4 poemas: amor y sociedad

A mi amiga
Lourdes Castro
 
Hay flores inmarchitables 
que no acatan estaciones 
y así ofrecen sus aromas 
frescos, delicados y sublimes 
de noche o de madrugada. 
Con esa gracia genuina 
siempre tienes la sonrisa 
reluciente que ilumina 
el alma de quien te mira. 
 
De tu vida cotidiana has hecho 
un gozo angelical y eterno 
que sin tiempo ni medida 
nos muestra tu desenfado 
con una sincera sonrisa 
dibujada entre tus labios 
como una marca de vida. 
 
La capa de tu cabello, 
coquetamente enredado, 
adorna tu bello rostro 
como las hojas de palma, 
sin afeites ni lisuras, 
si la belleza es del alma 
resplandece tu figura.

Adiós,
hermosa mía 
¡Cuánto te añora esta tierra, 
con sus mares y su sierra! 
A esa diosa que eres tu 
hoy, te ofrezco un rendibú. 
 
¿Quién me abrirá las mañanas 
sí tus ojos son mi radiante sol,  
la dulce lumbre que se emana, 
del nácar de un caracol? 
 
¿Quién me hablará con versos 
de política, de vida y del amor,  
mostrándome tanto candor 
en los temas más diversos? 
 
Ve con Dios, hermosa mía, 
con tu gracia y tu talento, 
que con la ilusión de tus ojos
yo me quedo muy contento.

A un actor
de mi ciudad 
¡Vaya, que especial actor tiene mi ciudad! 
Y yo, que muy bien que le conozco, 
sé que sube el cerro Cundí a las carreras. 
Hoy, caramba, ¡quién lo creyera! 
camina a traspiés en medio de la calzada 
detrás de un terapéutico bastón,  
con un bailao de salsero barranquillero, 
cual si fuera una cabrita desbocada. 
 
Apenas musita ininteligibles palabras 
mientras la mano extiende pidiendo plata; 
y de brinquito a brinco se hace un montón  
y llena su bolsa de la ajena caridad, 
sin necesidad de usar bata ni corbata. 
 
Ya tiene una casa, una mujer y algo más. 
Él sabe que para el histrionismo es un as 
y paciente, de este pueblo sabe esperar, 
el crédito y la compasión a sus palabras. 
¿Qué es un migrante o un minusválido?  
quienes le conocen, aseguran que no, 
que es un sinvergüenza que implora piedad, 
y de moneda en moneda ¡muy lejos se va!

Sonríeme
ahora 
Sonríeme ahora que estás a mi lado 
con esa boquita roja hecha de rosas,  
que exhala una sonrisa contagiosa 
y un perfume que nunca he olvidado. 
 
Sonríeme, amor mío, en todas las mañanas 
y en cada momento de mi luminoso verano; 
sonríeme, en las tardes grises de mi otoño; 
en las fragantes mañanas de mi primavera, 
y en las tormentosas noches de mi invierno. 
Sonríeme en cada instante de mi vida; 
hazlo por siempre y sin alguna medida.  
 
Sonríeme para que quizás un día, 
pueda recordarte en cada momento, 
y aflore en mi ese grato sentimiento 
del amor que siempre en mi conservaría, 
aunque, tal vez, juntos ya no estemos.