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     Inconforme, el hombre asiste al desplazamiento de su generación —debidamente preparada y capacitada como él— por la carencia casi absoluta de empleos estables, de un trabajo decente, en ‘La perla de América’: Santa Marta, Distrito Turístico, Cultural e Histórico.

     En la segunda y última entrega de este reportaje, sustentado en la visión del joven profesional samario Ricardo 

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Villa Sánchez, la temática es amplia y complementaria de la primera parte, un contenido que ha motivado al dirigente samario Amed Zawady Leal a decir, por intermedio de e-mail a El Muelle Caribe, que Interesante reportaje. Plantea Ricardo un debate crucial para nuestro desarrollo como ciudad en el cual sugiere nos pellizquemos ante a un futuro inmediato, de pronto acontecer, y es evidente el desdén con el que han sido abordado. Estoy de acuerdo con sus apreciaciones pues ya estamos ad-portas de lo que se anuncia”.

     Sí, lo que se anuncia:

     *El quinto centenario de Santa Marta.

     *El bicentenario de la muerte de Simón Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

     *Los 100 años del nacimiento, en Aracataca, a dos horas de Santa Marta, del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

Amplitud del puerto

     La situación geográfica de Santa Marta es envidiable. La ubica como sitio de amplias ventajas comparativas, se pudiera decir que es puerto natural, con un calado ídem, que no lo tiene ningún otro en la Costa, muy diferente a la situación del de Barranquilla, cuyo canal de acceso debe ser dragado permanentemente, y al de Cartagena.

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     Pero allí, entre Taganga y el Camellón, Centro Histórico de Santa Marta, se ubicó la Sociedad Portuaria, con un puerto carbonero en el corazón turístico de la Ruta de las Bahías, esa que viene de La Guajira y se prolonga hasta Pozos Colorados.

     Dicho está que el mundo gira hacia el uso de energías limpias, la mentalidad es bajar consumo de carbón y de petróleo. ¿Cuál habrá de ser, entonces, la futura razón de ser de este puerto?

     “Santa Marta debe tener un muelle de pasajeros… Un muelle turístico… Un muelle

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para recibir cruceros, que mueva inmigración… Normalmente llegan a Cartagena y allá es donde pagan los impuestos”, precisa Villa Sánchez.

     Y para reforzar esa idea, se fundamenta en lo climático, en los periódicos fenómenos meteorológicos en el Gran Caribe —ciclones, tormentas tropicales, huracanes— que para esos tiempos impiden la navegación de barcos cruceros por esos lares y que para nada afectan a Santa Marta…

     Pero también se puede pensar en dinamizar la actividad comercial samaria. Y para ello,

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desde el punto de vista de Villa Sánchez, habría que ampliar el puerto, pero… ¿hacia dónde? Hacia la derecha Taganga y hacia la izquierda el Centro Histórico, el Camellón…

     “Debe contemplarlo el nuevo POT y se puede pensar en puertos satélites”, precisa.

     Para el columnista de diversos medios de comunicación —entre ellos, El Muelle Caribe—, Santa Marta enfrenta otro serio problema: desde hace quizá veinte años se ha venido aplazando la definición de Plan de Ordenamiento Territorial, “un POT que, creo, debe ir acorde con un plan de desarrollo, un plan estratégico como el Plan Maestro Santa Marta 500 años. Hay que ver cómo se articula y se ejecuta con las discusiones modernas del desarrollo, alrededor del desarrollo

humano sostenible”.

     Volvamos a lo de la ampliación del puerto, para lo referente a una visualizada actividad comercial samaria, y por ahí emerge el sitio: “El kilómetro 19 de la vía a Ciénaga. Habría que pensar en un paso elevado —de anchas dimensiones y largas extensiones— como los que hay en Everglades, en Florida y otras partes del mundo y que una a Ciénaga con Barranquilla”.

Habría entonces que evitar aquella discusión que surgió cuando quisieron mandar el aeropuerto para tales lares, porque, viéndolo bien, la expansión portuaria de Santa Marta tiene que ser en ese lugar.

     Aunque queda la opción de los puertos satélites: playa Lipe, al lado del Batallón. “Trasladar este a otro sitio, y

eso es puro tema de POT y de voluntad política y de problema económico. Y de tener claro que ya no estamos en guerra, que el batallón puede irse a otro sector”.

     Lo fundamental aquí son dos cosas: que la expansión no mate el turismo de Taganga ni menoscabe el valor histórico del camellón y su entorno.

     Y es que a Taganga hay que preservarla más allá del turismo, por su gente, los ancestros, los raizales, los nativos, la cultura viva. “Y hay que tener en cuenta que hace parte de un parque natural”.

     Lo indudable: Taganga, la herradura natural, la bahía, es zona de alta proyección turística: en lo paisajístico, en lo cultural, aunque, y el dilema lo plantea Ricardo: “Se piensa en un muelle privado”.

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     —Y vamos con las emociones samarias, los reclamos, las comparaciones entre Barranquilla y Santa Marta: el malecón de allá, el malecón de acá —decimos.

     “Históricamente, Santa Marta le ha hecho sombra a Barranquilla, que se desarrolló gracias al a la llegada del tren”, dice. Y agrega: “Es que, Barranquilla ha sido una ‘urbe esponja’, metrópolis, en permanente ebullición. A diferencia de Santa Marta, no es elitista… Y si hay elites, no chocan entre sí. Desde su condición de ciudad de emigrantes —libaneses, judíos, alemanes, gente de Cartagena, de Santa Marta, después los guajiros— asume condición de metrópoli, es una metrópoli, y Santa Marta no debe competir con ella”.

     De acuerdo con el abogado y escritor samario, su ciudad, su terruño, su patria chica, Santa Marta, debe complementarse con Barranquilla. Y hacer alianzas…

     “Por eso creo en el tren metropolitano que una a Santa Marta con Barranquilla, a las tres ciudades, con Cartagena, eso es muy importante”.

     —¿Y qué hay del sentido de pertenencia del samario sobre Santa Marta?

     “En este tema sí compararía a Barranquilla con Santa Marta… El barranquillero es más identificado con su ciudad… El Carnaval es un proyecto de vida del barranquillero, diría que es una vocación. El samario, como consecuencia de las bonanzas, ha estado más proclive a identificarse con quien tenga el poder”.

     —Y es que eso es lo que genera las fuentes de empleo en Santa Marta.

     “Así es, porque ha sido muy precario el proceso de industrialización de la ciudad por esas mismas élites. Es que esas élites que han gobernado la ciudad no han permitido, en algunos momentos, el desarrollo de la ciudad”.

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     —Y vamos a meternos con las elites…

     “Eso sí, uno le abona mucho al nuevo proyecto político que, de alguna manera, llegó y creó un tercer sector político e irrumpió ante los tradicionales y frente a la clase emergente que se venía”.

     Y, como es de suponer, se refiere al movimiento Fuerza Ciudadana, liderado por el exalcalde y candidato presidencial Carlos Caicedo Omar.

     Hay tema suficiente para hablar en un diálogo periodístico que no duró más de 25 minutos. ¡Y qué vaina! Para plantear otro serio problema samario: el impacto del narcotráfico.

     “Del narcotráfico y de todas esas

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bonanzas, en especial últimas, que han generado como que una cultura del dinero fácil, que uno puede, por la vía más fácil, y a veces sin trabajar, lograr las cosas”, dice Villa Sánchez sin que le tiemble la voz. “Y gracias a las bonanzas, la cultura obliga a ser rentistas. Y eso ha sucedido incluso, con la bonanza bananera: los que tenían las fincas terminaron perdiéndolas con las multinacionales”.

     Pues bien —verdad de Perogrullo—, si Barranquilla ha sido ciudad de emigrantes, metrópoli, urbe esponja, proclive a las alianzas, Santa Marta lo ha sido de bonanzas. Y hay que subrayarlas: la tabaquera, la 

cafetera, la del contrabando, la bananera, la marimbera, la del carbón…

     “Lo dice Jorge Orlando Melo en ‘La historia mínima de Colombia’”, dice el autor de la columna ‘Punto de vista’: “La Guajira y Santa Marta han sido territorios, por sus mismas condiciones geográficas, proclives a la criminalidad, a la economía del crimen. Y eso genera una economía subterránea de la cual es muy difícil salirse, porque se soporta en eso, en la ilegalidad. Y eso genera que haya como que dos tipos de economía. Difícil salir, se necesitará una nueva generación, que se eduque de otra manera, pero los que se están educando se están yendo…”.

     Y el hombre asiste, inconforme y quizás impotente, al desplazamiento de sus contemporáneos…

     —¿Y qué hay de la generación de Ricardo Villa Sánchez?

     “Se ha ido, se han desplazado por el desempleo. No hay empleo estable, no hay trabajo decente. Si uno no tiene una empresa y si no está en la política o en la politiquería, le toca irse, porque no encuentra qué hacer. Y ha irrumpido una clase emergente que ha ocupado esos espacios —trabajadora, eso sí— y que necesariamente hay que integrarla a la ciudad”.

     —¿Y de dónde proviene esa clase emergente?

     “Se dice que desplazados llegaron más de 220 mil personas a la ciudad y que se aumentó la población en un 33 por ciento. Y de dos años para acá, se incrementa la emigración de venezolanos, sin que uno sepa si son hijos de 

colombianos que se habían ido para allá a buscar suerte, no la encontraron y se regresaron. Pero están ocupando espacios en el territorio de la ciudad y tarde o temprano van a tener disputas políticas y territoriales…”. Ante eso, Ricardo Villa Sánchez recrea la idea de que en Santa Marta se requiere, necesariamente, integración social. “La ciudad debe abrirse más. Y se abre con una mejor educación, educación de calidad, permitiendo acceso a un empleo digno… Se abre con una vocación, con mirar hacia el mar Caribe y hacia otros países y generar algo que nos una: acciones concretas y políticas públicas —más allá de proyectos— que permitan unir a los actores clave para sacar adelante la ciudad”.

—Exhortación al samario raizal…

“Debe tratar de ampliar su pensamiento hacia el mundo…”

—¿Y cómo lo hace?

     “Con una educación de calidad. Creo que debemos salir de esas discusiones que no llevan a nada, sí, bizantinas…Y más bien educarnos, emprender negocios, generar oportunidades e integrarnos con quienes lleguen… Recibirlos, pero para poder avanzar. Yo creo que nosotros debemos de ampliar nuestros horizontes”.

     —Sin distingos sociales, ¿sigue siendo Santa Marta una ciudad vivible?

     Y para el hombre, la última morada de El Libertador Bolívar, sigue siendo el mejor vividero del mundo, en especial por sus condiciones geográficas…

     “Pero lo importante es generar mayor igualdad, oportunidades de acceso a un empleo digno, a un trabajo estable, a una inclusión productiva que permita que las personas tengan esperanza”, dice…

     En un sitio en el cual su población vive del rebusque diario, de la informalidad, sin poder de decisión —“y nos metemos en la política—, “yo creería en una nueva ciudadanía activa, empoderada, que pueda usufructuar condiciones de libertad política. Y para que se dé, se requiere tener una mejor calidad de vida. En eso es que hay que avanzar: poder adquisitivo, poder de decisión. Yo creería que eso es lo más importante…”

     Aunque eso no tributa políticamente, porque no es palpable, no es tangible, no es una obra que se toque, la ideal para Santa Marta —conclusión del diálogo— ha de ser es la construcción de una nueva ciudadanía, que tenga libertad política y que sea capaz de decidir y que tenga poder adquisitivo, poder de decisión, de movilización, de acción y que tenga esperanza…

     “Es lo más importante”, puntualiza Villa Sánchez.

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