 4 de la tarde el locutor invitaba a la gente para que se fuera animando porque según le informaban, los integrantes del grupo más popular de México ya estaban en camino. Habló de Jorge, Hernán, Eduardo, Luis y Óscar, los integrantes del Grupo. Luego dio comienzo al programa con los artistas invitados.

     En el camino, los artistas mexicanos con más visitas en YouTube, los que tienen una fundación para defender la música criolla de su país, que han luchado por los migrantes, que en Expo Guadalupe tocaron 12 horas continuas y que tienen una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, comenzaban a ponerse nerviosos. Un derrumbe taponó la vía y se estancaron. Además, la señal de celular comenzó a fallar y quedaron incomunicados.

     ¿Qué hacer?, se acercaba la noche y en Garagoa el animador ya no sabía qué decir, había nerviosismo por doquier y Los 50 de Joselito alargaron su espectáculo para tener tranquilas a las 20 mil personas que llenaban el estadio.

     En la carretera, un parroquiano les dio una solución: seguir por una vía que los llevaría por la Peña del Infierno y salir así a La Esperanza. Entre todos votaron que siguieran esa ruta. Una hora después se dieron cuenta que no era una carretera, ni siquiera una trocha, era un arrume de piedras regadas unas sobre otras en un camino sin fin.

     Una hora de golpes por abajo del carro los mantuvo despiertos, la oscuridad era total en aquellos cerros, de vez en cuando encontraban una casita que les decían que ya estaban cerca. Ya había pasado la media noche y no sabían dónde estaban. Las baterías de los teléfonos totalmente consumidas.

     Para tranquilizarse hablaban de algunas de las 18 películas en las cuales han aparecido, de las historias de las canciones como “Cruz de marihuana”.

     En Garagoa Raúl Campos no sabía qué hacer. Ya eran las dos de la mañana y no tenía noticias del grupo. Marque una y otra vez. ¿A quién preguntarle?, ¿Dónde estaban metidos? Para agregar la angustia, las autoridades civiles, militares, cívicas y uno que otro borrachito estaban ya más impacientes y la lluvia no amainaba.

     Cuando Raúl Campos estaba al borde de un ataque al corazón, el todoterreno que los traía llegó al parque, le sonaban las ruedas, el capó, las persianas…Todo. Pérdida total.

     Eran las 3 y 30 de la madrugada.

     No importaba, al fin y al cabo, ya estaban allí y ellos, con sueño, cansados del viaje, se metieron al camerino que estaba acondicionado para ellos, tomaron café hirviendo, probaron la famosa gallina guisada algo y en minutos subieron a la tarima. El presentador, ya sin voz, sólo alcanzó a decir: “Acá están Los Tigres del Norte”.

     “Hola…señor locutor/ si me hace un favor/ póngame una canción/ que no hable de amor/ quiero que sepa esa mujer/ que su adiós me dolió/ que me dio un gran dolor…” 

     Y era un solo coro. Los habitantes de Garagoa, sin importar que lloviera, se gozaron esa presentación, habían olvidado las horas de espera y seguían cantando los éxitos.

     Terminaba la larga noche de angustia de Los Tigres, los que cumplen en el 2018, 50 años de vida musical.

     Eran las nueva y media de la mañana y Los Tigres del Norte, la leyenda, seguían en tarima.

     El regreso fue por otra vía.