Por Jorge Agudelo Moreno

En esta época de políticos cínicos que, como Uribe, Macri, Bolsonaro y Trump se mantienen en el poder y conservan un gran respaldo popular gracias a la información mentirosa, tergiversada y manipulada que muchos medios difunden, el periodismo de calidad es más necesario que nunca, pues solo él puede impedir la publicación y circulación masiva de noticias falsas, el debilitamiento del debate público y acabar con la polarización. Sólo el periodismo con rigor, serio, es capaz de diversificar las fuentes, aportar estudios fundamentados, contextualizar las noticias que publican y proveer criterios de interpretación bien fundamentados. Tristemente, ése no es el periodismo que reina en Colombia ni en el mundo… 

Mientras los medios de comunicación clásicos como la prensa impresa, la televisión y la radio tienen una recepción más baja cada día, los medios digitales atraen más lectores semana tras semana, pero financiarlos es más difícil que nunca. De esta manera el periodismo libre parece un imposible en nuestros tiempos. Si la falta de audiencia tiene a los medios en la mala, la falta de recursos económicos ha condenado al periodismo libre a desfallecer lentamente. ¿Cómo sacarlo de su agonía? ¿Cobrándoles a los lectores? Puede ser una opción.

Creo que muchas personas estarían dispuestas a suscribirse, a pagar una mensualidad y a realizar donaciones si existieran más proyectos comprometidos con el periodismo de calidad, independiente, transparente y aportante con la construcción de una sociedad justa, democrática, incluyente y en paz. Porque una sociedad donde circulan panfletos anónimos irresponsables e irrespetuosos, calumniosos y vulgares, no es una sociedad seria, es una sociedad sin controles, que va camino hacia el fango, hacia el caos… Un país donde se acaba con el pluralismo de medios, como con Noticias 1, se está acabando con un pilar clave de la democracia como es convivir con la diversidad, tolerar el punto de vista del contrario, que en esencia es el quid de toda democracia.

Sin lugar a dudas, en tiempos oscuros como éstos en los que reinan el odio, la intolerancia, la desinformación, la irresponsabilidad y la polarización, es más urgente que nunca trabajar para que sobrevivan pocos medios que siguen siendo fieles a ese compromiso: brindar criterio a los ciudadanos en su conversación y en la toma de decisiones basado en información seria, veras y respetuosa. El ejercicio del periodismo libre fiscaliza al poder, lo investiga, lo interpela, lo obliga a darle respuestas necesarias a la sociedad civil. El periodista es, en este marco, un actor de suma importancia para el enriquecimiento democrático y un observador comprometido del funcionamiento de la república. Su criterio informativo, su rigor analítico, la calidad de sus comentarios y la profundidad de sus editoriales, construyen ideas que divulgan un pensamiento, que potencian el debate ciudadano y nos conducen por la vía del diálogo. El desarrollo del trabajo periodístico debe ser absolutamente independiente, ajeno a la compra venta de sus posturas, ajeno de presiones y ajeno de censuras que lo contaminen…

Para periodistas y medios es claro, desde hace varios años que, como ocurre en otros sectores, la revolución digital lo cambió todo. Nos toca reinventarnos, cambiar, no llorar sobre lo que fue, sino ver las oportunidades que se nos abren. La pregunta es ¿qué tipo de contenido vamos a llevar a las plataformas digitales? Y la respuesta es simple: buen periodismo. Y ahí tenemos varios pendientes porque si bien los grandes medios de comunicación han migrado hacia páginas y redes, algunos han venido dejando en el camino una parte de aquello que los hacía pertinentes y respetables en el pasado: la calidad y credibilidad de sus informaciones. Por atraer a esas audiencias que piden a gritos contenidos que se puedan viralizar, al lado del buen reportaje está siempre la noticia falsa, la de las cirugías de una modelo, la crónica roja o la porno miseria que se regodea en el dolor ajeno, porque eso vende. Es cierto que los formatos deben cambiar, los ritmos y los tiempos son distintos, pero sacrificar la calidad atenta contra el oficio.

¿Creen de verdad los medios de comunicación que por la vía de bajar la calidad del producto se mejora el negocio? ¿Creen las audiencias que si desaparecen los medios de comunicación la democracia será mejor? ¿A qué le apuestan los anunciantes en términos de responsabilidad, cuando buscan para ofrecer sus productos a quienes tienen más clics sin preguntarse de dónde vienen esas cifras y qué tipo de periodismo y de país ayudan a construir? ¿Se han dado cuenta los medios de comunicación que para poder existir necesita de buenos periodistas y no simplemente agregadores de contenidos virales? ¿Saben las audiencias que en internet nos manipulan con algoritmos o robots que nos conducen por las redes hacia dónde quieren? ¿No será que en este momento de incertidumbre y de mentiras necesitamos medios y profesionales que ayuden a entender y decantar? ¿Estamos viendo que el universo digital amenaza a los medios tradicionales, pero que puede potenciar a los buenos periodistas, columnistas y comunicadores, si captamos el momento de cambio que vivimos?

No hay duda de que el buen periodismo ha sido, es y será necesario en todas las democracias. Las redes están llenas de contenidos buenos y malos, y seguirán existiendo. A la prensa seria le corresponde hacer buena información, con análisis, contexto, investigación, independencia y libertad, porque si la prensa colapsa, también colapsa la democracia, y con ello toda la sociedad… ¿O no?