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     Ricardo Villa Sánchez lo dice sin tapujos: Santa Marta —la ciudad más antigua de Colombia, asentada precisamente a orillas del mar Caribe, en la concavidad marina que ha sido llamada desde siempre y para siempre ‘La bahía más bella de América’—, “ha crecido de espaldas al mar Caribe”.

     El abogado, columnista y escritor samario —durante el compartir de un tinto con El Muelle Caribe en reciente visita suya a Bogotá— no duda en hacer eco de esa opinión casi generalizada entre la dirigencia samaria de que la capital del Magdalena “ha sido sobrediagnosticada”: infinidad de estudios, sin que se haya llegado a concretar aún la vocación real que le permita a la última morada de El Libertador Simón Bolívar, llamada también ‘La ciudad de Bastidas’, su despegue definitivo hacia un desarrollo sostenible.

     Y, más que una simple anécdota, es precisamente la

ubicación de los monumentos a estos dos personajes de nuestra historia —el padre de la Patria y el fundador de la ciudad— el ejemplo tangible, el símbolo de que Santa Marta ha crecido de espaldas al mar. Y lo precisa Ricardo: “Simón Bolívar está en su caballo, mirando hacia el mar, señalando hacia allá, hacia La carta de Jamaica”. Y Rodrigo de Bastidas está mirando hacia la Sierra”… Sí, mira hacia la Sierra Nevada el navegante español que, explorador del litoral Atlántico desde La Guajira hasta el Golfo de Urabá, había de llegar en 1525 a las playas samarias, como es de suponer, a través del mar. Y no solo eso, sino que se yergue de pie, literalmente de espaldas al piélago donde El

Morro emerge en paralelo a la estatua aludida.

     “Y uno dice”, apunta el escritor, “yo creo más en Bolívar: de la Sierra hacia el mar”. Y en efecto, ‘El genio de América’ mira de la Sierra hacia el mar, desde el parque de su mismo nombre, en el Centro Histórico de la samaria, desde donde cabalga para siempre, eternizado en su estatua ecuestre.

     En los estantes samarios reposan sucesivos y hasta excesivos estudios que, con miras a la competitividad, han terminado apuntando hacia una actividad productiva basada primeramente en el ecoturismo y sostenida además en la logística portuaria, el comercio en servicios y la actividad agrícola, pero para el autor de la columna ‘Punto de vista’ que se publica en El Muelle Caribe, Santa Marta debe encaminarse hacia una “vocación única que congregue a los actores clave”.

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     —¿La turística? —preguntamos.

     Y reiterando su punto de vista en el sentido de que su ciudad terruño ha crecido de espaldas al mar Caribe, precisa que lo fundamental es —más allá de lo turístico, muy positivo, y el relacionamiento en ese sector de la economía con las islas del Caribe, con Centroamérica e inclusive con los Estados Unidos— que Santa Marta vuelva a mirar, como puerto y como ciudad, hacia el mar, “un gran mercado, que lo es no solo desde el punto de vista turístico”. Un mar, ese mar samario que también tiene relación con lo cultural y, en especial, con la historia: la piratería, aquella de asaltos saqueadores a barcos mar adentro o a puertos marítimos a mano armada de bucaneros o piratas en muchos casos con parche en uno de sus ojos, pata de palo y esgrimiendo arcabuces, mosquetes y hachas, entre otras armas de la época.

     Elevada a la categoría de Distrito Turístico, Cultural e Histórico mediante acto legislativo del 29 de diciembre de 1989 —título que ya casi no se usa como presentación, ni siquiera por las iniciales DTCH—, Santa Marta es ponderada como una de las ciudades más hermosas de Colombia, que encanta a viajeros no solo por la exuberancia de su Sierra Nevada, su Parque Tayrona y la belleza de sus playas, precisamente las de su bahía, sino también por su pasado colonial y ese pretérito corsario, emocionante, y por su condición de página histórica como sitio geográfico donde Bolívar pasó sus últimos días, allí en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

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     —Vocación única, un solo camino hacia la competitividad… ¿Compaginan el turismo con el carbon? —preguntamos.

     “El carbón… Tiene que ver con la humanidad… El tránsito de los países desarrollados va hacia la economía basada en las energías limpias: la eólica, la de las olas y la del sol, tres energías que tienen que ver con la mirada hacia el mar Caribe”.

     Frente a lo que Ricardo escribe en su columna, uno saca la conclusión de que es acucioso investigador antes de abordar un tema. Y para disertar sobre el tópico de las energías limpias como soporte de economía —tocado por él mismo—, resulta obvio que tenga sus fundamentos.

     “En Dinamarca y Noruega”, dice, “la ‘Danks Energy’ —que es la Ecopetrol de Dinamarca—, está construyendo plataformas marinas de energía eólica para combinarlas con la energía de las olas y la solar. Y aseguran que con una plataforma de esas se puede generar energía eléctrica para una ciudad de dos millones de habitantes”.

     Hecha tal precision y aludiendo lo referente a la pregunta ¿Compaginan el turismo con el carbón?, nuestro ‘entrevistador entrevistado’, como él mismo está sintiéndose, señala que otro gran problema de Santa Marta —lo cual ha sido estudiado por economistas, sociólogos e historiadores— es que ha crecido, no solo de espaldas al mar, sino alrededor de bonanzas.

     “La bonanza bananera, la bonanza del café, la bonanza marimbera y la del carbón. Y construyeron toda esa zona de Pozos Colorados ¡a punta de carbon!”.

     —¿Y en qué radica lo malo de las bonanzas?

     “En que son economías enclave, que apenas se acaban dejan solo el polvero. ‘La hojarasca’, como dice Gabriel García Márquez. Entonces, eso hay que superarlo”.

     Y el hijo del sacrificado líder samario Ricardo Villa Salcedo —una voz en derecho, un ideólogo que, como columnista y político se hacia sentir contra lo torcido y que había de ser acallado a bala por un clan criminal de ingrata recordación en Santa Marta—, se encamina a fijar su posición ante la que debe ser la vocación productiva samaria, la cual, a su vez, debe surgir de la unidad de los samarios alrededor de ella.

     “… los actores clave, porque el sector político no es el único que tiene el poder en Santa Marta. Están los empresarios, la Cámara de Comercio, incluso actores desde el nivel central”. Y se refiere a las autoridades del orden nacional con competencias politico-administrativas sobre la capital del Magdalena porque esta es puerto marítimo, es distrito especial, tiene parques naturales, tiene ríos, tiene mar, aunque haya terminado dándole la espalda.

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     Al fin de cuentas, decantándolo todo —pero siempre, a partir del retorno y, a futuro, sin quitarle la mirada al majestuso horizonte marino—, la principal vocación productiva habría de partir de lo turístico, soportado sobre lo cultural y lo histórico, a la sazón, las características que justificaron la expedición, por parte del Congreso de la República, del acto legislativo #3 del 29 de diciembre de 1989.

     Y al fin de cuentas distrito especial histórico, hay dos hitos históricos, de acuerdo con Villa Sánchez, en torno a los cuales se puede unir la gente samaria —“se requieren aliados”—: los 500 años de Santa Marta y los 200 años de la muerte de Bolívar.

     “Con motivo de los 500 años en 2025”, dice Villa Sánchez, “ya existe un Plan Maestro, ‘El quinto centenario’, que comprende una serie de proyectos que ya se concertaron, que se estudiaron, y eso es unir a los actores clave del territorio, inclusive a las ciudades hermanas y al gobierno nacional, hacia el desarrollo y la vocación de Santa Marta”.

     Eso por un lado. Por el otro, nuestro personaje convoca al trabajo desde ya, unidos los mismísimos actores clave, para la conmemoración del bicentenario de la muerte de Bolívar, que se nos viene en 2030.

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     Ricardo Villa Sánchez tiene la convicción de que, sobre tal base —la conmemoración de los dos hitos históricos—, se puede construir un proyecto colectivo de ciudad, que “genere calidad de vida”.

     Y ahora, desde lo cultural, como complemento de lo turístico y lo histórico, también hay que apuntar hacia el calendario: la proximidad de los cien años, no de soledad, sino del autor de la laureada novela —Cien años de soledad—, soporte para la entrega, en 1982, del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, quien había de nacer en 1927, un 6 de marzo, en Aracataca, a menos de una hora de Santa Marta.

     Ya viene también el centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez, “al cual hay que

comenzar a mirarlo para conmemorarlo”, precisa el joven escritor. “Y habrá que tenerse en cuenta que la vocación turística de la ciudad puede irse ligada con todo lo que llaman Macondo, que es Aracataca, la Zona Bananera, Fundación, Ciénaga, ligado con Santa Marta, y para eso es clave un tren de cercanías”. Para tal acontecimiento, restan apenas 9 años.

     Desde su punto de vista, Ricardo Villa Sánchez tiene visualizada la ciudad del futuro con su nombre de siempre: Santa Marta, y eso acicatea su inspiración para que no pare ese, su cúmulo de ideas que ateosora en su cerebro. Y activada la necesidad de dotar la region macondiana de un tren de cercanías, nuestro interlocutor aterriza en el transporte multimodal —concordante con las necesidades—, el cual debe ser reactivado por Santa Marta a través de los rieles. “El tren metropolitano que una a Santa Marta con Barranquilla y con Cartagena y con Riohacha. ¡La salida al mar!”.

     La Santa Marta del futuro: inicialmente, la del Quinto Centenario de su fundación… Dos años después, la de los Cien años de GGM… Y tres calendarios más adelante, la del bicentenario de la muerte de Bolívar…

     Un proyecto colectivo de ciudad, ejecutado y de frente al mar Caribe…

     Por todo esto, esta primera entrega del reportaje con Ricardo Villa Sánchez, el cronista la ha titulado: ‘En busca de desarrollo sostenible y competitividad… Santa Marta: ¡no más de espaldas al mar Caribe!’

Continuará