Junior Jordán acababa de prestar el servicio militar y regresaba a su barrio marginal y peligroso, donde las casas de vicio eran conocidas como ‘caletas’ y los jibaros como ‘patrones’. Para Junior Jordan podía resultar algo fácil volver: el aire que se respiraba en el viento caprichoso de la tarde olía a marihuana, a cocaína y patriciado. Y los recuerdos.

     Junior Jordán volvió a encontrarse después de año y medio con sus amigos de gallada. Lo convidaron a soplar ‘popper’, un alucinógeno líquido que, al ser inhalado, produce efectos de estímulos alarmantes y aumenta la libido. En el barrio era fácil de adquirir el ‘popper’ por su precio.

     Eran las diez de la mañana y Junior Jordán junto sus dos amigos, ‘El petty’ y el Maicol, habían aspirado seis frascos de Popper.

     El Petty le propuso a Junior Jordán: “Valecita, vamos a encarar el mundo, vamos con un fierro pal norte… Salga sapo o salga rana, hay que asaltar al que sea y salir de pobre”.

     —Vamos pa’esa —respondió Junior Jordán—. Pero el Maicol es cagao, vamos a llevarlo engañado diciendo que vamos para donde tu tía.

     Los tres muchachos hicieron parar un taxi. Cada uno llevaba una botellita de ‘popper’ en los bolsillos. Junior Jordan cargaba un revolver calibre 38 Smith y Watson, sin cartuchos, que alquiló donde el jibaro por cinco mil pesos.

     Maicol se sentó en la silla delantera, al lado del chofer del taxi. Junior Jordan y ‘El petty’, en la silla trasera, se secreteaban.

     Jordan le decía a ‘El petty’: “No aguanta fregar el taxista, vale mía… A esta hora, diez de la mañana, no debe llevar mucho dinero para partir entre tres no aguanta

     Petty contestó: “¿Vas acobardarte? ¡Es hoy o nunca!”, y aspiraba el ‘popper’.

     Junior Jordan sacó el revólver y se lo puso al taxista en el parietal derecho, gritando: “¡Esto es un atraco!”.

     Maicol, inocente de lo planeado, subió los brazos mientras ‘El petty’ esculcaba los bolsillos del taxista. Maicol se puso pálido y aprovecho un segundo de confusión de sus amigos, salió y se fue corriendo sin rumbo fijo. Junior Jordan y ‘El petty’, corrieron bajando la carrera 53 en contra vía al flujo vehicular. Pararon su carrera en la calle 82, justamente frente al supermercado ‘La llama’. Allí contaron el dinero hurtado al taxista, cuarenta y cinco mil pesos. Repartieron veinte y veinte y dejaron los cinco mil para ‘el cobarde’ de Maicol… cuando volvieran a verlo se los darían.

     La satisfacción del asalto no dio espera, para cometer otro más. Un señor abría la puerta de una camioneta de alta gama y en su mano izquierda cargaba un bolso tipo morral.

     ‘El petty’ le dijo a Junior Jordan: “Pilas, ¡con todo! Dame el revólver y tú píllale el maleto”.

     El hombre no opuso resistencia, entregó el morral. Junior Jordan se lo colgó en su espalda y salió corriendo rumbo a la calle 80, de nuevo contra el flujo vehicular por la carrera 53. ‘El petty’ corrió en otra dirección. El señor de la camioneta de alta gama persiguió en veloz carrera a Junior Jordan. Cuando lo tenía a pocos metros para alcanzarlo muy cerca del cruce de la calle 80 con 53, sintió que ‘El petty’, a bordo de un taxi, lo llamaba: “¡Súbete, Junior, súbete!”.

     Junior Jordan se subió le quitó el revolver a ‘El petty’ y le dijo al nuevo taxista: “Apriete la chancleta o se muere, ¡dele duro!”.

     Sintieron el ulular de las sirenas de los carros policiales. Junior Jordan tiró para la parte de atrás del cojín del taxi el revólver, el taxista al ver la patrulla de la Policía, detuvo el vehículo y cuando el policía se le aproximó, les gritó: “¡Nada tengo que ver con ellos!”. El policía le contestó: “¡Váyase, ya tenemos a los pelafustanes!”.

     El taxi se perdió por la avenida y el taxista se dijo a sí mismo: “Coroné el revolver”. Los esposaron a un árbol no muy grueso, de espalda a los albañiles que trabajaban en edificios en construcción, que se lanzaron a golpearlos. Entre ellos venía un albañil con un trozo de madera grueso de dos por dos pulgadas, de metro y medio de largo, para golpearlos.
Junior Jordan lo vio venir y cerró sus ojos, el albañil del trozo de madera, a dos metros de soltar su golpe, estalló en llanto. Se retiró dos pasos y aumentó su llanto. El joven que estaba esposado al árbol y visiblemente drogado, era su hijo Junior Jordan, y su amigo del barrio ‘El petty’.

     Los jóvenes fueron trasladados a la Unidad de Reacción Inmediata, URI. Allí, en presencia del señor de la camioneta de alta gama, abrieron el bolso, contenía un computador portátil y varios fajos de dinero. El señor de la camioneta de alta gama no presentó cargos. El taxista atracado no se enteró de este suceso: una vez atracado, su familia se lo llevó de la ciudad… El otro taxista secuestrado, vendió el revolver que dejaron caer los jóvenes detrás del cojín. El juez no halló cargos y los dos pielluelos quedaron libres. La mamá de Junior Jordan lo esperó a la salida de la URI. “Papito lindo, precioso mi bebe”, le dijo abriendo sus brazos para abrazarlo. Cuando lo tuvo cerca, le dio una fuerte cachetada, plena y seca, tan fuerte que sonó como cuando se golpea un cuero con la mano abierta.

     ‘El petty’ fue asesinado meses después. El Maicol, debido a su adicción, fue internado en el hospital psiquiátrico de donde nunca salió. Junior Jordan no volvió a consumir ‘popper’ ni otra clase de droga. Cuando se le avivaban las ganas de consumir, se acordaba del rostro de su padre llorando el día de su cruel arrebato de ser asaltante; y de la cachetada propinada por su madre.

     Junior Jordan juega hoy en el bando de los buenos, es guarda de seguridad de una transportadora de valores. La vida cambia, los deseos también. Todos los días son oportunidades para superarse.