El maestro Raúl Armendáriz con una de sus estudiantes, Silvia Patricia Miranda.

     La pequeña anécdota arriba escrita es casi extensión de mi crónica anterior cuando traté el tema sobre la Inteligencia Emocional. En este caso traigo dos referentes para que tengamos más claridad de que podemos hacer todas las cosas que nos propongamos… las buenas, por supuesto. Para la bondad existen caminos que debemos buscar y abonar, para la maldad no, porque los caminos se presentan solos, fáciles, escabrosos, pero no los vemos así.

Estudiantes Universidad de la Costa que integran la Tuna.

     Al continuar tratando el tema de esa inteligencia emocional a la que también se le agregan las “múltiples”, es cuestión de nunca agotar, para ello, quiero atraer su atención sobre un evento al cual asistí el último día de noviembre como cierre de sus actividades anuales que se dieron en la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg, en algunas de las cuales he estado presente.

     Tanto la emocional como la múltiple son dos clases de inteligencia que todo ser humano posee, pero que no se toma el tiempo para descubrirlas. El diario correr para sobrevivir hace dejar atrás el estudio de pequeños momentos importantes que se podrían atraer y visualizar. “¿Qué sé hacer? ¿Para qué soy capaz? ¿Puedo hacer esto o aquello? ¿Seré capaz de hacerlo? No, es imposible, para eso existen personas destinadas a ello, cada quien nace con su inclinación hacia cierto aprendizaje”. Esos interrogantes cubren nuestra mente sin dejarnos ver otro camino expedito, otras habilidades, talentos o capacidades humanas que poseemos, claro, en cierta medida, también es verdad. Unas se desarrollan ampliamente, otras solo se subdesarrollan.

     Y aquí muestro el ejemplo al que me quiero referir puntualmente. Esa noche de cierre de sus actividades la Biblioteca presentó como acto navideño la Tuna de la Universidad de la Costa, preciosa su presentación, sin dudas. Fue la recreación de toda la noche a los oídos musicales y a la vista, adornada la Tuna con sus hermosas capas rojas que daban la mayor vistosidad y elegancia al momento.

Exposición de nuevos pintores, pintores en ciernes, colgada en la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg, autoría de los estudiantes de pintura que aparecen con su líder, el maestro Raúl Armendáriz.

     Después vino la segunda parte del acto preparado por la Biblioteca. Tanto su director José Morales Manchego con su asistente la comunicadora social Betty Fulleda, hicieron el anuncio de la exposición de pintura que se abría formalmente desde ese momento. Los exponentes de sus diversos cuadros mostrando bonitos paisajes, hermosas figuras, el mar, la luna, la constelación entera, hacían su aporte en todo su esplendor. Sus expositores fueron: Silvia Patricia Miranda, con 13 cuadros; Betty Fulleda Fandiño, con nueve cuadros; Dolcey Torres, con nueve cuadros; Carlos Angulo Menco e Icha Domínguez, también con varios cuadros. Este grupo de cinco alumnos pintores fueron guiados bajo las enseñanzas del reconocido y respetado maestro de pintura Raúl Armendáriz, quien los guio desde el momento en que agarraron en sus manos el primer pincel delgado, después el más grueso y otros de diferentes tamaños y formas para mojar sus paletas con mezcla de colores, utilizar los diluyentes, aceites y otros útiles propios con los que plasmar sobre el lienzo toda su imaginación: ¿de pintores?, ¿de poetas?, ¿de creadores?, ¿de filósofos? o simplemente solo de personas adultas que querían aprender a pintar y ya confiaban en sus incrédulas aptitudes en este arte de los colores y se arriesgaron. Sí. Ni siquiera ellos mismos sabían que eran dueños hasta ese momento, de una inteligencia especial, de la múltiple, escogiendo aquí la del arte de pintar sobre óleo, lienzo o papel. Sin conocer todavía si el tipo de sus pinturas se inclinaría hacia el realismo, el hiperrealismo, el surrealismo, el impresionismo, el expresionismo, el arte abstracto o el pop. No lo sabían. Solo su creatividad los llevaría hasta mundos desconocidos en ese momento. El de los paisajes, los perfiles humanos o la naturaleza pura que en la poesía también se pinta, pero en la imaginación, no en el lienzo.

     Lo anterior lleva a una conclusión, en acuerdo con lo escrito por el teórico Howard Gardner: los seres humanos poseemos varias inteligencias que interactúan entre sí y tenemos capacidad para desarrollarlas, como son: Lógico-matemática, naturalista, musical, interpersonal, intrapersonal, espacial, lingüística, cinestésica-corporal. De tal manera que todos poseemos la capacidad de desarrollar las diversas inteligencias. Y es eso lo que nos hace humanos, únicos, tal como expresa el escritor Gardner.

     Lamenté profundamente no haber dispuesto de tiempo para aprender también el arte de pintar y estar dentro del gremio de los nuevos expositores que ligaron su tiempo con el interés por aprender este nuevo mundo, el de pintar, ¡y lo hicieron!

     Ahora falta la continuidad… trabajo destinado al artista Raúl Armendáriz, sin duda, este maestro de sus alumnos de primaria que los llevará hasta su graduación y hasta un ‘summa cum laude’ en pintura.

Nury Ruiz Bárcenas
Escritora y poeta barranquillera
Orden de Barlovento-Gran Caballero