Tres poemas

Tres poemas de Abel José Rivera García, a cuya inspiración no escapa la política, tampoco la consanguinidad, ni mucho menos el amor renovado al tiempo que fluye un torrente de versos recreando nuestro paisaje natural.

Sí”. Yo voto por el cambio

Cuando llamo mercenarios,
a los políticos corruptos,
no es decir un exabrupto,
más bien suave comentario.
Plaga épica de mi bello país
que cerril te oponéis a la paz
usando siempre un disfraz,
aunque un diablo parezcáis.
Un nuevo estado vendrá,
si abrazados como hermanos,
antes de votar medito.
Como en fuente manará
el amor de colombianos.
¡El camino está expedito!

Con motivo del cumpleaños N° 16 de mi sobrina nieta Sofía del Mar

A Sofía del Mar

Sofía, con la S, rodeada de amiguitos.

Con los ojos de mi madre
y su mirada tranquila,
mi sobrina se perfila
en el seno familiar,
como un capullo deseado
que a todos nos ha alegrado.
Será una dulce mujer,
de todos muy estimada,
y mucho mas recordada;
pues con mi sobrina querida,
Dios a mi madre adorada
me ha querido devolver.
Del cielo bajen bondades
y flores cual un jardín
que mi sobrina del alma
¡Viva una dicha sin fin!

Tú no sabes de mí

¿Qué sabes de mí, muchacha que hoy en día,
muy alegre y dispuesta me acompañas
por el camino otoñal de mi vida umbría,
y con tus besos mi corazón apañas?
Escucha el clamor que al tiempo hago,
para que hable de mí, de mis campañas
de mis tristezas, de mis llantos y alegrías;
pues, él bebió conmigo de esos tragos.
El pasado me ha dicho consternado:
sí miraras atrás, verías aquel sinzonte
que parado en lo más alto del abeto,
en el alba cantó bellos y rimados sonetos
con meliflua voz que tronó en el horizonte.
Verías también al ruiseñor enamorado,
que dedicó a tus ojos un aria encantada,
con el candor de un hombre apasionado,
que te hizo reír y llorar emocionada.
Verías en mí, la cascada de aguas dulces
que en el bosque corre entre las rocas
con un arrullo melódico que evoca
al saxofón que marca la bachata,
al clarín que despierta tus sentidos amorosos,
la tambora que repica en un baile de chandé,
o al dulce sonido del oboe en tus gemidos de placer;
Verías que he sufrido y he gozado por amores,
por aquellos arcanos vaivenes del destino;
a veces, hincado entre ortigas del camino
y otras, en medio de coloridas y fragantes flores.
Yo, cual meteoro irreflexivo, raudo andaba;
sin que jamás, mi marcha loca detuviera,
cambié todo por ti, y te di mi vida entera,
sin saber a qué puerto me arribaba.
¿Quién escogió la vertiente, el valle, la vaguada,  
por donde discurre mi río de vida apresurada?
Por eso le agradezco a Dios, por ti y por mí,
mi bien amada, mi hermosa flor de alelí.