Nota del Editor: Texto e imágenes del libro ‘El juglar inolvidable’–Homenaje a Juancho Polo Valencia, escrito por dos Manueles: el periodista y escritor Manuel Novoa y Chacón y el investigador musical y compositor Manuel Serpa Buelvas, es uno de sus capítulo y corresponde a un diálogo informal entre Novoa y Chacón y José Orellano, amigos desde sus idas y haceres en el Festival de la Leyenda Vallenata, por allá por mediados de los 70 y mucho de los 80 y un poco de los 90.

Por Manuel Novoa y Chacón

     Conversar con el periodista soledeño José Orellano Niebles es como trasladarse al maravilloso mundo macondiano de Gabriel García Márquez o al interminable y enriquecedor entorno literario de Juan Gossaín o, simplemente, al mágico repertorio de las canciones de Rafael Calixto Escalona Martínez… Así de fácil, porque “Jose” (sin tílde) es el más Caribe de todos los caribes.

     Su inmensa y brillante trayectoria en los medios de comunicación de Colombia lo convierten en una voz autorizada, autorizadísima, para hablar de la vida y obra musical de Juancho Polo Valencia, el gran juglar del Magdalena, a quien tuvo la fortuna de conocer personalmente… De escuchar sus canciones y disfrutar parte de sus vivencias.

     En el palmarés de Orellano podemos contar que ganó Congo de Oro y Tambores de Plata por los cubrimientos que realizó en el Carnaval de Barranquilla. De la misma manera, en 1984 alcanzó el galardón como el Primer Rey de la Información del Festival de la Leyenda Vallenata —primero y único— celebrado en Valledupar, cuando se determinó escoger, entre 102 periodistas, al mejor de todos en el ambiente de la información vallenata, y “Jose” obtuvo 101 votos. Hay que destacar que entre los periodistas acreditados se encontraban los reconocidos Juan Gossaín y Enrique Santos Calderón.

     Sus cuarenta y siete años de periodismo  están enmarcados en los avatares de los medios de comunicación impresos, aunque también incursionó fugazmente en los sonoros y audiovisuales, desde que se inició en el Diario de Caribe de Barranquilla en 1972; pasando por los 25 años en El Heraldo de la misma ciudad (diez entradas y deiz salidas, como él mismo lo cuenta, ¡quizás exagerando!, muerto de la risa); sus tres estaciones en El Informador de Santa Marta (jefe de redacción, subdirector y editor); su gestión como fundador y jefe de redacción en el diario La Libertad de la capital del Atlántico y su ‘aterrizaje’, en una de las tierras de sus amores: Valledupar, en El Pilón, en calidad de subdirector.

     Fue director del Noticiero Televista, de Telecaribe, y director del noticiero ‘Telemundo’, en el mismo canal, el primer magazine matinal de televisión de la Costa Norte de Colombia —y de todo el país— y dentro de ese programa mantuvo, a diario, el espacio ‘Tinto y tema’. Pero su mayor logro, indiscutiblemente fue, sin lugar a dudas, la columna ‘Al Oído’ en el diario El Heraldo, a la cual, durante una buena semana de pre-carnaval, llegaron 5.000 cartas de sus asiduos lectores, para participar en el concurso ‘Al Oído-Ep’, almacenes Edgardo Pereira, que entregaba, escasamente, una camiseta marcada con esos nombres. Fueron 1.300 camisetas.

     En el 2004, retirado de los medios, fundó la revista El Muelle Caribe, edición impresa que circuló tres años (diez ediciones), sin periodicidad definida, pero que posteriormente, muchos años después, se convertiría en un medio virtual.

     El maestro Orellano se radicó en Bogotá en 2006, pero antes, desde 2000, se había inventado en La Guajira el ‘periodismo proselitista’ —información especializada en campañas políticas—, precisamente la actividad profesional que lo trajo hasta la Cámara de Representantes para que fungiera como Jefe de Prensa de dos UTL durante sendos periodos legislativos. Fueron, entonces, catorce años de vínculos con el periodismo político. En 2015 decidió darle ‘segunda’ vida a su Muelle Caribe… Ahora, El Muelle Caribe Web (www.elmuellecaribe.co).

     Después de 18 años de inactividad, la revista reapareció en internet, hoy cuenta con once reconocidos columnistas – colaboradores, pero hay actualizaciones con más firmas, y se publica cada siete días, los lunes, tras un camello de edición VSD (viernes, sábado, domingo). Así, en medio de estas rústicas pinceladas, se puede describir la brillante hoja de vida profesional de un hombre que ama el periodismo, su Atlético Junior, los aires del acordeón y, por ende, la historia musical de Juancho Polo Valencia.

“Un fuera de serie”

     José Orellano Niebles considera que Juancho Polo Valencia fue … “Un fuera de serie, sin que importe que la frase suene un lugar común. Lo fue, entre los juglares vallenatos, compositores, autores”.  Sobre el Juglar del Magdalena dijo: “Juancho Polo Valencia fue el más genuino de todos. Me respetarán o me censurarán, pero él hacia metáforas no artificiosas, una de ellas es sin lugar a dudas cuando se refiere a Emilia Ferreira Nuñez en la canción ‘Lucero Espiritual,… Lucero Espiritual, eres más alta que el hombre’, así de fácil”.

     “Diría que la obra literaria de Gabriel García Márquez y su realismo mágico pudiera ser antagónica con las metáforas de Juancho Polo Valencia… Un antagonismo del bueno, claro, no para pelear”.  “A Juancho Polo Valencia no se le dio el valor real en el realismo cotidiano”. “En Alicia Adorada demostró toda la inmensidad de un ser humano, en esa canción desahogó toda su irresponsabilidad, toda su culpa y, mejor aun: ¡todo su amor por una mujer!”.

Noche de parranda

     “Jose” conoció a Juancho Polo Valencia en una noche de parranda, a mitad del primer quinquenio de los años 70, en Barranquilla. Orellano se encontraba departiendo en uno de los estaderos en cercanías del estadio Romelio Martínez, en inmediaciones de la calle 72 con Olaya Herrera, en compañía de colegas y amigos, cuando, de pronto, casi de la nada, emergió, como un fantasma, un acordeonista desconocido, algo desgarbado, tocando y cantando… Era, nada más ni nada menos que Juancho Polo Valencia.

     “El hombre se acercó a nuestra mesa y comenzó a interpretar y a cantar Alicia Adorada, su inmortal tema. Me pareció que tenía una voz demasiado nasal. De inmediato me di cuenta que era un juglar urbano, su panorama era indiscutiblemente citadino, tomaba ron y tocaba, no se cansaba. Le creí cuando dijo que era Juancho Polo Valencia. Y así, en medio de la parranda, comencé a indagarle por sus canciones, por sus obras musicales, por sus creaciones y desde ese momento comprendí toda la dimensión de quién era Juancho Polo Valencia. Me dijo que no sabía leer ni escribir, pero otros me aclararían después que eso no era del todo cierto”.

     En la medida que fue creciendo como periodista, Orellano indagó acerca de la obra musical del Juglar del Magdalena, la que fue investigando, conociendo, estudiando y analizando poco a poco, en forma paralela con la de otros juglares de la música de acordeón, caja y guacharaca. Lamentablemente, el segundo encuentro del periodista con el cantautor no fue el mejor.

     “Un medio día de un sábado cualquiera, en Soledad, mi pueblo natal, me informaron que en el sardinel del Matadero se encontraba tirado un hombre, acompañado de una acordeón y que todo parecía indicar era Juancho Polo Valencia. La verdad, fui hasta allá y Juancho se encontraba dormido, totalmente dominado por los efectos del alcohol, pero lo más curioso es que su acordeón permanecía ahí, incólume, como instrumento fiel, a su lado. Lo sorprendente: ¡Nadie se atrevió a robárselo!”.

     En la tercera oportunidad que se encontraron, el alcohol tampoco fue ajeno a Juancho Polo Valencia.  El periodista recuerda: … “Era la mañana de un sábado, me lo encontré caminando por el Paseo Bolívar de Barranquilla, porque él solía tocar por los lados de la iglesia de San Nicolás, por la famosa calle de las notarías. Arrastraba su borrachera, acordeón terciado al hombro —¡Nadie se lo birlaba!— y, como con tirabuzón, le arranqué algunas ‘confesiones’: Me contó la historia de su tema ‘Jesús Cristo caminando con San Juan’, lo que me pareció como una premonición”.

     “Caminamos juntos un buen rato, se atropellaban diferentes temas y él balbuceaba concepto sobre su música, su inmensa obra musical, de la cual, definitivamente, él no tenía una dimensión exacta, no comprendía de magnitud, la magnitud, por ejemplo, de ‘Lucero espiritual, eres más alto que hombre’. Lo acompañé a un hotel de poca monta, ubicado en un segundo piso, sobre un local en donde se hacían las famosas apuestas hípicas del 5 y 6. Estaba bastante ebrio, nos despedimos, lo acompañé hasta la puerta de dicha residencia y nunca más lo vi… Jamás volví a verlo”.

     Tiempo después, concretamente  en 1976, la casa discográfica Sello Tropical de Barranquilla decidió grabar la canción ‘Jesús Cristo caminando con San Juan’, la que además sirvió de título del Larga Duración (L.D.)  o Long Play (L.P.), en el que “Jose” Orellano tuvo el privilegio de escribir la reseña del mismo en la contra carátula.

     La producción musical —licencia de Discos Machuca— incluyó los siguientes temas: LADO A – ‘Para volverlo gallina’ (merengue), ‘El Majagual’ (merengue), ‘Moralito’ (paseo), ‘Josefina’ (merengue) y ‘Volveré a buscarte’ (paseo). LADO B – ‘Jesús Cristo Caminando con San Juan’ (   ), ‘La crítica’ (  ), ‘Ivonne’ (   ), “El mismo que al aire vuela” (merengue), y ‘Dile que estoy de malas’ (paseo). Todos de la autoría de Juancho Polo a excepción de ‘La Crítica’.

     José Orellano Niebles tiene conceptos concretos, definidos, claros y contundentes acerca de quien fue Juancho Polo Valencia como compositor, músico, cantante y artista: … “Fue un surtidor de música sin grandes aspiraciones ni clientela fija. ‘Solo cantar y tocar mis ocurrencias’, me dijo alguna vez. Sus temas se hicieron famosos en las voces y acordeones de otros, engrandecieron el folclor vallenato, mientras él murió prácticamente olvidado. Las casas discográficas y sus ‘cazadores de éxitos’ aprovecharon toda la riqueza musical de su obra para lograr múltiples beneficios económicos”.

     Para José Orellano Niebles “Jose”, el periodista, el amigo, el colega y el ser humano, su mundo mágico, maravilloso y lleno de colores, ese el del que hacen parte Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Zamudio, Juan Gossaín, Rafael Escalona Martínez y, por ende, Juancho Polo Valencia, “¡El más genuino de todos!”.