Textos de Guillermo Romero Salamanca

     Juliana Barrera tiene la marca del sello del éxito. Es, además, la mujer que más sabe de televisión en Colombia. Esta nortesantandereana lleva 22 años de su vida trabajando en realitys y series para la llamada ‘pantalla chica’.

     Juliana hizo parte del equipo de Caracol Televisión como directora de contenido y directora creativa durante 18 años. Fue la productora ejecutiva de la primera temporada de La Voz Colombia y de su desarrollo, de Siempre bruja, la primera serie original de Netflix en Colombia.

     También estuvo al frente de La esclava blanca, una ambiciosa serie histórica sobre la esclavitud en Colombia que se ha vendido a casi 150 países.

     Hizo la adaptación para Colombia de la serie estadounidense Nip/ Tuck y Lynch, traducida como Mentiras perfectas, que fuera la primera ficción escrita por ella y también el primer contenido premium en Colombia adquirido por un canal de pago.

“Caras nuevas, acompañadas de gente con gran experiencia”, un recurso de producción para un excelente producto.

     Su último trabajo con el canal, como empleada, fue Ley Secreta —que se presenta desde el primero de octubre en el horario de las 10 de la noche—, porque fue contratada por The Mediapro Studio como directora de Contenido en Colombia.

     —¿Cómo nace La Ley Secreta?

     “Juan Roberto Vargas, director de los informativos de Caracol, tiene una investigación profunda de las policías infiltradas, me llamó poderosamente la atención, tuvimos el acceso a 9 mujeres de ellas, las entrevistamos fueron horas y horas escuchándolas y aprendiendo. Sabemos que, incluso, no han visto el primer capítulo, no pueden aparecer en estrenos ni en reuniones porque sus vidas corren peligro. Luego hicimos una historia de ficción y laboramos en todo lo relacionado con los casting y producción”.

     —¿Cuánto tiempo invirtió en este trabajo?

     “Un año larguito. Esta serie tiene una narrativa bastante contemporánea, con unos ritmos de rodaje especiales para contar cada una de las historias de las mujeres, con cámaras de altísima calidad tecnológica, filmadoras espías y muchísimos detalles”.

     —¿Cuántos sitios de rodaje?

     “Incontables ya. Fueron seis meses de trabajo. La producción fue grabada en tres unidades, por lo que contó con tres equipos bajo la dirección de Carlos Mario Urrea, Mateo Stivelberg y Andrés Beltrán. En distintos sitios de Colombia, desde las calles de Bogotá –porque también es una serie muy urbana—hasta el desierto de la Tatacoa en la Guajira y el Parque nacional natural de Sanquianga, cerca de Buenaventura”.

     —¿Cómo hizo el casting?

     “Me gusta que en mis proyectos haya caras nuevas, acompañadas de gente con gran experiencia. En el momento de la selección así estaban Luna Baxter, Juana del Río, Valeria Galviz acompañadas de Viña que tiene un amplio recorrido en el cine y desde luego de figuras como Luis Mesa, Katherine Vélez, Variel Sánchez, Tommy Vásquez, Ricardo Vesga y Juan Manuel Mendoza”.

     —La Ley Secreta tiene ya un lenguaje muy cinematográfico.

     “Yo creo que las barreras entre cine y televisión se han eclipsado, cada vez el lenguaje es más cercano, pero, desde luego, la puesta escena está en la diferencia de una producción para 60 horas”.

En producciones de televisión para el mundo, “vamos bien. Muy bien”.

     —¿Habrá segunda temporada de La Ley Secreta?

     “Todo depende del público. Si tiene aceptación, desde luego que se podría pensar en una segunda temporada”.

     —¿Qué escribe en la actualidad?

     “Estoy trabajando en una serie para The Mediapro Studio”.

     —¿Cómo podría decir que está la producción de televisión en Colombia?

     “Nuestro país es muy importante para la industria extranjera que viene a producir acá por los precios, por la calidad técnica y por el talento. Este es un gran momento de crecimiento y potencialización para la televisión colombiana. Se producen cerca de 20 series en Colombia que son aceptadas en muchos países. Vamos bien. Muy bien”.

     —¿Dura su salida de Caracol Televisión?

     “Fueron 18 años de trabajo. Más de la mitad de mi vida la pasé allí donde aprendí y entregué lo que sabía”.

     —¿Qué representa para usted ser llamada por The Mediapro, una multinacional de la producción?

     “Es un nuevo reto para ofrecer las mejores historias y mostrar desde Colombia trabajos llenos de creatividad que sean atractivos para todos los canales y las plataformas que los requieran”.

     A la hora adquirir de sanitarios, lavamanos y demás enseres para los baños, mi padre siempre me recomendó: “Compre Corona, es un producto nacional, bueno y duradero”.

     Obediente, le seguí sus consejos.

     Con el fin de cambiar dos baños, el 7 de agosto acudimos a Homecenter y compramos dos combos Manantial, marca Corona, con tanques pequeños y con la promesa de reducir el consumo de agua. Dos días después llegaron a la casa los artículos en mención.

     Cinco días más tarde apareció el instalador recomendado por el almacén. Yo no entendía cómo podía trabajar y hablar por celular al mismo tiempo, pero en cuestión de una hora ya tenía los dos baños montados.

     Cuando ya se marchaba, le dijimos: “Señor: ese baño quedó mal instalado”.

     El hombre colgó el celular, miró, revisó y al comprender que había un escape de agua comentó: “Ese ya no es mi problema, es asunto de la calidad de los productos de Corona”.

     —¿Y entonces qué hago ahora? —le pregunté.

     “Llame para que le cambien el sanitario”, dijo y antes de partir, volvió a pegarse de su celular.

     Claro, llamamos al servicio al cliente de Homecenter, donde nos comentaron que no podían hacer nada y que pasarían la queja a Corona. Escribí, entonces al servicio al cliente de Corona y de Homecenter solicitando una revisión. Cinco días después apareció un representante de Corona. Revisó, analizó, miró, observó y sacó una sabia conclusión: “Sí, este sanitario está botando agua”.

Hubo que esperar casi dos meses para que el Corona quedara bien instalado.

     —Eso ya lo sé —le comenté. Entonces escribió en un formato que había que cambiar las válvulas y se marchó.

     De Homecenter, doña Mónica Correa Gómez  respondió un derecho de petición diciendo: “Se generó solicitud de servicio técnico en el cual el proveedor nos indica que en este caso se le va a realizar el cambio de la válvula de salida que es la que tiene el inconveniente y se aplicará por garantía, sin embargo, le indicamos que esto tiene un plazo máximo de 10 días, el proveedor nos indica que si el repuesto llega antes ellos se comunicarán directamente con usted para realizar la instalación y así poder brindar respuesta y solución a su requerimiento”.

     Pasó una semana y apareció otro técnico de Corona. Cambió la válvula y, al analizar el asunto, el agua se salía por otro lado. El problema era mayor. Al verse vencido comentó: “Hay que cambiar la válvula porque los empaques no coinciden”. Dejó el baño sin solución y se fue.

     Pasaron unos 4 días cuando apareció un sujeto, de quien no quiero acordarme, montó el sanitario y no le puso la tapa porque decía que no había un gancho y que él no sabía dónde lo había dejado el anterior operario. Después de preguntarme que si yo hacía inventario de los artículos, instaló el sanitario con el tanque torcido y para remendar su asunto, le puso unos cauchos para nivelar. No le quiso poner la tapa ni revisarlo más. Estaba de afán. Me pidió que le firmara un documento en el cual yo daba por recibido la instalación.

     —No es posible que Corona haga esto —le dije y le pregunté—: ¿Estos son productos chinos? —Luego le agregué—: ¿Usted por qué trabaja con tan mala fe? ¿Cree que es justo que entregue un sanitario de esta manera? ¿Así atienden a un cliente?”.

     Le pedí que se fuera y le tiré la puerta.

     Mi hijo me dijo: “Tranquilo papá, le ponemos un clip y asunto arreglado”. Yo le contesté: “A un Rolls Roys no se le puede hacer eso”.

     Cuántas veces por un mal remiendo se han caído aviones y por un grado de desviación un barco llega a otro destino.

Roberto Junguito, presidente de Corona.

     —Hay que hacer las cosas bien —le contesté.

     No lo podía creer. Mi padre se había equivocado. La tradición Corona llegaba a su fin. Quise, entonces, escribirle al presidente de esa empresa Roberto Junguito y comentarle que estaba triste, muy triste, al encontrar cómo esta marca, nacida en las entrañas de Antioquia en 1881, había llegado a este nivel.

     Como no encontré el teléfono ni un correo ni una dirección para escribirle a Junguito, decidí hacerlo a cuanto correo encontré de ‘atención al cliente’, vendedores, gerencias de ventas y demás departamento de Corona.

     Después de contarles la tragedia, les indiqué: “¡Qué tristeza ver cómo acaban con Corona! Uno pensaba que era una empresa seria y que velaba por el servicio, de forma responsable. Estuve viendo su manual de Ética y, claro, sorpresa, no hay un capítulo dedicado a los clientes. Sólo se mencionan en la carta de presentación, pero es un alivio que da el doctor Moreno al decir: “Nuestro Código de Ética está basado en el histórico compromiso de la Organización y sus negocios con la honestidad y la integridad, legado de nuestros accionistas que han defi­nido quiénes somos como compañía y cómo nos relacionamos entre nosotros y con nuestros consumidores, clientes y proveedores”.

     Sé que mi mensaje será estéril y que me toca invertir en otro producto para que funcione el baño, más gastos, más demora, más tiempo, más pérdida de agua, pero eso a ustedes no les preocupa en lo más mínimo.

     Da grima ver cómo acaban con una gran empresa por ese desinterés en atender una queja. Es triste que uno tenga que recurrir a Superintendencias, a medios de comunicación y a la voz a voz para contar este malestar. Seguiré en mi tarea de contar lo sucedido hasta que un día encuentre el correo o la forma de hablarle el presidente de su compañía y contarle cómo es que se desmorona una empresa por culpa de sus empleados”.

     Cuando estaba organizando un plan B para poner en funcionamiento el sanitario, recibí una llamada de don Javier. El señor escuchó otra vez mi recuento y quedó que en días posteriores me enviaba a un emisario, como efectivamente ocurrió.

     Apareció Javier. Un técnico que escuchó pacientemente otra vez mi retahíla. Le conté que había una distancia enorme entre instaladores de Homecenter y Corona, no había un eficiente servicio al cliente, existía una demora descomunal para instalar un baño y que había empleados que no sabían de su oficio. Le mostré el baño y el hombre, al instante, me dijo: “Señor: ese baño quedó mal instalado”.

     Por fin un tipo sensato. ¡Qué conclusión! Explicó entonces que había que tomar unas medidas para dejarlo a 30.5 centímetros de la pared. Analizamos que estaba rota la taza por cuestión de calidad del producto. Se dio cuenta que el sujeto último le había puesto unos cauchos para improvisar y que había que solucionar el problema.

     “Yo no voy a perder un cliente por un gancho de 500 pesos”, comentó y se puso manos a la obra.

     Casi dos meses después, por fin puedo sentarme, tranquilo, a mi gusto, dispuesto, en una Corona.

La caridad, por encima del Papa

     Fernando López de Rego, en su libro Teresa de Calcuta, la persona, relata que el 29 de noviembre de 1964, la Madre Teresa estaba invitada a la ceremonia de apertura del XXXVIII Congreso Eucarístico Internacional, presidida por Pablo VI en Bombay. Pero de camino al acto, vio a dos moribundos junto a un árbol, marido y mujer. Se detuvo con ellos hasta que él murió en sus brazos. Entonces la religiosa cargó en hombros a la esposa y la llevó a un centro de su congregación. Para entonces, la ceremonia ya había concluido…

Un buen discurso

     El 14 de noviembre del 2002 san Juan Pablo II visitó el parlamento italiano, la primera vez que el jefe de la Iglesia Católica lo hacía en 150 años. Su discurso se centró en el terrorismo internacional y la globalización; y fue tan elocuente que al verlo por la televisión el mafioso italiano Benedetto Marciante, capo de la Cosa Nostra y acusado de homicidio y de extorsión, se entregó a la policía romana.

Todo por una foto

     Joaquín Navarro-Vals, quien fuera jefe de prensa de san Juan Pablo II, contaba una anécdota: “Recuerdo en los últimos años de su vida, cuando estábamos, sobre todo en el verano, en la montaña, que alguna vez le hací­a una fotografí­a para los periódicos que lo pedí­an. La enfermedad, el Parkinson, habí­a hecho que aquella persona, que san Juan Pablo II, que era, tení­a una expresión siempre sonriente, habí­a perdido la sonrisa, al menos externamente. Entonces, acordándome de que a él le hací­an mucha gracia los payasos de circo, en alguna ocasión me poní­a una nariz falsa, roja, de payaso. Decí­a ‘Santo Padre…’, me miraba y en aquel momento era una ocasión que reí­a. Entonces hací­a la fotografí­a y así­ se podí­a dar a la prensa una foto del Papa en esas ocasiones”. 

Los diez mandamientos

     El escritor Gregorio Doval ha reunido en el Pequeño libro de las grandes anécdotas:

     —Un hipócrita tiburón de los negocios se creyó en la necesidad de decirle un día al escritor y humorista estadounidense Mark Twain (1835-1910):

     —Antes de mi muerte pienso hacer peregrinación a Tierra Santa; quiero subir a lo alto del monte Sinaí para leer en voz alta los Diez Mandamientos.

     —Podría hacer usted una cosa mejor todavía —replicó Mark Twain—: quedarse en su casa de Boston y cumplirlos.

Einstein y sus nacionalidades

     Alfred López cuenta que Albert Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadounidense. Al final de su vida, un periodista le preguntó qué posibles repercusiones había tenido sobre su fama estos cambios. El físico dio la siguiente respuesta:

     —Si mis teorías hubieran resultado falsas, los estadounidenses dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío.

Él siempre canta en vivo

     El director de videos musicales de origen venezolano David Rousseau compartió con People en español algunas anécdotas y curiosidades de famosos vividas durante los rodajes de sus clips.

     De Marc Anthony asegura que trabajar con él es como disfrutar de un concierto privado en el set. “Mientras que la mayoría de los artistas tienden a solo mover los labios mientras graban el video de su canción, él siempre canta en vivo durante el rodaje”.

No a las mariposas

     Martín Artigas de La Nación de Argentina recuerda que Nicole Kidman desarrolló un extraño miedo a las mariposas durante su infancia en Australia. Y, a pesar de los intentos que ha hecho por “curar” su fobia, nada ha dado resultado para ella.

     “A veces, cuando volvía del colegio, solía encontrarme con la mariposa o la polilla más grande que hayas visto justo sobre la reja de entrada”, recuerda la actriz. “Podía trepar por la parte trasera, gatear al costado de la casa, cualquier cosa con tal de evitar el encuentro con el insecto. Es extraño porque no le tengo miedo a las serpientes ni a las arañas, e inclusive podrían cubrir mi cuerpo con cucarachas, pero no podría soportar la idea de rozar siquiera a una mariposa”.

Todo de memoria

     El también escritor Paul Bowles contó una historia de Truman Capote: “Un día nos trazó su programa literario para los siguientes veinte años. Era tan detallado que por supuesto lo tomé como una fantasía. Parecía imposible que alguien supiese con tanta anticipación lo que iba a escribir. Pues bien, todas las obras que había descrito en 1949 fueron apareciendo, una tras otra, en los años posteriores. Estaban todas en su cabeza, la espera de ser incubadas”.

12 frases de winston churchill

     El portal recursosdeautoayuda.com trae 12 frases del famoso político inglés.

     1) “El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”.

     2) “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”.

     3) Churchill era un optimista empedernido y lo demostraba con frases como esta: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

     4) “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”.

     5) “Los fascistas del futuro, se llamarán a sí mismos antifascistas”.

     6) “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar”.

     7) “El precio de la grandeza es la responsabilidad”.

     8) “Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro”.

     9) “El político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido”.

     10) “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

     11) “Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo”.

     12) “Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores”.

Los récords de simón bolívar

     Santiago Díaz Piedrahita, Botánico de Universidad Nacional de Colombia, Profesor Emérito y ex-Decano de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, miembro de Número y presidente de la Academia Colombiana de Historia, hizo un recuento de la vida de Simón Bolívar, historia ahora presentada en Televisión.

     “Para quienes son amigos de las estadísticas debemos recordar que El Libertador organizó y dirigió once campañas militares, actuó como jefe en 37 combates y participó en más de 460 hechos de armas; para ello se vio obligado a recorrer a caballo más de 100.000 kilómetros. Sus detractores le apodaban ‘Chorizo’, por aquello de la mezcla de carnes en tal embutido y como una forma de aludir presuntos antecedentes mestizos. Su nobleza estaba en su carácter. Fueron frecuentes las donaciones que ordenó a diversas viudas y a algunas comunidades religiosas”, relata.

     “En su testamento”, continúa el historiador, “legó ocho mil pesos a su mayordomo José Palacios, como gratitud a su fidelidad. Igualmente donó dos libros, que le había regalado el General Wilson y que habían pertenecido a Napoleón —‘El arte militar’ y ‘El contrato social’—, a la Universidad de Caracas y dispuso que la espada que le había regalado el Mariscal de Ayacucho le fuese devuelta a su viuda para que la conservase como testimonio de la amistad y admiración que profesaba a Sucre” (Recopilación de GRS).