Paisaje perijano, acechado por las teclas de un computador accionado por dedos que actúan para forjar, como dice el poeta, “fantasías en filigrana de palabras”.

     ¡Cuán indescifrables que son los ciclos de la vida humana! Que cuando llegan los años, por lo que tanto tiempo anhelamos, otra vez queremos ser como en nuestra lejana niñez, libres y alegres, cual pajarillos en la natural floresta. Hoy, luego de fungir como funcionario en el sector ambiental por más de tres décadas, estamos jubilados. He ofrecido mi alma, mis conocimientos y fuerzas, integrados a un mundo nacional que a todos nos pide dar en una causa común, que aun veo distante: sacar nuestra patria en alto, con bienestar para todos, lejos de la pobreza y las crueles amarguras en que la han sometido unas bandas ilustradas de corruptos y malvados.

     Y cuando llega el momento, lo expresamos y gritamos al campo abierto, para que el viento lo propale: ¡al fin! ¡al fin! ¡soy libre al fin! Volvemos a lo nuestro, a nosotros mismos para forjar fantasías en filigrana de palabras, expresadas en versos y poesías; y el mundo brilla otra vez, con un sol resplandeciente y tropical.

     Y se suman más regalos, cuando retorno a las tierras de parientes ancestrales, a las viejas amistades, al reencuentro con tío abuelos, mis primos y mis sobrinos; y oteo el verde esmeralda de las sierras perijanas de Fonseca, y el brillo refulgente de las ciénagas encantadas de Zura y El Morro en Tenerife, que hace rato no veía. Y sin pensarlo siquiera, reencuentro un viejo amor; o, tal vez, llegue uno nuevo que me llene de ilusiones. Y cómo no he de decir que, entre recitales, charlas animadas y parrandas musicales, un gozo supremo emerge cuando escucho sus dulces y alegres acentos regionales.

     ¡Oh, que dicha tan grande! ¡Se me rebosa el corazón!

Hoy el lobo se viste de faisán,
bellos sones dispone para hablar
escondiendo sus mentiras y egoísmos
fingiendo honestidad en el actuar.

En nada el desarrollo te interesa,
nube negra que nos tapas el sol,
bien haremos en quitarte la careta.
¡Que te vayas! No te queda ni un bemol.

Esquiva eficiencia, él no te quiere,
celoso sirviente en nueva corte,
por esta vez, a nadie engaña,
podrida manzana de mil mañas.

Mimético camaleón torticero
¡Idos lejos! ¡Dejadnos en paz!
Permitid una alborada en la ciudad.
¡Y que la noche no vuelva ya jamás!

Imagen de: www.lapiragua.co

     Apenas cesa la lluvia que salpica sonoramente sobre el espejo de agua de la ciénaga de El Juncal, desde los ranchos de palma, barro y bahareque, dispuestos sobre sus orillas lagunares, surgen los pescadores artesanales, cargando sobre sus hombros los canaletes, las varas, los trasmallos y demás aperos para la faena de pesca que se inicia.      Una vez sobre sus desvencijadas canoas, se alejan bogando lentamente hacia sus acostumbrados caladeros donde despliegan sus artes de captura.
     Entretanto, en la orilla opuesta del humedal, habitada por la comunidad vecina de El Real del Obispo, ya se divisa, a lo lejos, las canoas de los pescadores de esa población pesquera, acostumbrados desde siempre, a salir de faenas unas pocas horas antes, justo al inicio del ocaso. A prima noche, todo parece una visión interestelar cuando se abre el telón de la oscuridad, con el chisporroteo luminoso de cientos de polillas, mariposas nocturnas, mosquitos y todo género de insectos voladores fototróficos que revolotean alrededor de la lumbre de los mechones encendidos, como una gran galaxia de muchos soles con sus sistemas de planetas y satélites.
     Son las cuatro de la mañana, cuando sobre el firmamento aparece por el sur el luminoso planeta Marte, como la señal inequívoca y conocida por todos ellos, de que se inicia la alborada. Recogen sus artes de pesca, y con sus embarcaciones plétoras de bocachicos, bagres, blanquillos y mojarras loras, como en una muy lenta procesión religiosa, emprenden el regreso a sus hogares, rompiendo el silencio de la noche con las palmadas acompasadas de sus remos penetrando la superficie lagunar, al tiempo que, desde los manglares, un sonoro coro de ninfas invisibles, les canta el estribillo de cada mañana: “¡Adiós, mis queridos valientes! ¡La paz sea con vosotros! ¡Les estaremos esperando!”.

Oh! Tenerife, patria de mis paternos ancestros,
los símbolos patrios ostentas con un orgullo sin par;
sobre ti, un telón celeste de un muy vivo arrebol,
recuerda gloriosa gesta contra el malvado español
para que nadie pueda tu sacro nombre olvidar.

Y el tenue sol, al final del día,
con esa luz con que irradia tus callejuelas de encanto,
de mitos, leyendas y espantos,
consagra con paso santo tus piadosas cofradías.

¡Pin dan! ¡Pin dan! ¡Pin dan!
Suena bien fuerte el tambor en la casa Palacín,
se oye a lo lejos un canto acompañado de un grito:
“¡Vamos todos a bailar, alegre son de pajarito!”