ASUNTO: Y el Señor, dijo: «Hagámos la luz» y separó la luz de las tinieblas y emergió de las tinieblas Electriapagón o Electricaribe.

     Y el Señor dijo también: «¡Ah, carachas!, esto no estaba en mis planes»…

Sin comentarios… Ni más palabras…

Del cronista soy yo, Fernando Molina
  Para www.elmuellecaribe.co —actualización 209—, que dirige el amigo José Orellano Niebles, periodista que, semanalmente, con su paso osado y firme, zarpa, imaginariamente, del gran muelle de Puerto Colombia, para surcar los mares del conocimiento, con su valioso cargamento actualizado de noticias, comentarios, reflexiones, crónicas, poemas, cuentos, en el espacio cibernético.

     Encabezamiento compartido en Facebook.

     Asunto: Un viaje jodido hacia el pasado —para mí, un viaje al submundo de las tinieblas—, durante once horas, treinta y cinco minutos y once segundos, propiciado por la intervenida Electricaribe: “caribe”, en el argot costeño, caro, refiriéndose al excesivo cobro de las facturas de la empresa en comento que, diariamente, propicia apagones y daños en electrodomésticos, computadores y estados de ánimo…

     Detalles: Apagón, sin previo aviso por parte de Electri-Caribe o Electri-Apagón.

Un calor que abrasa y ahoga… Los abanicos de palma de iraca no dan abasto…

     Después de once horas, treinta y cinco minutos y once segundos Electri-Caribe o Eletri-Apagón, sin previo aviso, siendo las seis y veinte de calurosa mañana, y treinta del requetecaluroso día que superaba un calor de treinta y nueve grados centígrados de temperatura, el abanico Sanyo, completamente paralizado…

     Las matronas, sentadas en taburetes o mecedoras momposinas, algunas en el pretil a piernas espernancadas y el sudor chorreando por la piel tostada por el sol, que en esta época es más caribeño —y  ruedan los cristales líquidos cuesta abajo sin respetar zonas íntimas, las cruzan— y es que ese carajito, dorado, intenso, canicular, abrasador y al que a veces se le escucha ‘cantar’ y se le ve ‘bailar’ al ritmo de la pegajosa champeta, que me gusta y que dice: “Dale, dale duro, duro dale, sin llavero, por el cuco,, que yo voy primero, dale, dale sin clamor sin clamor, aunque se muera del calor…”.

De nada sirven las protestas… En noches de tinieblas, la luz llega pero en medio de las llamas de los objetos encendidos para calentar el inconformismo.

     Otras descomplicadas, con el bebito pegao como por ventosa al chupo natural —al morado oscuro-rojipezón—, amamantan, debajo de los palos de matarratón, de olivo, de roble y de los palos de coco, largos y altos como vara de premio…

     Se abaniquean con el trozo de cartón, con la tapa de la olla yuquera, con el abanico de palma de iraca… en fin: con todo tipo de cachivaches, sacados del rincón de San Alejo.

     Otro tanto de maldecidores de Electriapagón se vuelve loco, descamisao, con ganas de Sali encueros y tirarse en el piso de la terraza callejera que, a lo mejor, ya es frío sino abrasador, como el sol, pensando —terquedad pendeja— que pronto la situación cambiará…

     Y recuerdo entonces, imágenes de niño: el cerdo, enloquecido, terco, removiendo barro con un aro de alambre dulce de 12, en sus cavernas nasales.

     Mañana será otro día… ¿Vendrá otro apagón?