Por Jaime Romero E.

     El 7 de febrero del 2002, ¡cómo olvidarlo!, hace 18 años, se inició nuestro éxodo familiar —al igual que miles de colombianos por circunstancias políticas y económicas que sufrió el país y por todos conocidas pero que muchos se hacen los pendejos y olvidan por conveniencias— a los Estados Unidos de América, este maravilloso y amado país donde vivimos.

     Primero mi esposa Yadi, luego yo, posteriormente mi hija Silvy, su novio Rubén y luego, años después, el cielo nos envió de regalo, ya establecidos, a mis nietos Martin e Ivanna.

     Llegamos en ese orden a esta tierra norteamericana. A Miami con todos los requisitos legales por la entrada de su aeropuerto internacional. Mi hijo varón y mayor, Jaime Enrique, ‘Kike’, prefirió por motivos de aspiraciones de educación profesional y modo de vida, a Barcelona, España. Yo comencé de nuevo, a vivir mis segundos cincuenta años. Los primeros fueron del carajo, y estoy muy agradecido con mi patria de nacimiento, Colombia. Allí obtuve el sueño colombiano, si así se le llama tener carro y casa nuevos propios y pagados, pagarles la educación y hacer profesionales a mis dos hijos en la mejor universidad privada y tener para disfrutar sanamente la vida. ¿Quién dijo que no?

     En los 18 años de mis segundos cincuenta años con mi familia, hemos logrado ‘El sueño americano y español’. Con nuestro éxodo recibimos burlas, risas pero también bendiciones y estímulos de algunos amigos y familiares. Llegamos a USA y España con nuestras armas: No con una mano adelante y otra detrás, sino con lo poco que obtuve de mal vender lo antes poseído por las circunstancias vividas. Y lo principal, la tremenda fe y esperanza en Dios y en uno mismo. No ha sido fácil, pero ha valido la pena. Ha sido una total liberación: ¡familiar, sicológica, social y económica! Sin cambiar nuestros valores y principios eternos e idiosincrasia latina, tenemos una visión diferente del mundo, familia y amistad. Un astronauta dijo que la tierra se ve mejor y diferente desde el espacio. Tuvo razón, mi mundo terminaba en ‘Bocas de Cenizas, en Barranquilla. ¡Somos diferentes! Cada uno de los miembros de mi mi primaria familia ha aportado sin egoísmos y solidaridad, trabajo, dinero, amor, aliento, inteligencia y materia gris, alegría, entusiasmo. Hoy nos sentimos muy orgullosos y valoramos lo que tenemos y hemos logrado a punta de trabajo duro y valoración recibida como personas. Nada de como me dijo dizque en chiste, pero con escondido veneno, un amigo importante y muy notable en su ciudad (?): «Oye Jimmy dime en confianza, ¿y cuál es el negocio?» Y yo le conteste riéndome: “Fe, sabiduría e integridad. Cada ladrón juzga por su condición y, sobre todo, de cuello blanco”. Claro, ¡como a él le niegan la visa a USA cada vez que la solicita! Por eso es que nos queremos y amamos y somos muy felices en mi familia. Gracias Dios, gracias USA, nuestra patria adoptiva y de la cual somos todos ¡sus orgullosos ciudadanos! Gracias, vida, ¡por darnos tanto!

     Ah y finalmente, ¡y antes de que se me olvide!, acerca de cómo nos ha ido en estos 18 años, ustedes mis amigos saben más que yo, pues en mis más de 10,000 fotografías, 60 crónicas y escritos en El Muelle Caribe y redes sociales está todo. Quien no la debe no la teme y nada hay que esconder. Y publicadas, no por alardear, sino para compartir mis alegrías y bendiciones… O ¿prefieres mis tristezas y fracasos? ¡Porque también los he tenido! ¡Feliz semana!