Para la prieta Audris 

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Oyendo al fin mis requiebros, 
castos, puros y amorosos, 
la morena encantadora 
se ha dignado en contestarme 
con un imaginativo mensaje 
inquisidor, escueto y directo 
para saber de mi vida 
y de mis espirituales bienes. 
 
Alegre por tal detalle 
le agradecí su atención; 
lleno de grata emoción 
y sin pensarlo le dije: 
te quiero con devoción, 
jamás lo pongas en duda 
¡te quiero porque te quiero! 
recibe mi gran amor, 
reinita de mi corazón. 
 
De Fonseca es la más bella 
con tanta gracia y alegría 
que brilla como una estrella 
y sin pensarlo dos veces 
con ella me casaría.

Santa Marta, octubre 6 de 2021

Sonríeme ahora 

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Sonríeme ahora que estás a mi lado 
con esa boquita roja hecha de rosas,  
que exhala una sonrisa contagiosa 
y un perfume que nunca he olvidado. 
 
Sonríeme, amor mío, en todas las mañanas 
y en cada momento de mi luminoso verano; 
sonríeme, en las tardes grises de mi otoño; 
en las fragantes mañanas de mi primavera, 
y en las tormentosas noches de mi invierno. 
Sonríeme en cada instante de mi vida; 
hazlo por siempre y sin alguna medida.  
 
Sonríeme para que quizás un día, 
pueda recordarte en cada momento, 
y aflore en mi ese grato sentimiento 
del amor que siempre en mi conservaría, 
aunque, tal vez, juntos ya no estemos.

Poema al desamor

En medio de la calzada, te vi venir de frente 
andando cabizbajo, con paso quedo 
como si la vida te importara un bledo 
ido, muy lejos, buscando un accidente. 
 
Te atravesaste imprudente… frené con fuerza,  
 pregunté: ¿qué te pasa? y me dijiste en actitud serena: 
¿No sabes que llevo en mí un costal de penas? 
¡Qué te importa!  ¡Qué grande es mi aflicción! 
 Si de la mujer amada, a quien amé como a nadie,  
 sufrí el desdén, el descuido y la traición.   
 
He perdido la razón. ¡Ya qué más da! 
Y la angustia me aconseja coger vía, 
por rumbos y caminos que escoge el desvarío 
¿Qué importa a donde voy, de donde vuelvo, 
si en vano escapo a un cruel amorío? 
 
Si, por ella que fue mí consentida, 
siempre tras ella como bestia por la brida; 
dime tu, ingenuo entremetido: 
¿Quién consuela mi alma adolorida  
si para mí, sin ella ya no hay vida? 
¡Todas mis ilusiones se me han ido!  
 
Noches insomnes he velado 
buscando razones a la sinrazón perdida 
turbado asumo y desato pensamientos 
cual si fuera un poseído, 
y en el movedizo suelo de las dudas 
paréceme haber enloquecido! 
 
¿Por qué siempre he de tenerla en mente? 
¡Hasta donde ha de llegar mi adoración! 
Que soy la risa, la burla de la gente,  
¡Qué sabes lo que pesa este baldón!