Por Jaime De Lavalle Carbonó

     Las investigaciones muestran que las fiestas de Navidad se encuentran entre los desencadenantes más poderoso de la nostalgia. Los olores, colores y sabores de la temporada navideña tales como velas encendidas, árboles, pesebres, fuegos artificiales, villancicos, música bailable, olor a buñuelos y natilla, pasteles, hayacas o incluso un sancocho o carne a la parrilla, pueden transportar a los recuerdos de navidades pasadas. Los rituales familiares y sociales de esta época del año facilitan sentimientos nostálgicos y forjan vínculos con el pasado.

     Percibir un olor, oír una canción, ver un adorno oír al tío o a la abuela que cuenta las mismas historias de la niñez o de la adolescencia en la reunión de Navidad cada año, hace sentir como si se transportara en el tiempo. Como dijo alguna vez Juan Pablo II, la Navidad es por excelencia la fiesta de la familia. Y que al final del año empieza uno hacer un balance: lo que se hizo y lo que no se hizo, amigos que se hicieron y que se perdieron, los que murieron, los que fueron a vivir a otro lado… La Navidad es el tiempo de la memoria y de los planes de futuro. 

     A continuación, veamos las evocaciones sobre la Navidad de algunos personajes muy importantes de nuestra cultura colombiana:  

Gabriel García Márquez
La túnica fosforescente

      “Creo que no había cumplido 5 años en Aracataca, aquella noche de Navidad en que vi en la penumbra el fantasma de una mujer con una túnica fosforescente que se inclinó sobre mi cama y salió después del dormitorio atravesando las paredes. El pavor no permitió entender nada. Sólo al día siguiente me di cuenta de que era mi abuela, que me había puesto los regalos a los pies de la cama. Entonces supe la verdad que más nos intrigaba a los niños de aquel tiempo: si era o no el Niño Dios el que nos traía los juguetes.

     No le conté a nadie mi descubrimiento, pensando en que si algún adulto sabía que yo sabía, nunca más me los pondrían. Logré prolongar la farsa por dos navidades más. Pero la Nochebuena de mis 7 años, cuando los niños íbamos a acostarnos más juiciosos y más temprano que de costumbre para que amaneciera pronto, mi papá me hizo una seña cómplice de que me quedara como él. Luego, sin explicación alguna, me llevó al comercio para que lo ayudara a comprar los juguetes que el Niño Dios iba a ponerles a mis hermanos. Esa noche, con la frustración más grande de mi vida, empecé a ser adulto”.

Fernando Botero
El chillido del marrano

     “Bueno, la verdad es que a mi la Navidad me evoca la matada de marranos en Medellín, esa época nunca ha vuelto a significar gran cosa.

     Y ahora que lo recuerdo, era impresionante: en medio de un ambiente festivo y ruidoso, entre varias personas tumbaban al marrano y lo inmovilizaban: un señor le localizaba el punto exacto del corazón, y entonces le clavaba un cuchillo en medio del pataleo y de los chillidos más espeluznantes.

     Para trancar el chorro de sangre, le hundían en la herida una tusa de mazorca, luego con el cuchillo, lo abrían de par en par. En ese momento, comenzaba una curiosa lección de anatomía: mira, Fernando, decían, estos son los pulmones, este el corazón, fíjate en el estómago, etcétera.

     Después chamuscaban el animal para quitarles los pelos, y entonces el dueño de casa, en una imagen que nunca olvidaré, se acercaba y cortaba de un tajo la cola encrespada del marrano y la comía cruda. Pero quizás lo más inolvidable de toda esa escena macabra eran los chillidos del animal, que parecían humanos, y aún los recuerdo como si los estuviera oyendo.

Amparo Grisales (actriz)
“Nunca gané un concurso de villancicos”

“Lo que más recuerdo de la Navidad es el pesebre que mi mamá nos hacía siempre. El más lindo que he visto. Tenía cascadas y un riachuelo de agua natural. Era todo un rito la construcción del pesebre cada año. E implicaba la salida con mis hermanos y amigos cercanos a recoger el musgo. Un plan delicioso. Después venían los villancicos y las novenas alrededor de ese hermoso pesebre, y también las natillas y buñuelos de mi abuela. Además, yo participaba en todos los concursos de villancicos que se presentaran. Aunque nunca gané”.

Salomón Hakim (Científico neurocirujano)
Esos hermosos villancicos

“La evocación de la Navidad me produce una confusión de sentimientos, una mezcla de tristeza y de alegría:

De un lado, desfilan en mi mente las imágenes de los niños pobres, de los huérfanos, de los que sufren sin consuelo. de los niños que, con una sonrisa a medias en sus labios, esperan que la Navidad les traiga algo y se quedan esperando. El recuerdo va lejano del goce inocente que me producía la música de los sencillos y hermosos villancicos, que de niños cantábamos con mis hermanos, bajo la complacencia de papá y mamá, dos personas tan buenas, sabias y generosas”.

JAIME DE LAVALLE CARBONÓ