Por Jorge Agudelo Moreno

     Anualmente, cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo, tragedia que afecta a familias, comunidades y países, y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida.

     El suicidio se puede producir a cualquier edad y hoy es la segunda causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años en todo el mundo.

     La privación voluntaria de la vida se ha convertido en tema de recurrente registro en todos los medios de comunicación, nacional e internacionalmente, no tanto por las pocas o casi nulas campañas de prevención que se realizan, sino por su tasa de incidencia que año tras año ha ido aumentando.

     De acuerdo con la información entregada por la Organización Mundial de la Salud, en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos, y por cada caso, hay 20 intentos fallidos. En el Magdalena, las cifras son igual de alarmantes y debemos organizar eventos permanentes a partir del 10 de octubre, Día Mundial Contra el Suicidio.

     Según las estadísticas dadas por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, seccional Magdalena, a 30 de septiembre del presente año ya van 33 suicidios, cuando en todo el año 2018 fueron 24 casos, aumentos que están relacionados con problemas sentimentales, económicos o de enfermedades, situación que enciende las alarmas y que requiere la atención urgente y prioritaria de nuestras autoridades. Sin duda alguna este fenómeno social ha impactado a todos los niveles socioeconómicos, por lo que se requieren urgentes políticas públicas para sanar a las personas que padecen de estos trastornos y, sobre todo, trabajar en la disminución del consumo de alcohol y drogas, para evitar el aumento en el número de suicidas.

     De acuerdo con la OMS, el suicidio es un grave problema de salud pública mundial; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas, pero para que las respuestas sean eficaces se requiere implementar una estrategia de prevención del suicidio, de manera integral y multisectorial. Según la OMS, solo 38 países, de 194, tienen una estrategia de prevención del suicidio. Colombia aún no tiene.

     Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales —en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol y drogas— está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones entre parejas o los dolores y enfermedades crónicas. Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, violaciones, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes, las comunidades indígenas, las comunidades LGBTI y los reclusos.

     Los métodos más comunes de suicidio son la autointoxicación con venenos o plaguicidas, el ahorcamiento, las armas de fuego y saltar al vacío. El conocimiento de los métodos de suicidio es importante para elaborar estrategias de prevención basadas en medidas de eficacia probada, entre ellas la restricción del acceso a los medios de suicidio. Lo importante de este tema estriba en que los suicidios son prevenibles. Existen algunas medidas para implementar entre las poblaciones, sugeridas por la OMS, entre las que se incluyen:

     Restricción del acceso a los medios de suicidio —por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos—;

     Información responsable por parte de los medios de comunicación;

     Las intervenciones escolares;

     Introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol y drogas;

     Identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo;

     Capacitación de personal sanitario no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas, y,

     Seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario.

     Es importante aumentar la sensibilidad de la comunidad y superar el tabú para que los países avancen en la prevención del suicidio. No olvidemos que la tasa de mortalidad por suicidio es un indicador de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: «De aquí a 2030, la meta es reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles, mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar». ¡A trabajar!