Sonido Musical Instrument Digital Interface, MIDI: canción ‘Ojos de un canario’

Fernando Mora R. – 3138710837 navarquia@gmail.com

Por Silvia García

     ‘Ponchi’ era un canario común, de plumas amarillas y pequeño pico reluciente. Tenía un año y vivía en un criadero de aves domésticas. Le acompañaban muchos otros de su especie, pero también periquitos, cacatúas, agapornis, loros y ninfas.

     Todos y cada uno de sus compañeros tenían brillantes plumajes. La verdad es que, unos mejor que los otros, pero todos sabían cantar. Eso sí, los loros y las cacatúas preferían parlotear con los clientes del criadero y los cuidadores. Pero de vez en cuando canturreaban. ‘Ponchi’, en cambio, no podía. Se daba por sentado que todos los canarios sabían cantar. De hecho, la mayoría de las personas elegían un canario antes que otr ave precisamente por eso, por las alegres melodías que emitían desde sus gargantas y ajaulados.

     Pero como decimos, ‘Ponchi’ era incapaz de pronunciar una sola nota. Eso le ponía inmensamente triste porque además algunos pájaros crueles se burlaban de él. Decían que si no podía cantar no servía para nada y que nadie se lo llevaría a casa. ‘Ponchi’ escuchaba esas duras palabras y se sumía en una profunda tristeza. Pensaba que todos sus compañeros se irían yendo y él se quedaría solo y desamparado en el criadero

     Un día, el responsable del recinto llamó al veterinario inquieto por aquel canario mudo. Tras examinarlo, el especialista llegó a la conclusión de que aquel pajarillo no podría cantar nunca por un problema de nacimiento. No obstante, descubrió que sus patitas eran más largas de lo normal y que, gracias a ellas, podría hacer volteretas y piruetas.

     Tras la visita del veterinario, el dueño del criadero situó a ‘Ponchi’ en una jaula privilegiada anunciándolo como el canario acróbata. Le enseñó a hacer acrobacias. Y gracias a eso, pronto una familia se lo llevó a su casa. Tuvo mucha suerte porque le tocó vivir en una jaula gigante que incluso tenía pequeños árboles dentro. ‘Ponchi’ descubrió que, aunque no pudiese cantar, tenía otro tipo de habilidades. Que no todos los canarios tenían que ser iguales y que la diversidad era una de las cosas más maravillosas de la vida.

Tomado de http://www.cuentoscortos.com/

     Una noche de 1979 Rodolfo Aicardi llegó feliz a los estudios de grabación de Discos Fuentes y le dijo a Pedro Muriel: “Tengo el éxito para este año. Lo escuché en Ecuador y vamos a grabarlo”.

     En un casete estaba la interpretación de una orquesta peruana, ‘Los hijos del sol’.

     Escucharon las dos estrofas que tiene la canción: “Lloro por quererte / Por amarte y por desearte/ Lloro por quererte/ Por amarte y por desearte /Ay cariño ay mi vida. Nunca pero nunca/ Me abandones cariñito/ Nunca pero nunca/ Me abandones cariñito”.

     Eso era todo. Nada más decía la letra, pero tenía sentimiento.

     De inmediato Pedro Muriel —el grabador de más de 300 grandes éxitos de Discos Fuentes— llamó al equipo de ‘Los hispanos’. El maestro Luis Carlos Montoya, experimentado arreglista para los temas tropicales se encargó de los arreglos. Ya había dado resultado con ‘Boquita de caramelo’ que había servido de resurgimiento para Rodolfo y ahora tendrían otro gran éxito. Lo presagiaban.

     Luis Carlos Montoya es un músico hábil. Toca violín, guitarra, acordeón, bajo y las notas musicales ruedan en su mente con agilidad.

     Lucho Cruz ‘Condorito’, Jaime Uribe, ‘El mono’ Ospina, Jairo y Guillermo Jiménez conformaron la nómina que grabó ‘Cariñito’. “Rodolfo no podía grabar si Jairo no ponía el bajo”, cuenta ahora Pedro Muriel.

Rodolfo Aicardi la escuchó en Ecuador y enseguida supo que, en su voz, sería un éxito. Y en efecto, ‘Cariñito’ lo fue. Y sigue siéndolo.

     Lo que presentían se volvió realidad. Ese diciembre el éxito nacional fue ‘Cariñito’ y lo más sensacional, al año siguiente repitió el triunfo y para no creerlo, en 1981, también lo fue.

     En tabernas, bares, discotecas, buses, taxis se cantaba “Lloro por quererte, por amarte y por desearte”.

     “Desde hace más de veinte años, ‘Cariñito’ es uno de los temas más interpretados en las festividades de fin de año en Colombia, según los reportes que nos hacen”, comentaron en la Sociedad de Autores y compositores, Sayco.

     En la década de los ochenta el tema dio para ser editado en decenas de compilados de Discos Fuentes. En los famosos 14 cañonazos salió en varias ediciones y era un tema obligado en los conciertos de Rodolfo Aicardi. “Tenía que cantarlo hasta 3 veces”, dice ahora Pedro Muriel.

     Mientras tanto en el Perú, al maestro Ángel Aníbal Rosado García le decían que su canción ‘Cariñito’ era muy popular no sólo en Colombia sino en Venezuela, Centro América, Ecuador, Chile, Argentina, México, Estados Unidos y España, tierras donde nunca iría ni conocería.

     Al hijo de los profesores Moisés Rosado y María García le interesó la música desde muy joven. A los 15 años él mismo fabricó con sus manos su primera guitarra con la cual buscó sus emolumentos en las presentaciones en sitios donde la música criolla peruana le solicitaban sus canciones.

     ‘Chinita’, ‘Odio’ y ‘Amenazas’ fueron sus primeras composiciones con las cuales se dio a conocer.

     Múltiples cantantes le grabaron en ritmos como cumbia, chicha, salsa y valses temas como ‘Mis celos’, ‘Mis ensueños’, ‘No me culpes’, ‘Adiós a mi guitarra’, ‘Falsa indiferencia’.

El maestro Elías Rosado, nació pobre y murió pobre, opero ha hecha bailar a millones. De humanos.

     Se había convertido en el rey de la música criolla o chicha como la llaman allá.

     Las famosas Lucila Campos y la inalcanzable Eva Ayllón también le interpretaron temas como la popular ‘Ruperta’.

     A don Ángel Aníbal Rosado le llegaban su casa las historias de sus éxitos. En el 2002 le hablaron de ella y pudo ver la película colombiana “Te busco’, dirigida por Ricardo Coral y que narraba cómo un músico organiza una orquesta con el fin de conquistar a una cantante.

     Una tarde, mientras veía ‘Un día de furia’ con Michael Douglas estaba impresionado con la forma como este exempleado emprende una caminata en la cual se le presentan todo tipo de adversidades, una pelea en una tienda, un tiroteo y de un momento a otro, escucha en la película su canción ‘Estúpido de mi’.

     A pesar de los grandes éxitos, Ángel Aníbal Rosado vivía modestamente en Perú. Recibía regalías por sus letras, pero los costos de su enfermedad eran altos. Sus últimas apariciones en televisión las hizo en silla de ruedas. Tenía una pensión como maestro de música. Un cáncer de próstata lo llevó a la muerte y sus gastos fúnebres fueron sufragados por sus colegas compositores. Sólo en su lecho cantaba una y otra vez sus canciones.

     No conoció la dimensión de sus composiciones.

     El día de su despedida, miles de amigos, compañeros y peruanos criollos se unían al sentimiento de los comentarios de periodistas y gente del común. Se iba Ángel Aníbal Rosado, un compositor que nació y murió pobre, pero que hizo bailar a millones de personas.

     El coro de quienes lo acompañaron desde la iglesia hasta el cementerio decía: “Lloro por quererte / por amarte y por desearte/ Lloro por quererte/ or amarte y por desearte /Ay cariño, ay mi vida. Nunca pero nunca/ me abandones cariñito/ Nunca pero nunca/ me abandones cariñito”.