Estas tres y todas las demás fotografías que enmarcan la crónica de Nury Ruiz Bárcenas sobre la presentación de su propia obra, ‘Rafael Campo Miranda: Joya musical de Colombia’, son demostración del interés cultural de la comunidad Caribe, tributo a un compositor que acaba de cumplir 101 años de vida.

El jueves 8 de agosto se presentó el libro Rafael Campo Miranda, joya musical de Colombia, en el recinto del Museo Bibliográfico Bolivariano de la Universidad Simón Bolívar.

Nury Ruiz Bárcenas

VIDA Y OBRA

     El recinto estaba colmado de amigos seguidores de la música del cantautor folclórico de música caribeña Rafael Campo Miranda, quien durante toda su centenaria vida se ha inspirado en situaciones tan sencillas como un palmar, los pájaros, el mar, el viento, una  cometa y pequeñeces de la vida con las que ha hecho fascinante y grande su música. Pero también la ha escrito inspirado en lo que hace que el corazón tenga latires seductores, el amor.

     A la gala de anoche asistieron sus dos hijos Rafael Campo Vives y Margarita; su hija Martha se encuentra fuera del país. La emoción de ellos era grande en verdad, lo fue desde el comienzo cuando el rector de la Universidad Simón Bolívar doctor José Consuegra Bolívar en sus palabras de apertura habló del maestro y de su gloriosa música que por siempre estará en la memoria no solo del costeño y de Colombia, sino más allá de las fronteras, allende el mar. No en vano ha recorrido grandes escenarios musicales internacionales alegrando el corazón de quien la escucha.

     Posterior a las palabras iniciales, se dio el momento de imponer a la escritora y poeta Nury Ruiz Bárcenas, la responsabilidad de ejercer desde ese momento como presidenta de la Sociedad Académica Bolivariana del Atlántico, de la cual era su vicepresidenta. Sucede aquí al escritor bolivariano Tomás Rodríguez Rojas, quien ostentara esa posición por largos años. Además, fue reafirmado también su otorgamiento de la Orden José Consuegra Higgins por su labor cultural.

José Consuegra Bolívar Rector de la USB, la escritora Nury Ruiz Bárcenas, la Secretaria de Cultura de Soledad Katina Pugliesse, Margarita Campo Vives, Rafael Campo Vives, Sigifred Varelo, actor representando a Simón Bolívar, y Martha de Jinete, gestora cultural de Soledad.

     Y llegó el momento cumbre para escuchar su música. La apertura estuvo a cargo del Grupo Coral de la Universidad Simón Bolívar con sus 25 estudiantes integrantes, dirigido por sus directores Diana Carrillo De Moya y Eduardo Amaranto Padilla, con las interpretaciones Playa, brisa y mar, y Lamento náufrago, dos canciones con arreglo del extinto maestro Alberto Carbonell.

     Otras intervenciones fueron de la doctora Gloria González, vicepresidenta de la Sociedad Bolivariana de Soledad quien otorgó al maestro pergamino como miembro honorario de esa Sociedad; por su parte, el periodista Ahmed Aguirre obsequió su libro “Alma y pasión Caribe”.

     Después de los consabidos honores, el micrófono se llenó con las palabras de agradecimiento hacia la Universidad y a la autora del libro pronunciadas por el también maestro guitarrista de música clásica Rafael Campo Vives, su hijo, en nombre de su padre y de sus hermanas.

     Mención especial merece el nutrido grupo de soledeños que se hizo presente para rendir honores al maestro, bajo el liderazgo de la gestora cultural de Soledad Martha de Jinete. Estuvo presente la Secretaria de Cultura del municipio Katina Pugliesse Balsa, y las voces de felicitación por celular del alcalde Joao Herrera y la primera dama Alba Olaya de Herrera ante su imposibilidad por asistir.  

Libro para la Colección
“Doctorado en Sociedad y Cultura Caribe”,
de la Universidad Simón Bolívar

     Esta es la primera historia caribeña que hará parte de esta importante colección. Haré un poco de recordación de su contenido:

     “Fue un miércoles 3 de enero de 2018 cuando la aventura literaria se iniciaba este día. La radio local lo anunció temprano esa mañana apenas iniciando el nuevo año 2018; un locutor leyó breve listado de nombres reconocidos como personajes de la sociedad barranquillera que en este calendar cumplirían cien años de existencia desde diferentes fechas. Pero el único que dentro de ese anuncio me sedujo, abrió mis sentidos, hizo que se alegrara el corazón y desde acá como simple radio-oyente sintiera orgullo propio y ajeno, fue el del cantautor folclórico RAFAEL CAMPO MIRANDA, nacido un 7 de agosto (1918), hoy, orondamente cumplidos sus 101 años de vida, o como lo expresó él en mi primera entrevista: “Tengo 99 años y medio”.

     “Sin pensarlo dos veces escogí para este proyecto literario al maestro RAFAEL CAMPO MIRANDA, dueño de una lucidez mental increíble. Pensé: “No hay ocasión más propicia para homenajear y tener presente a un ser humano que le ha dado tanta música, alegrías, nostalgias y letras mojadas con agua de su mar a la costa Caribe y Colombia que este autor de muchas canciones elogiosas al amor, letras transformadas en poemas musicales que han trascendido el país y allende el mar”.

     “Me sedujo su poesía musicalizada, la que solo podía salir de su enamorado corazón enredada con notas musicales escritas con agua de mar, con olor a tierra mojada, bajo el mecer lento y cadencioso de las palmeras, con el paseo del amor sobre un viento verde cerquita a una nube viajera como viajera es la alborada y el amor”.

     “Escogí a este cantautor sin igual para escribir de esa vida suya con profundas cristalizaciones de coplas que le cantan al amor así como lo hace el canto de algún pájaro amarillo que vuela por los aires cual cometa, las garzas en noches de cumbia o como van de un lado para el otro sus brisas del valle, con el arrullo de tambores desde un trópico que busca en el tiempo con loca obsesión a su paloma por el cañaveral o bajo el ceibal”.

     “Mi proyecto literario por fin estaba decidido para esta ocasión. Y tuvo un feliz complemento cuando al presentárselo al doctor José Consuegra Bolívar, Rector de la Universidad Simón Bolívar no dudó un instante para decirme: “¡Excelente!” “Nos interesa ese proyecto. Inícialo enseguida”, casi no me dejó terminar la frase.

     “De inmediato me puse a continuar la tarea que ya tenía iniciada de narrar la vida y obra de un ser humano excepcional envuelto con el halo de odas, versos y elegías impregnados con fragancia de naturaleza pura, cubiertos sus sentimientos de pasión tropical y búsqueda incesante bajo otro cielo hasta llegar con su amor quizá a la tierra del hombre caimán”.

Diversas escenas como soporte de la importancia del certamen. Destaca el músico soledeño Eduardo Jinete, quien ejecuta con la guitarra un tema del compositor, su conterráneo.

     “Porque tal ha sido el delirio del poeta cantor RAFAEL CAMPO MIRANDA nacido un 7 de agosto de 1918 en Soledad, Atlántico, momento preciso cuando en la vetusta y colonial iglesia de su terruño desde su blanca y redonda torre repiqueteaban doce campanadas del día anunciando cambio en el meridiano de Greenwich. Y quizá, también, hasta se escucharía arropado con las hojas de algún árbol el trinar de un pájaro amarillo que sin saberlo anunciaba, junto a esos repiques en el cambio horario, la llegada de nuevos ritmos caribeños que serían exaltados a través de los acordes de este guitarrista hijo del municipio de Soledad, dueño de mente prolífera para la composición musical y de corazón poético que haría parte importante en la historia de Colombia como Joya Musical”

     “Después, ya a la semana siguiente inició en firme las entrevistas con el maestro. Veloz carrera la de mis pasos en gestión cultural hasta conseguir su contacto y enseguida comunicarme con él; después de identificada solicité entrevista. Fue a las 4:00 de esa tarde cuando me recibió en la puerta del apartamento la señora Yaneris Meriño, su dama de compañía y empleada de confianza, quien me dio entrada sonriente a un recinto íntimo, familiar, sereno y musical que me llevaría a las profundidades del mar de “Mi viejo muelle”, a vivenciar las lágrimas de “Lamento náufrago”, a danzar con “Noche de cumbia”, a mirar hacia un imaginado cielo para admirar “La Cometa”, sentir en el rostro “Viento verde” o escuchar imaginariamente los sones de su porro “Playa”, igual que tantas otras vivencias musicales como las que guarda en su nítida memoria el cantautor RAFAEL CAMPO MIRANDA”.

     “A esa hora en punto de la entrevista hacía mi entrada a un recinto donde se sentía el soplo de ese mismo viento verde, pero sin lamentos sino con sonrisas; allí estaba en aquel quinto piso del edificio situado al norte de Barranquilla. Al entrar respiré de inmediato la fragancia de algún aromatizador ambiental que no podía descifrar, pero no era a sal marina; me confundían los azahares, bergamotas, ananá, almizcle blanco, crisantemos o cedros. En todo caso, la estancia con su aroma se adentró hasta el olfato e hizo su recorrido directo llegando al alma de la periodista y escritora, pero más al de una sensible persona”.

     “Después, mientras sentada en un abollonado sofá en espera de mi personaje quien se estaba acicalando como buen caballero siempre elegante de figura y palabra, no podía hacer menos sino recorrer con la mirada sus cuatro paredes donde se veían colgados incontables placas, pergaminos enmarcados, trofeos, crónicas en periódicos de vieja data cuidadosamente arreglados en su vidrio para conservarse”.

     “Las fotografías del cantautor no podían quedar por fuera: unas donde se veía solo, otras con su esposa (ya fallecida) María del Socorro Vives Trespalacios; otras posaban desde la pared acompañada de sus amigos de grupo en escenas de canto donde el romance hacía su fiesta inigualable. En su apartamento de hoy, una habitación dedicada solo para estos recuerdos de vida y obra musical cual una biblioteca donde descansan orondos los libros o museo mostrándose allí obras de arte pictórico se le podría asemejar, pero aquí reposan orgullosas sus muchas distinciones, placas, trofeos y condecoraciones en señal de su vida productiva, cuyo resultado ha sido poseer un talento armonioso, musical, pentagrama sobre 12 notas llenas de canto, poesía y sensibilidad”.

     “Bien lo anotó en su prólogo a este libro el doctor Gustavo Bell Lemus cuando anota que: “Rafael Campo Miranda es la altivez de la música costeña” y agrega que “el presente texto recoge por primera vez los pedazos de vida detrás de cada una de las mejores composiciones del maestro. Los hechos mundanos que inspiraron sus canciones, la materia prima sobre la cual el artista esculpe su obra, los elementos que, como por arte de magia, se recrean como notas en el pentagrama. Todo está escrito aquí”.

     Así, de la mano de múltiples intérpretes y orquestas colombianas y del exterior, la música del cantautor de música caribeña Rafael Campo Miranda se paseó por los grandes escenarios llenando corazones de alegría y amor, como fueron la de Eduardo Armani, de Argentina; Orquesta de Chucho Sanoja, de Venezuela; Billo’s Caracas Boys, Rafael Paz, México; La Playa, de Venezuela; Los Cosacos del Don, de Rusia; Don Nauro y su sexteto, de Estados Unidos; Nelson Henríquez y su combo, de Venezuela; Orlando Contreras, de Cuba; Jaime Llano González, de Colombia. En fin, es innumerable la lista de intérpretes que han paseado por el mundo su Lamento Náufrago, su Nube viajera, su Pájaro Amarillo, Viento verde, Entre palmeras, Unos para todos, La Cometa, Mi delirio, Brisas del Valle, Playa, brisa y mar; La Mojana, Arrullo de Tambores, Noches de cumbia, Te busco en el tiempo, Volaron las garzas, entre muchísimas otras. Y todavía hoy, a sus 101 sigue escribiendo algunas composiciones que saldrán a la luz dentro de poco tiempo.

Nury Ruiz Bárcenas
Escritora y poeta barranquillera
Orden José Consuegra Higgins